Es imposible no fijarse en el joven rubio de 2,13 metros que intenta salir del pequeño utilitario blanco que acaba de aparcar frente a las oficinas de ConectaBalear, el patrocinador principal del Club Volei Manacor. Más que nada porque, cuando ha avisado que llegaba en cinco minutos, todo el mundo se había hecho la idea de otra cosa… más lujosa y ‘flasheante’ quizá. Es imposible no fijarse en el joven rubio de 2,13 metros que intenta salir del pequeño utilitario blanco que acaba de aparcar frente a las oficinas de ConectaBalear, el patrocinador principal del Club Volei Manacor. Más que nada porque, cuando ha avisado que llegaba en cinco minutos, todo el mundo se había hecho la idea de otra cosa… más lujosa y ‘flasheante’ quizá.
Es imposible no fijarse en el joven rubio de 2,13 metros que intenta salir del pequeño utilitario blanco que acaba de aparcar frente a las oficinas de ConectaBalear, el patrocinador principal del Club Volei Manacor. Más que nada porque, cuando ha avisado que llegaba en cinco minutos, todo el mundo se había hecho la idea de otra cosa… más lujosa y ‘flasheante’ quizá.
Aunque atendiendo a la historia de cómo un club de la Superliga española (con presupuesto y fichas muy inferiores a las que se pagan en Italia, Francia o Polonia) ha podido hacerse con uno de los mejores jugadores del mundo, es posible que todo esto deba contarse apartando los clichés de la ecuación.
Los números de Tobias Krick (Bingen am Rhein, Alemania, 1998) eclipsan la normalidad con la que saluda al entrar por la puerta: 52 de pie, 3XL de camiseta, con un salto vertical hasta los 3,70 metros y más de 6 millones de seguidores en redes sociales (en TikTok sus fans más allá del deporte también son legión). Cifras que rellenan la ficha del central titular de la selección alemana, que este mes de septiembre disputará la Eurocopa de Naciones, a la que España, por otra parte, no ha logrado clasificarse.
Olímpico en París 2024, su papel internacional no ha hecho más que crecer desde que su potencial en el United Volleys Frankfurt de la Bundesliga llamara en 2021 la atención de los principales ojeadores italianos, siempre ávidos de cubrir una de las posiciones más solicitadas del voleibol contemporáneo. En el país transalpino jugó y brilló primero en el Top Volley Cisterna, trampolín para continuar explotando en el mítico Modena.
Pero Tobi, tras dos temporadas en el norte alpino y un imparable boom en redes sociales, decidió probar suerte de nuevo en casa y aceptar la oferta de la capital. En la temporada 2023-2024 vistió el naranja y negro del Berlin Recycling Volleys. Una etapa marcada por distintas desavenencias con el club y el afán de seguir disfrutando del juego tras la Olimpiada. Un cambio de paradigma vital más allá del deporte que hizo que Krick empezara las vacaciones de 2025 sin equipo a la vista.
Trasladó su residencia habitual a Mallorca, se mantuvo en forma y dejó que su representante rastreara el mercado hasta encontrar la motivación necesaria para volver a las pistas. La respuesta la encontró en Grecia, en el Kalamata, donde se bajó el sueldo a cambio de poder quedarse toda la temporada en un hotel con vistas al mar… aunque el primer contacto con el ConectaBalear ya estaba hecho. Krick, sabedor de que no podía pasarse una temporada ni física ni tácticamente en blanco, llamó al club manacorí para saber si podía entrenar con el primer equipo.
Una petición que, sin embargo, fue rechazada por el temor de que una estrella que no iba a poder jugar pudiera tapar el camino evolutivo de alguna joven promesa del club, aunque fuera solamente por minutos de atención en los entrenamientos. «Además, no podemos pagar una ficha como esa ni aunque vendiéramos todo el club», razonaron sus responsables, entre la ilusión y la inconveniencia.
Pero, sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma… ¿Cómo puede ser que esta rara avis de bloqueos hormigonados y remates extratosféricos haya podido llegar ahora al actual campeón de la Copa del Rey española, un equipo en crecimiento sí, pero con una estructura y unos números tan familiares?
La primera conexión mental sería la más sencilla: hace años que la familia Krick tiene una casa en s’Aranjassa, y a la que están ligados muchos recuerdos infantiles de Tobias. Asimismo, es sabido de la importancia que la colonia alemana en Mallorca ha ido ganando durante las últimas décadas en la isla. Pero quizá ese razonamiento sea, como decimos, demasiado fácil para un jugador que no puede arriesgarse a salir del foco mediático y deportivo, si es que quiere seguir siendo importante en ambas facetas.
«Aunque si fuera por dinero tampoco estaría aquí…», dejan caer de soslayo en la directiva del club de Manacor (50.000 habitantes y un pabellón para 800 espectadores).
Saben de qué hablan: tras dos ascensos consecutivos de Primera Nacional a Superliga 1, el cuento de hadas para el equipo rojo comenzó en 2018, cuando esta cenicienta fundada en 1989 entró en la élite del voleibol nacional de la mano de Jaume Febrer, su entrenador de entonces y ahora ingeniero del fichaje más mediático del volei español esta temporada.
Un acuerdo que lleva más de un año cociéndose a fuego lento, con tiras y aflojas como todos, pero con la convicción de que iba a tener un final feliz. Evidentemente, Krick ha tenido que rebajar sus pretensiones económicas para jugar en el Miquel Ángel Nadal (el CV Manacor, con menos de medio millón de euros de presupuesto anual, no figura ni siquiera entre los más ricos de la Superliga española), pero a cambio ha ganado en tranquilidad y en la emoción que ofrece un proyecto, desguazado y renovado de nuevo, que ahora también cuenta con otro alemán, el colocador Stefan Thiel, el complemento perfecto para la adaptación y el sosiego de la bestia. Emociones fuertes nos esperan.
Diario de Mallorca – Deportes
