Édouard Philippe o los lobos

Francia encara la larga recta final hacia las elecciones presidenciales más importantes en décadas, las que se celebrarán en la primavera de 2027, sumida en un cierto tedio político, un escenario perfecto para las sacudidas ultra. El país está bloqueado; el Parlamento, fragmentado. No hay reformas, apenas se oye a la oposición. Las luces de la fiesta se apagan y la música ha dejado de sonar. A menos de un año de los comicios, hay muchas dudas sobre las candidaturas, una sola certeza y ningún entusiasmo particular por la decena de aspirantes que se han postulado hasta ahora.

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 El ex primer ministro de Francia, ya en modo candidato presidencial a un año de las elecciones, asienta su campaña en la idea de que solo él podría frenar a la ultraderecha en segunda vuelta  

Francia encara la larga recta final hacia las elecciones presidenciales más importantes en décadas, las que se celebrarán en la primavera de 2027, sumida en un cierto tedio político, un escenario perfecto para las sacudidas ultra. El país está bloqueado; el Parlamento, fragmentado. No hay reformas, apenas se oye a la oposición. Las luces de la fiesta se apagan y la música ha dejado de sonar. A menos de un año de los comicios, hay muchas dudas sobre las candidaturas, una sola certeza y ningún entusiasmo particular por la decena de aspirantes que se han postulado hasta ahora.

Un paisaje idóndeo para el rock and roll disruptivo que propone la ultraderecha de Marine Le Pen o para la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon, que intentará aprovechar la división en el centro y en la izquierda para pasar a una segunda vuelta de los comicios.

El ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN), según todas las encuestas, será el vencedor de la primera vuelta y el rival a batir en la segunda. Su candidato será Jordan Bardella si, como es probable, Marine Le Pen termina inhabilitada el próximo 7 de julio, cuando se conozca el recurso de su condena. Esa es la certeza. Y el ex primer ministro Édouard Philippe, estandarte de un centroderecha europeísta y moderado —el del partido Horizons, fundado por él en 2021—, sería el único capaz de batir al RN en segunda vuelta, según los sondeos. Antes, sin embargo, deberá superar la fragmentación del viejo bloque central que construyó Emmanuele Macron.

“Ser el favorito es bueno. Pero no garantiza nada, por supuesto”, señala Gilles Boyer, histórico escudero de Philippe —también hijo político de Alain Juppé— y uno de los tres responsables de su campaña.

Philippe presentó a mediados de mayo la dirección de su campaña. Una terna compuesta por el secretario general de Horizons, Christophe Béchu; su compañero Gilles Boyer, director general del partido; y otra antigua discípula de Juppé que pasó por Renaissance (el partido de Macron que hoy preside Gabriel Attal): Marie Guévenoux. Los dos primeros atienden a EL PAÍS para explicar su estrategia.

Philippe, presidente de Horizons y actual alcalde de Le Havre, ha mantenido números esperanzadores en los sondeos. Le Figaro situaba hace unos días sus apoyos en la primera vuelta en torno al 14%. También tiene un buen historial y cierta popularidad tras tres años como primer ministro (2017-2020). Pero llego muy pronto a la línea de salida de las candidaturas y no termina de despegar. Algo parecido a lo que le ocurrió a su mentor, Alain Juppé, en 2016. La guerra en el centroderecha, además, puede perjudicarle.

“Todavía no está consolidado. No es un líder natural. Está muy abierto. Pero muchos electores no quieren a Bardella y Mélenchon en la segunda vuelta. Y eso le puede favorecer como una suerte de voto útil”, opina Jean-Yves Dormagen, presidente y fundador de la empresa de sondeos Cluster17 y catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Montpellier.

Dormagen recuerda que “el electorado de Philippe se parece al de centroderecha que tenía Macron”. “Pero su alcance ideológico es más reducido. No llega a los electores socialdemócratas, como sí hacía el hoy presidente de la República. En ese espacio es muy débil. Además, ha perdido electores inclinados a la derecha más dura, que prefieren a Bruno Retailleau (líder de LR y ex ministro del Interior) o al propio Jordan Bardella (RN). Philippe conserva el grueso del macronismo. Pero solo un de cada dos electores que votó por el actual presidente lo haría por él. No es capaz de reconstruir el bloque central, que se nutría también de una parte de la izquierda”, apunta. Hoy, sin embargo, es el mejor situado, en dura disputa con Mélenchon, para pasar a la segunda vuelta y medirse allí con los ultras del RN.

Philippe, de 55 años, tiene previsto empezar a mostrar sus cartas el 5 de julio en un gran acto en París. El caos a la izquierda y la multiplicidad de candidatos hacía pensar que su carrera no sería complicada. Pero la semana pasada la fiscalía contra los delitos económicos abrió una investigación por posible malversación de fondos en el Ayuntamiento de Le Havre, del que es alcalde.

“Nunca es una buena noticia. Pero está muy sereno con las explicaciones que puede dar. Sí, claro que puede perjudicar la campaña. Llega en un momento políticamente sensible, pero él está seguro de no haber infringido la ley francesa”, señala Boyer.

En la candidatura de Philippe saben que la carrera será muy larga, aunque confían que el panorama actual, en el que han aflorado una decena de candidatos, se irá despejando a finales de año. Los sondeos, ante la imposibilidad de celebrar unas primarias, determinarán esas retiradas paulatinas. “El peligro es que haya una segunda vuelta entre los dos extremos: el RN y el LFI. De modo que será necesaria una responsabilidad de candidatos que no pueden ganar pero sí impedir a otros más fuertes pasar al segundo turno”, señala Boyer.

El macronismo ha estallado en los últimos años. Y de esa deflagración han salido despedidos algunos de sus hijos y colaboradores cercanos convertidos en candidatos. Phlippe fue tres años primer ministro y encabezó las grandes reformas que el jefe del Estado, hoy con la popularidad por los suelos, se proponía llevar a cabo. Macron es hoy un estigma para muchos de los que le rodearon.

Christophe Béchu, alcalde de Angers y uno de los tres codirectores de campaña de Philippe, señala que “hubo cosas que quizá se harían de otra forma hoy”. “Pero fue el primer primer ministro y compartió los mejores años [de Macron]. Bajó las cifras del paro, el déficit, la deuda. Hubo reformas importantes… No era macronista cuando fue elegido, encarnaba una derecha moderada. Y de eso hace seis años. Attal, por ejemplo, fue primer ministro y ministro. Y Retailleau también tuvo una cartera con Macron. No es un argumento”.

Philippe busca erigirse como el depositario del voto útil desde la primera vuelta para los electores que rechazan la perspectiva de un duelo entre extremos (la ultraderecha del RN contra la izquierda radical de LFI). Pero su entorno cree que no logrará atraer al voto socialdemócrata. “En la primera vuelta, no: los electores de izquierda votarán por la izquierda. La cuestión es que el mejor situado para batir a la extrema derecha es alguien que venga del centroderecha. Porque, probablemente, en segunda vuelta recibiría el voto de los votantes de centroizquierda. En cambio, si es un candidato de izquierda el que gana en primera ronda, mucha gente de la derecha más clásica es posible que vote al RN en la segunda vuelta”.

Philippe confía en que el escenario de un duelo entre él y el RN en la segunda vuelta se imponga rápidamente en la opinión pública, aunque ha optado por un perfil bajo. “Hoy, el favorito no soy yo, es el RN”, repitió durante toda su campaña municipal en Le Havre a quienes le preguntaban por sus ambiciones. Béchu, secretario general de Horizons, recuerda que “estas serán las primeras elecciones presidenciales en las que la cuestión ya no será quién derrotará al RN en la segunda vuelta sino si hay alguien que pueda hacerlo”.

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