La directora de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, ha presentado su dimisión este viernes. La política, que antes de ocupar este cargo había sido congresista demócrata, ha argumentado que dejará el puesto el 30 de junio por los problemas de salud de su marido, enfermo de cáncer. Dentro de la Casa Blanca, sin embargo, se insiste en que su marcha ha sido orden del presidente Donald Trump. Gabbard concluye 15 meses tumultuosos al frente de los servicios de inteligencia estadounidenses, durante los que se especuló en varias ocasiones sobre una salida, bien en forma de dimisión o de cese.
La excongresista, que nunca formó parte del círculo de confianza de Trump, explica que renuncia por los problemas de salud de su marido, aunque se especuló varias veces sobre su marcha
La directora de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, ha presentado su dimisión este viernes. La política, que antes de ocupar este cargo había sido congresista demócrata, ha argumentado que dejará el puesto el 30 de junio por los problemas de salud de su marido, enfermo de cáncer. Dentro de la Casa Blanca, sin embargo, se insiste en que su marcha ha sido orden del presidente Donald Trump. Gabbard concluye 15 meses tumultuosos al frente de los servicios de inteligencia estadounidenses, durante los que se especuló en varias ocasiones sobre una salida, bien en forma de dimisión o de cese.
Gabbard, contraria a la participación de Estados Unidos en guerras en el extranjero, nunca llegó a formar parte del pequeño círculo de personas de absoluta confianza del presidente. En las reuniones del equipo de seguridad nacional para tratar sobre la guerra en Irán, o la operación militar en Venezuela que capturó a Nicolás Maduro en enero, ha sido más frecuente ver al director de la CIA, John Ratcliffe, hombre —este sí— de confianza de Trump. Ratcliffe fue, la semana pasada, la persona que viajó a La Habana para reunirse con autoridades del régimen castrista y transmitir el mensaje personal de Donald Trump de que Estados Unidos está dispuesto a ayudar a la isla en su gravísima crisis humanitaria, pero solo si se producen cambios radicales, políticos y económicos en el sistema.
La marcha de la directora nacional de Inteligencia se da a conocer cuando Trump se plantea ordenar nuevos bombardeos contra Irán si no se llega a un acuerdo para que Teherán renuncie a su programa nuclear o para forzar un nuevo impulso a las estancadas conversaciones de paz.
La antigua congresista por Hawái y teniente coronel en la reserva del ejército estadounidense —es veterana de la guerra en Irak— había chocado con anterioridad con la narrativa de la Casa Blanca en torno a la República Islámica. El año pasado declaró en el Congreso que Teherán no representaba una amenaza inminente ni desarrollaba actividades para tratar de hacerse con una bomba nuclear, antes de que Trump diera vía libre a la operación conjunta con Israel que atacó instalaciones nucleares iraníes. Entonces, el presidente estadounidense alegó que el programa nuclear iraní suponía un peligro, argumento que ha vuelto a utilizar para la guerra comenzada el 28 de febrero. “Se equivoca”, contestó rotundo cuando se le preguntó por lo que Gabbard había declarado en el Congreso sobre Irán.
En un mensaje en su red social, Truth, Trump ha confirmado la renuncia y ha anunciado que el número dos de los servicios secretos, Aaron Lukas, se hará cargo de manera temporal de la dirección de Inteligencia. “Tras haber hecho un gran trabajo, Tulsi Gabbard abandonará esta Administración el 30 de junio”, constata el mandatario. “Su marido acaba de ser diagnosticado con una variante poco común de cáncer de hueso y ella, con razón, quiere estar con él”, escribe.
El mandatario nunca ha escondido sus desacuerdos con ella; tras aquel humillante “se equivoca” del año pasado, este marzo declaró que Gabbard tiene posiciones “más blandas” que las suyas sobre la necesidad de evitar que Irán pueda acceder a un arma nuclear. A los choques entre ambos se sumó también ese mes la dimisión del jefe de la lucha antiterrorista, Joseph Kent, por su desacuerdo con la guerra. Kent estaba bajo el mando directo de la directora dimitida.
Gabbard se presentó a las primarias demócratas en la campaña electoral de 2020 con un programa basado en su oposición a la guerra. Durante el primer mandato de Trump, acusó al presidente de dejarse guiar demasiado por asesores neoconservadores de tendencias belicistas, pero en la campaña electoral de 2024 anunció que daba su respaldo al republicano. Tras la victoria, el mandatario la recompensó con el nombramiento como directora nacional de Inteligencia.
La antigua congresista nunca ha formado parte del equipo de seguridad nacional que ha abordado la situación en Irán y tomado decisiones sobre la guerra. La intervención en Venezuela se preparó sin su conocimiento y la sorprendió de vacaciones en Hawái; los helicópteros estadounidenses sobrevolaban Caracas mientras ella subía fotos turísticas a las redes sociales.
En su carta de dimisión, presentada durante una reunión en el Despacho Oval y que ella misma ha hecho pública en redes sociales, Gabbard se declara “profundamente agradecida por la confianza” depositada en ella y “por la oportunidad de encabezar la oficina de Dirección de la Inteligencia Nacional durante el último año”. Como directora nacional de Inteligencia, Gabbard, que recibió la confirmación del Congreso para su cargo en febrero del año pasado, ha coordinado la gestión de 18 agencias de espionaje diferentes.
En los últimos meses, pareció tratar de probar, a petición de Trump, las teorías sin fundamento sobre un fraude electoral en 2020. Estuvo presente en una operación de la Oficina Central de Investigaciones (FBI, la Policía federal estadounidense) en el condado de Fulton, en Georgia, para incautarse de máquinas de votación a comienzos de este año. La investigación no arrojó indicios de falsificación de votos.
Durante su etapa al cargo de la inteligencia estadounidense, Gabbard aplicó ―como otros altos cargos del Gobierno en sus respectivos departamentos― amplios recortes de personal. También centró las tareas de las agencias en la seguridad fronteriza y la lucha antiterrorista, y puso el énfasis en la eliminación de filtraciones al exterior.
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