Del velo al menú halal, así ha irrumpido el islam en la batalla política

Manifestantes contra el acto que Alvise Pérez iba a hacer en el centro de Ceuta el pasado 1 de agosto.

Algunos políticos que promueven la “prioridad nacional” dicen que España está perdiendo su identidad. Critican la construcción de mezquitas, piden prohibir el uso del niqab y el burka o, como ocurre ahora con la crisis en Ceuta, aprovechan el debate fronterizo para hablar de una supuesta “islamización de España”. Lo último ha sido pretender vetar los menús halal (aquel que cumple estrictamente con las normas de alimentación de la religión islámica) en los comedores escolares. “Adiós al menú halal en nuestra casa. El menú lo decidimos nosotros, no los invitados”, dijo el portavoz de Vox en Les Corts de Valencia, José María Llanos. No es una retórica nueva. Cada vez más, los partidos incorporan el discurso antimusulmán en su agenda. Desde hace años, distintos partidos de extrema derecha en Europa han convertido al islam en un símbolo de amenaza para la identidad nacional. “Queremos parar el proceso de islamización creciente que estamos sufriendo de manera descontrolada por la invasión masiva”, afirmó hace unas semanas Javier Cortés, portavoz de Vox en Andalucía, al expresar su oposición al proyecto de una mezquita en Sevilla.

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Manifestantes contra el acto que Alvise Pérez iba a hacer en el centro de Ceuta el pasado 1 de agosto. Detrás de conceptos como “prioridad nacional” o polémicas como la de los comedores hay una estrategia política que se repite en España y en buena parte de Europa  

Algunos políticos que promueven la “prioridad nacional” dicen que España está perdiendo su identidad. Critican la construcción de mezquitas, piden prohibir el uso del niqab y el burka o, como ocurre ahora con la crisis en Ceuta, aprovechan el debate fronterizo para hablar de una supuesta “islamización de España”. Lo último ha sido pretender vetar los menús halal (aquel que cumple estrictamente con las normas de alimentación de la religión islámica) en los comedores escolares. “Adiós al menú halal en nuestra casa. El menú lo decidimos nosotros, no los invitados”, dijo el portavoz de Vox en Les Corts de Valencia, José María Llanos. No es una retórica nueva. Cada vez más, los partidos incorporan el discurso antimusulmán en su agenda. Desde hace años, distintos partidos de extrema derecha en Europa han convertido al islam en un símbolo de amenaza para la identidad nacional. “Queremos parar el proceso de islamización creciente que estamos sufriendo de manera descontrolada por la invasión masiva”, afirmó hace unas semanas Javier Cortés, portavoz de Vox en Andalucía, al expresar su oposición al proyecto de una mezquita en Sevilla.

¿Por qué el islam? El doctor en Sociología y especialista en esta religión Zakariae Cheddadi define este fenómeno como parte de la globalización política, en la que “hay un replanteamiento de la religión dentro de la esfera de lo público a nivel internacional” por una clara disputa de los valores. La religión, apunta, forma parte de la oferta que pretende incorporar la derecha radical y de “una agenda global cuya promesa fundamental es la supremacía cultural de Occidente”.

Cheddadi, investigador de la Universidad del País Vasco, se refiere en ese sentido a la influencia en los discursos del presidente estadounidense Donald Trump, que alude constantemente “al cristianismo, a lo tradicional”, y a los que se han sumado la corte de tecnooligarcas que orbitan a su alrededor. Un ejemplo de ello es el apoyo a Alternativa por Alemania, “un partido de carácter islamófobo”, de Elon Musk, dueño de Tesla, SpaceX y la red social X y quien ejerció un cargo en el Gobierno de Trump.

Para el sociólogo, este es el tipo de politización que utiliza Vox en España. “Es un partido que instrumentaliza la convivencia a fin de ascender electoralmente. Convierte el islam en un chivo expiatorio, como si fuera el mal que acontece en España”. El académico afirma que a los de Abascal no les interesa construir un islam que dialogue, sino que utilizan a los musulmanes “para sus propios réditos electorales” porque saben que funciona replicar incidentes como los de Torre Pacheco, el pueblo murciano donde se produjo una persecución de grupos ultras a jóvenes inmigrantes magrebíes tras la agresión a un anciano. Según los datos de 2024 de la Asociación Marroquí para la Integración de Inmigrantes, casi la mitad de la población árabe en España (47,5 %) se ha sentido discriminada en la vivienda, la sanidad, la educación, el empleo o la tecnología.

Pero su idea no es nueva. Los partidos de extrema derecha en Europa describen un comportamiento similar. En Francia, el partido Agrupación Nacional, de Marine Le Pen, ha hecho campañas contra el islam y ha propuesto restringir sus símbolos religiosos; también Alternativa por Alemania ha adoptado una retórica contra la inmigración musulmana, al igual que La Liga italiana, el partido de extrema derecha que esgrime defender una visión cultural homogénea del país y que ha vinculado esta religión con inseguridad.

Para Cheddadi, Vox no es el único responsable y la falta de integración de la comunidad musulmana sigue siendo una tarea pendiente en nuestro país. “En cualquier cuestión que tenga que ver con la radicalización, la izquierda prefiere mirar para otro lado”, comenta. Y aunque reconoce que es un problema de largo plazo, que no se soluciona con una sola administración, cuestiona que el Gobierno central, muchas veces, “utilice a los migrantes como forma de establecer distinciones con la derecha radical”, algo que, a su juicio, contribuye a que la inmigración se convierta en un elemento de polarización. “La islamofobia no solamente es por acción, sino también por omisión”, expone.

La profesora del Área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense Laura Mijares advierte, por su parte, que “hay una estrategia intencionada” que busca “generar un problema social inexistente” para ganar votos a través de un discurso “islamófobo” y “racista”. En ese sentido, menciona que el Congreso ha aprobado este año crear una subcomisión para estudiar el uso del burka en España, pese a que no hay evidencia de que esta prenda se utilice de forma extendida en el país. La también directora del grupo de Análisis sobre Culturas Árabo-Islámicas en Contextos Transnacionales advierte de que Vox, un partido que niega la violencia de género y cuestiona los derechos reproductivos, utiliza la “retórica de salvación para posicionarse porque es una apuesta electoralmente muy rentable”.

En este punto, la arabista Mijares afirma que Vox ha posicionado el debate y otras fuerzas políticas se están sumando, incluidas las izquierdas y ciertas organizaciones feministas “liberales o mainstream”, en donde las mujeres, advierte, son construidas como víctimas o como amenazas. La experta insiste en la necesidad de incluir a la población musulmana en el debate y que no sean “siempre hombres decidiendo sobre lo que debe o no llevar puesto una mujer”, algo que desde su perspectiva solo sirve para excluirlas y criminalizarlas.

Contexto geopolítico

El investigador del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB) Moussa Bourekba insiste en la necesidad de conocer el contexto: la Revolución Islámica de Irán en 1979. Explica que, aunque esta es una primera manifestación de la relación entre sucesos geopolíticos en países musulmanes y las primeras pinceladas de la islamofobia, en la actualidad hay tres elementos clave: la creciente visibilidad del islam en Europa a través de las poblaciones inmigrantes; sus demandas de igualdad en derechos y, sobre todo, el terrorismo yihadista.

Para este experto, tragedias como el 11S en EE UU, el 11M en Madrid o el atentado de la sala Bataclán de París refuerzan estereotipos que se construyen a través del terrorismo y la demonización de los musulmanes. “El islam tiene esta peculiaridad de que representa un enemigo exterior y, al mismo tiempo, un enemigo interior”, asegura.

El profesor cuestiona que la religión se convierta en factor explicativo de la conducta. “Es como si una persona hiciera cosas malas por musulmán y no por otros factores por ser humano, como pasa en todos los casos”, advierte. Bourekba coincide en que este discurso es muy rentable porque conecta la identidad con la seguridad y hace que sea más fácil restringir libertades en nombre de más seguridad. La crítica al islam como religión es legítima y más que recomendada en un contexto democrático, según el investigador, pero cuestiona que esa crítica nazca de “discursos simplistas y reduccionistas” que se convierten en una forma de validar la discriminación hacia los musulmanes: “Así como la homofobia no es una opinión, la islamofobia tampoco debería serlo. Es una actitud que puede constituir un delito de odio”, defiende.

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