De startups a empresas referentes

Hace apenas quince años, hablar de un ecosistema de startups en España era casi forzar el término. Afortunadamente, ese escenario ha cambiado radicalmente. Con una ley específica, miles de empresas emergentes certificadas y varios unicornios, el país se ha consolidado como un polo de innovación gracias también a los pioneros, que se lanzaron a la aventura cuando los retos de todo emprendedor (financiación, regulación, cambio cultural…) eran aún más arduos que ahora. Algunas de aquellas aventuras perviven y se han convertido tanto en referentes como en empresas que marcan la línea a seguir.

Sacha Michaud, cofundador de Glovo; Pedro Clavería, cofundador de Playtomic; Andrés Spitzer, CEO de Civitatis; y Enrique García, CEO de TaxDown, han compartido ideas, moderados por el periodista Ignacio Rodríguez Burgos, sobre el trayecto recorrido, la situación actual y las perspectivas de futuro.

Rodríguez Burgos recordaba que pasar de startup a scale-up y, finalmente, a unicornio (empresa valorada en más de mil millones de dólares), sigue siendo una carrera de fondo, porque es un paso «no solo cuantitativo, también cualitativo. Implica profesionalizar procesos, reforzar el gobierno corporativo, abrirse a nuevos mercados, adaptar la cultura interna, adaptarse también a equipos más grandes y con frecuencia convivir con un mayor escrutinio regulatorio».

Pero todo empieza en el momento en el que una persona tiene una idea y se plantea convertirla en negocio. ¿Cómo es posible hacerlo en un país donde mucha gente quiere ser funcionario?, se cuestionaba el moderador.

Pedro Clavería, cofundador de Playtomic, aseguraba, con humor, que sigue habiendo una brecha generacional. «Mi madre me sigue recomendando que haga una oposición. Y siempre lo digo porque ella viene de la cultura de cero riesgo». Pese a esta mentalidad, Clavería aseguraba que para él fue importante la influencia de modelos de éxito. «En mi caso personal, siempre ha estado increíble tener referentes como Sacha Michaud. O como en aquella época con Tuenti o Idealista, que vienen muy influenciados por la cultura americana».

Sacha Michaud, por su parte, coincide en que la aversión al riesgo forma parte de la cultura de nuestro país, lo que puede llevar, a veces, a que «se suele criticar al empresario», especialmente cuando está creando una empresa de éxito. Sin embargo, este mismo emprendedor considera que esto hace que los emprendedores españoles sean vistos, en realidad, con un plus profesional, puesto que «si hemos podido crear un negocio, me siento capaz de crearlo en cualquier otro sitio del mundo».

En este punto, Andrés Spitzer, de Civitatis, hablaba sobre la percepción del fracaso. Con experiencia en la creación de varias empresas desde 2001, comparó la mentalidad española con la estadounidense, asegurando que «envidiamos a los americanos, porque allí el que fracasa tiene galones, mientras que aquí es como una lacra de ‘mira el fracasado este que le ha ido mal en la vida’. Creo que está muy conectado a la educación», explicaba en el encuentro.

Por su parte, Enrique García lamentaba que persista una visión negativa sobre la figura del empresario. «Sigue habiendo en España una cultura hacia el emprendedor y hacia el empresario muy mejorable», explicaba, añadiendo que «a veces me da un poco de pena cómo se ataca mucho al empresario y al emprendedor, con lo complicado que es y lo que aporta luego a la sociedad». No obstante, este mismo responsable cree que dicha cultura ha mejorado en los últimos tiempos, en parte gracias a los ejemplos de éxito.

La idea y la financiación

El moderador introdujo dos de las preguntas más críticas para cualquier emprendedor: la idea de negocio y, sobre todo, la financiación.

Enrique García recordó que el origen de TaxDown no fue una idea preconcebida, sino el encuentro de las personas adecuadas. «En mi caso, el punto fue encontrar a mis socios y que coincidiese en el tiempo. Que nos juntásemos los tres, nos viésemos muy compatibles y nos pusiésemos a pensar». El momento clave que validó su proyecto llegó con los primeros usuarios anónimos. «Recuerdo los primeros pagos de gente que no eran nuestros colegas. Alguien en un pueblo de Granada, ¿por qué está usando TaxDown? Ahí empiezas a decir: hemos montado algo que a alguien que no nos conoce de nada le hace tener sentido», explicaba.

La historia de Civitatis, en cambio, es un caso singular de crecimiento orgánico. Andrés Spitzer contó cómo su fundador, Alberto Gutiérrez, financió sus viajes escribiendo guías online que empezaron a tener muchas visitas. «Él tuvo la visión de decir, en vez de un anuncio, ¿por qué no te pongo un enlace y vamos a comisión?», detalló Spitzer. Este modelo de negocio, basado en comisiones en lugar de publicidad, fue la semilla de la empresa que, según confirmó Sacha Michaud, ha sido rentable «desde el día uno».

Para Pedro Clavería, tres momentos definieron su trayectoria. El primero, conocer a Mark Zuckerberg y darse cuenta de que los grandes genios «son personas normales». El segundo, un punto de inflexión personal tras el fallecimiento de su padre que le llevó a dejar su anterior empresa. Y el tercero, y más revelador, fue usar Playtomic por primera vez como usuario. «Jugué un partido de pádel con 3 personas que no conocía de nada […]. Y ahí fue cuando dije, sea el precio que sea, sea el sufrimiento que sea, esto está teniendo un impacto positivo», recordó emocionado.

Sacha Michaud, con la perspectiva de un negocio de alta complejidad operativa como Glovo, explicaba que cuando conoció a su socio Óscar Pierre, recién llegado de Estados Unidos, quedó impresionado por su «ambición enorme». Glovo tuvo que hacer frente a un modelo donde el crecimiento inicial implicaba pérdidas. «Los primeros dos años perdíamos dos euros por pedido. El problema es que cuando empiezas a tener éxito, cuanto más creces, más pierdes», explicaba. La supervivencia de la empresa pendió de un hilo. «Estuvimos a punto de cerrar dos veces, a semanas de no poder pagar nóminas», rememoraba.

La fiebre del capital

El panorama de la inversión en nuevas empresas ha dado un vuelco radical. Atrás quedaron los tiempos en los que los emprendedores peregrinaban en busca de financiación. Hoy, en un mercado inundado de liquidez, son los equipos con talento los que tienen el poder de elegir.

Sacha Michaud, que ahora también ejerce como inversor, conoce bien las dos caras de la moneda. Por eso, puede contar sin problemas las dificultades iniciales de Glovo y cómo esa situación contrasta con lo que se vive en estos momentos. «A los equipos que realmente generan atracción a los inversores no les falta capital. Ellos están eligiendo qué fondos invertir, algo que no pasó con Glovo», aseguraba. Ahora, desde su faceta de inversor, asegura que casi todos los inversores como él «tenemos que pelear para meter nuestro ticket porque los emprendedores tienen tres o cuatro fondos también interesados».

La velocidad a la que se mueve el dinero es otro síntoma de cómo ha cambiado el ecosistema. Pedro Clavería le preguntaba directamente al responsable de Glovo si no había notado que las rondas se cierran más rápido. Los ponentes detallaron cómo una empresa que no estaba buscando capital recibió 4 millones de euros en un term sheet. «El mejor momento para levantar capital es cuando no lo necesitas», ironizaba Spitzer.

Sin embargo, cabe señalar que todos los presentes coincidieron en que este frenesí se centra en las fases tempranas, donde el foco está en la calidad del equipo, a veces por encima de la idea. «Lo que ocurre es que los VC (Venture Capital) están muy encima de los equipos buenos. Y a veces no importa la idea, es más el equipo», explicó Michaud. Sin embargo, a medida que las empresas maduran, las métricas cambian. Andrés Spitzer, cuya compañía recibió una inversión de private equity, explicaba que la atención se desplaza hacia la rentabilidad de las empresas cuando empiezan a crecer y necesitan más cantidad de dinero. «Hay dos números que son los mágicos: tienes el Ebitda, que es tu capacidad de generar rentabilidad, y tu top line, de cuánto creces en ventas. Van a mirar que seas rentable, no solo que estés teniendo crecimiento a cualquier precio».

Talento y cultura empresarial

Las startups tampoco se libran de la batalla diaria por el talento. La capacidad para atraerlo y retenerlo se ha convertido en el eje central del éxito.

Sacha Michaud explicó que en Glovo la clave ha sido una apuesta decidida por la cultura desde el inicio. «Definimos los valores del día uno con Óscar y han cambiado poquísimo. Tienes que abrazar tu cultura y ser muy fiel a ello», explicaba, añadiendo que esta coherencia es tan crucial que a veces implica dejar ir a profesionales que no encajan. «En nuestras revisiones de rendimiento cada 6 meses damos más importancia a cultura, alineación con los valores, que incluso que a performance», sentenció.

Enrique García coincidía plenamente y añadió el concepto de «densidad de talento». «En general, a la gente buena le gusta trabajar con gente buena y motivada, y creo que ahí tienes que ser duro cuando te equivocas en mantener unos estándares muy altos».

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) está obligando a las empresas a replantearse sus estructuras. Andrés Spitzer describía este cambio como «trascendental». «Estamos intentando evolucionar a lo que llamamos una organización híbrida, donde tenemos a personas que están trabajando codo con codo con agentes de IA», detallaba, buscando que las personas aporten valor en «criterio, creatividad, descubrir nuevas líneas de negocio».

Pero, más allá de la rápida evolución de la tecnología, si hay algo que sigue siendo el principal freno al que se enfrentan los emprendedores, estos son la administración pública y a la regulación. Así al menos coincidieron los cuatro. Pedro Clavería, por ejemplo, compartía una experiencia de alguna manera frustrante para él. «Somos empresa líder en un vertical que es el pádel. Operamos en 68 países, y en Madrid o en España, el 50% de las instalaciones son públicas. ¿Cuántas trabajan con Playtomic? Casi ninguna», se lamentaba.

Hablando de regulación y sector público, el debate no dejó escapar tratar la Ley de Startups aprobada, percibida como insuficiente para todos los presentes. Sacha Michaud recordaba cómo Glovo fue lanzada mucho antes de que existiera esa regulación y cómo ha cambiado el panorama. «Hemos lanzado nuestro negocio en más de 22 países del mundo. Ha sido un camino muy difícil», recordaba. Pero, precisamente por esas dificultades, este directivo se muestra convencido de que son ahora una «mejor compañía». «Nos hace ser mejor empresa. Al fin y al cabo, tienes que mirarlo con optimismo. Los empresarios y emprendedores lo somos por naturaleza», incidía.

Andrés Spitzer amplió la perspectiva, señalando la falta de una estrategia tecnológica unificada en Europa. «No tenemos un sistema operativo europeo, no tenemos una gran IA. No tenemos ofimática europea. Dependemos del resto del mundo». Aunque Michaud no ve factule un acuerdo europeo, insistió en la acción nacional, asegurando que «España podría posicionarse como un país líder».

A pesar de estos desafíos, y como buenos emprendedores, el optimismo fue la tónica dominante de los mensajes. Todos coincidieron en el «efecto multiplicador» de las startups exitosas. Por ejemplo, en el caso de Glovo, han salido más de 50 startups creadas por antiguos empleados, por lo que Michaud no duda en vaticinar que «van a ser los empleados que tenemos hoy día los que van a acabar creando compañías incluso más grandes que las nuestras».

 Los máximos responsables de Glovo, Playtomic, Civitatis y TaxDown analizan cómo ha cambiado el ecosistema emprendedor y las barreras que quedan por superar en nuestro país  

Hace apenas quince años, hablar de un ecosistema de startups en España era casi forzar el término. Afortunadamente, ese escenario ha cambiado radicalmente. Con una ley específica, miles de empresas emergentes certificadas y varios unicornios, el país se ha consolidado como un polo de innovación gracias también a los pioneros, que se lanzaron a la aventura cuando los retos de todo emprendedor (financiación, regulación, cambio cultural…) eran aún más arduos que ahora. Algunas de aquellas aventuras perviven y se han convertido tanto en referentes como en empresas que marcan la línea a seguir.

Sacha Michaud, cofundador de Glovo; Pedro Clavería, cofundador de Playtomic; Andrés Spitzer, CEO de Civitatis; y Enrique García, CEO de TaxDown, han compartido ideas, moderados por el periodista Ignacio Rodríguez Burgos, sobre el trayecto recorrido, la situación actual y las perspectivas de futuro.

Rodríguez Burgos recordaba que pasar de startup a scale-up y, finalmente, a unicornio (empresa valorada en más de mil millones de dólares), sigue siendo una carrera de fondo, porque es un paso «no solo cuantitativo, también cualitativo. Implica profesionalizar procesos, reforzar el gobierno corporativo, abrirse a nuevos mercados, adaptar la cultura interna, adaptarse también a equipos más grandes y con frecuencia convivir con un mayor escrutinio regulatorio».

Pero todo empieza en el momento en el que una persona tiene una idea y se plantea convertirla en negocio. ¿Cómo es posible hacerlo en un país donde mucha gente quiere ser funcionario?, se cuestionaba el moderador.

Pedro Clavería, cofundador de Playtomic, aseguraba, con humor, que sigue habiendo una brecha generacional. «Mi madre me sigue recomendando que haga una oposición. Y siempre lo digo porque ella viene de la cultura de cero riesgo». Pese a esta mentalidad, Clavería aseguraba que para él fue importante la influencia de modelos de éxito. «En mi caso personal, siempre ha estado increíble tener referentes como Sacha Michaud. O como en aquella época con Tuenti o Idealista, que vienen muy influenciados por la cultura americana».

Pedro Clavería, fundador de Playtomic

Sacha Michaud, por su parte, coincide en que la aversión al riesgo forma parte de la cultura de nuestro país, lo que puede llevar, a veces, a que «se suele criticar al empresario», especialmente cuando está creando una empresa de éxito. Sin embargo, este mismo emprendedor considera que esto hace que los emprendedores españoles sean vistos, en realidad, con un plus profesional, puesto que «si hemos podido crear un negocio, me siento capaz de crearlo en cualquier otro sitio del mundo».

En este punto, Andrés Spitzer, de Civitatis, hablaba sobre la percepción del fracaso. Con experiencia en la creación de varias empresas desde 2001, comparó la mentalidad española con la estadounidense, asegurando que «envidiamos a los americanos, porque allí el que fracasa tiene galones, mientras que aquí es como una lacra de ‘mira el fracasado este que le ha ido mal en la vida’. Creo que está muy conectado a la educación», explicaba en el encuentro.

Por su parte, Enrique García lamentaba que persista una visión negativa sobre la figura del empresario. «Sigue habiendo en España una cultura hacia el emprendedor y hacia el empresario muy mejorable», explicaba, añadiendo que «a veces me da un poco de pena cómo se ataca mucho al empresario y al emprendedor, con lo complicado que es y lo que aporta luego a la sociedad». No obstante, este mismo responsable cree que dicha cultura ha mejorado en los últimos tiempos, en parte gracias a los ejemplos de éxito.

La idea y la financiación

El moderador introdujo dos de las preguntas más críticas para cualquier emprendedor: la idea de negocio y, sobre todo, la financiación.

Enrique García recordó que el origen de TaxDown no fue una idea preconcebida, sino el encuentro de las personas adecuadas. «En mi caso, el punto fue encontrar a mis socios y que coincidiese en el tiempo. Que nos juntásemos los tres, nos viésemos muy compatibles y nos pusiésemos a pensar». El momento clave que validó su proyecto llegó con los primeros usuarios anónimos. «Recuerdo los primeros pagos de gente que no eran nuestros colegas. Alguien en un pueblo de Granada, ¿por qué está usando TaxDown? Ahí empiezas a decir: hemos montado algo que a alguien que no nos conoce de nada le hace tener sentido», explicaba.

Enrique Garcia, CEO de TaxDown

La historia de Civitatis, en cambio, es un caso singular de crecimiento orgánico. Andrés Spitzer contó cómo su fundador, Alberto Gutiérrez, financió sus viajes escribiendo guías online que empezaron a tener muchas visitas. «Él tuvo la visión de decir, en vez de un anuncio, ¿por qué no te pongo un enlace y vamos a comisión?», detalló Spitzer. Este modelo de negocio, basado en comisiones en lugar de publicidad, fue la semilla de la empresa que, según confirmó Sacha Michaud, ha sido rentable «desde el día uno».

Para Pedro Clavería, tres momentos definieron su trayectoria. El primero, conocer a Mark Zuckerberg y darse cuenta de que los grandes genios «son personas normales». El segundo, un punto de inflexión personal tras el fallecimiento de su padre que le llevó a dejar su anterior empresa. Y el tercero, y más revelador, fue usar Playtomic por primera vez como usuario. «Jugué un partido de pádel con 3 personas que no conocía de nada […]. Y ahí fue cuando dije, sea el precio que sea, sea el sufrimiento que sea, esto está teniendo un impacto positivo», recordó emocionado.

Sacha Michaud, con la perspectiva de un negocio de alta complejidad operativa como Glovo, explicaba que cuando conoció a su socio Óscar Pierre, recién llegado de Estados Unidos, quedó impresionado por su «ambición enorme». Glovo tuvo que hacer frente a un modelo donde el crecimiento inicial implicaba pérdidas. «Los primeros dos años perdíamos dos euros por pedido. El problema es que cuando empiezas a tener éxito, cuanto más creces, más pierdes», explicaba. La supervivencia de la empresa pendió de un hilo. «Estuvimos a punto de cerrar dos veces, a semanas de no poder pagar nóminas», rememoraba.

Sacha Michaud, co fundador de Glovo

La fiebre del capital

El panorama de la inversión en nuevas empresas ha dado un vuelco radical. Atrás quedaron los tiempos en los que los emprendedores peregrinaban en busca de financiación. Hoy, en un mercado inundado de liquidez, son los equipos con talento los que tienen el poder de elegir.

Sacha Michaud, que ahora también ejerce como inversor, conoce bien las dos caras de la moneda. Por eso, puede contar sin problemas las dificultades iniciales de Glovo y cómo esa situación contrasta con lo que se vive en estos momentos. «A los equipos que realmente generan atracción a los inversores no les falta capital. Ellos están eligiendo qué fondos invertir, algo que no pasó con Glovo», aseguraba. Ahora, desde su faceta de inversor, asegura que casi todos los inversores como él «tenemos que pelear para meter nuestro ticket porque los emprendedores tienen tres o cuatro fondos también interesados».

La velocidad a la que se mueve el dinero es otro síntoma de cómo ha cambiado el ecosistema. Pedro Clavería le preguntaba directamente al responsable de Glovo si no había notado que las rondas se cierran más rápido. Los ponentes detallaron cómo una empresa que no estaba buscando capital recibió 4 millones de euros en un term sheet. «El mejor momento para levantar capital es cuando no lo necesitas», ironizaba Spitzer.

Sin embargo, cabe señalar que todos los presentes coincidieron en que este frenesí se centra en las fases tempranas, donde el foco está en la calidad del equipo, a veces por encima de la idea. «Lo que ocurre es que los VC (Venture Capital) están muy encima de los equipos buenos. Y a veces no importa la idea, es más el equipo», explicó Michaud. Sin embargo, a medida que las empresas maduran, las métricas cambian. Andrés Spitzer, cuya compañía recibió una inversión de private equity, explicaba que la atención se desplaza hacia la rentabilidad de las empresas cuando empiezan a crecer y necesitan más cantidad de dinero. «Hay dos números que son los mágicos: tienes el Ebitda, que es tu capacidad de generar rentabilidad, y tu top line, de cuánto creces en ventas. Van a mirar que seas rentable, no solo que estés teniendo crecimiento a cualquier precio».

Andrés Spitzer, CEO de Civitatis

Talento y cultura empresarial

Las startups tampoco se libran de la batalla diaria por el talento. La capacidad para atraerlo y retenerlo se ha convertido en el eje central del éxito.

Sacha Michaud explicó que en Glovo la clave ha sido una apuesta decidida por la cultura desde el inicio. «Definimos los valores del día uno con Óscar y han cambiado poquísimo. Tienes que abrazar tu cultura y ser muy fiel a ello», explicaba, añadiendo que esta coherencia es tan crucial que a veces implica dejar ir a profesionales que no encajan. «En nuestras revisiones de rendimiento cada 6 meses damos más importancia a cultura, alineación con los valores, que incluso que a performance», sentenció.

Enrique García coincidía plenamente y añadió el concepto de «densidad de talento». «En general, a la gente buena le gusta trabajar con gente buena y motivada, y creo que ahí tienes que ser duro cuando te equivocas en mantener unos estándares muy altos».

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) está obligando a las empresas a replantearse sus estructuras. Andrés Spitzer describía este cambio como «trascendental». «Estamos intentando evolucionar a lo que llamamos una organización híbrida, donde tenemos a personas que están trabajando codo con codo con agentes de IA», detallaba, buscando que las personas aporten valor en «criterio, creatividad, descubrir nuevas líneas de negocio».

Pero, más allá de la rápida evolución de la tecnología, si hay algo que sigue siendo el principal freno al que se enfrentan los emprendedores, estos son la administración pública y a la regulación. Así al menos coincidieron los cuatro. Pedro Clavería, por ejemplo, compartía una experiencia de alguna manera frustrante para él. «Somos empresa líder en un vertical que es el pádel. Operamos en 68 países, y en Madrid o en España, el 50% de las instalaciones son públicas. ¿Cuántas trabajan con Playtomic? Casi ninguna», se lamentaba.

Hablando de regulación y sector público, el debate no dejó escapar tratar la Ley de Startups aprobada, percibida como insuficiente para todos los presentes. Sacha Michaud recordaba cómo Glovo fue lanzada mucho antes de que existiera esa regulación y cómo ha cambiado el panorama. «Hemos lanzado nuestro negocio en más de 22 países del mundo. Ha sido un camino muy difícil», recordaba. Pero, precisamente por esas dificultades, este directivo se muestra convencido de que son ahora una «mejor compañía». «Nos hace ser mejor empresa. Al fin y al cabo, tienes que mirarlo con optimismo. Los empresarios y emprendedores lo somos por naturaleza», incidía.

Mesa redonda sobre startups

Andrés Spitzer amplió la perspectiva, señalando la falta de una estrategia tecnológica unificada en Europa. «No tenemos un sistema operativo europeo, no tenemos una gran IA. No tenemos ofimática europea. Dependemos del resto del mundo». Aunque Michaud no ve factule un acuerdo europeo, insistió en la acción nacional, asegurando que «España podría posicionarse como un país líder».

A pesar de estos desafíos, y como buenos emprendedores, el optimismo fue la tónica dominante de los mensajes. Todos coincidieron en el «efecto multiplicador» de las startups exitosas. Por ejemplo, en el caso de Glovo, han salido más de 50 startups creadas por antiguos empleados, por lo que Michaud no duda en vaticinar que «van a ser los empleados que tenemos hoy día los que van a acabar creando compañías incluso más grandes que las nuestras».

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