La polémica aumenta en Estados Unidos conforme se van conociendo más detalles de la estrambótica operación de los servicios secretos para sacar a Donald Trump de Turquía ante una amenaza iraní sobre el Air Force One. El mandatario republicano fue trasladado mediante un subterfugio desde el avión presidencial a otro aparato militar sin identificación a través de un contenedor de catering para ocultar su posición, mientras decenas de periodistas y altos funcionarios del Gobierno estadounidense fueron usados como señuelos sin informarles del peligro que corrían.
El presidente viajó en otro avión para ponerse a salvo tras recibir amenazas de Irán. Los demócratas piden crear una comisión de investigación en el Senado para aclarar la operación
La polémica aumenta en Estados Unidos conforme se van conociendo más detalles de la estrambótica operación de los servicios secretos para sacar a Donald Trump de Turquía ante una amenaza iraní sobre el Air Force One. El mandatario republicano fue trasladado mediante un subterfugio desde el avión presidencial a otro aparato militar sin identificación a través de un contenedor de catering para ocultar su posición, mientras decenas de periodistas y altos funcionarios del Gobierno estadounidense fueron usados como señuelos sin informarles del peligro que corrían.
“Me guío por el servicio secreto y el ejército”, justificó el presidente estadounidense el martes por la tarde desde la base militar de Andrews, a unas decenas de kilómetros de la Casa Blanca. “Querían que viajara en otro vuelo, en otro avión por seguridad; la seguridad era la misma, pero querían que lo hiciera. Así que lo hice, hice lo que me dijeron”, declaró Trump ante las preguntas de los periodistas.
El republicano cambió subrepticiamente de avión y dejó como señuelos a periodistas y a altos cargos de la Casa Blanca, entre los que se encontraban el secretario de Estado, Marco Rubio; el del Tesoro, Scott Bessent, y los asesores de Seguridad Nacional y de Comunicación, Stephen Miller y Steven Cheung. Se desconoce si estos sabían del truco para ocultar la ubicación del presidente.
El uso de funcionarios y periodistas como señuelo sin informarles de su situación ha provocado un revuelo en Estados Unidos a tres meses de las elecciones de medio mandato, donde Trump se juega buena parte de su poder. El líder de los demócratas en el Senado de Estados Unidos, Chuck Schumer, ha pedido crear una comisión de investigación sobre el suceso. “El Senado debe ser informado de inmediato sobre las amenazas iraníes contra el presidente, las medidas extraordinarias tomadas para sacarlo de Turquía, los riesgos para el personal estadounidense, y cualquier amenaza al país”, señaló el martes.
Lo cierto es que el episodio, digno de una película de espías, ha supuesto un golpe al relato de Trump, que insiste en que Estados Unidos ha destrozado todas las capacidades ofensivas de Irán. El republicano asegura que va ganando la guerra, pese a que no logra controlar el estrecho de Ormuz y ahora se ha conocido que las fuerzas iraníes estuvieron a punto de atentar contra él, lo que indica la dificultad de un conflicto que desaprueba la mayoría de estadounidenses, incluso la base conservadora MAGA que apoya casi incondicionalmente a Trump.
“Es inaceptable que el Congreso haya permanecido al margen y se haya enterado de esta grave amenaza a través de la prensa. Trump ha puesto en peligro a los hijos e hijas de Estados Unidos al involucrarse en una guerra innecesaria e imprudente, y esta Administración se ha negado repetidamente a brindar al Congreso y al público la transparencia que merecen”, añadió.
La operación se produjo el pasado 8 de julio cuando Trump se disponía a abandonar Ankara, la capital de Turquía, donde había participado en una cumbre de la OTAN con sus aliados europeos, a los que había arrancado algunos compromisos sobre gasto en defensa y había tratado de convencerlos para que le prestasen ayuda para desbloquear el estrecho de Ormuz.
Los servicios secretos detectaron una amenaza real y creíble la noche antes del viaje de regreso. Obtuvieron información de un posible ataque con un misil tierra-aire contra el Air Force One, según ha revelado The New York Times. El servicio de inteligencia estadounidense detectó a una persona con un misil portátil en las inmediaciones de la cumbre de la OTAN. Activaron el nivel de alerta máxima en torno al presidente porque recibieron información de que activos iraníes conocían la ubicación exacta de Trump, el hotel donde se hospedaba y la planta que tenía reservada.
El cuerpo de seguridad del presidente estadounidense ideó una farsa para tratar de asegurar el vuelo de regreso con escala en el Reino Unido. Primero anunciaron que, en lugar de volar en el nuevo Air Force One, regalado por Qatar y valorado en unos 400 millones de dólares (unos 347 millones de euros), tenían que usar el anterior avión presidencial, que fue sustituido hace un par de meses. Trump excusó el cambio para que los soldados de la base estadounidense de Mildenhall (Reino Unido), donde la comitiva tenía que hacer escala, pudieran conocer el nuevo aparato, más moderno y sofisticado. “Por los viejos tiempos”, abundó el líder estadounidense.
Trump subió las escaleras del viejo Air Force One, pintado con los tradicionales colores celeste y blanco, pero inmediatamente fue trasladado a un contenedor de catering que esperaba en el otro lado del avión. El resto de funcionarios y altos cargos del Gobierno y la prensa accedió al avión por la escalera trasera sin sospechar lo que sucedía.

Mientras tanto, Trump fue trasladado a otro avión militar, sin distintivos ni identificación, que suele acompañar al Air Force One con el resto del séquito de la Casa Blanca. Solo le acompañó un puñado de asesores de máxima confianza como Dan Scavino, subjefe de Gabinete de la Casa Blanca; Natalie Harp, asistente ejecutiva del presidente; y Walt Nauta, director de operaciones del Despacho Oval, según reveló The Washington Post. Los tres altos cargos forman parte de la guardia pretoriana del antiguo promotor inmobiliario neoyorquino durante los cuatro años que transcurrieron desde que abandonó la Casa Blanca tras perder las elecciones de 2020 contra el demócrata Joe Biden.
“Creo que, en realidad, el avión en el que volé corría mayor riesgo porque creo que ese sería el avión que tendrían más probabilidades de atacar”, aseveró el mandatario cuando se le preguntó por el cambio de avión sin informar a la prensa de que se había convertido en un señuelo.
El escándalo ha estallado porque es la primera vez que la Casa Blanca y el presidente ocultan la verdad a la prensa en una situación de este tipo. Otros presidentes, como Bill Clinton, George Bush o Barack Obama, cambiaron de avión ante amenazas, pero en esos casos se informó a la prensa del riesgo que corrían o se cambió el plan para no exponer a civiles.
Cuando el C32-A, en el que voló Trump con los radares desconectados, aterrizó en la base de Mildenhall en suelo británico, los servicios secretos llevaron al presidente a escondidas al viejo Air Force One. Este descendió las escaleras como si hubiera realizado el viaje en ese avión. “Recibo muchas amenazas que no se conocen. Cualquier presidente trascendental recibe muchas amenazas. Los presidentes que no dejan huella no reciben amenazas. Y creo que tal vez soy el presidente más importante. Nadie ha hecho más que yo en casi seis años”, dijo Trump cuando se le ha preguntado si no le preocupó que los servicios secretos le hicieran cambiar de avión.
Por último, toda la comitiva cambió el Air Force One viejo por el nuevo avión presidencial obsequiado por Qatar, que Trump insistió en pintar de colores inspirados en la bandera estadounidense.
—“¿Le preocupaba que le alcanzase un misil?“, preguntó un periodista.
—“No me preocupo por nada”, dijo Trump.
—“¿Cómo puede confiar en Irán, si intentaron matarle?“, insistió.
—“No confío en Irán. ¿Estás diciendo que confío en Irán? Soy la última persona que confía en Irán”, dijo Trump, mientras insiste en negociar un alto el fuego que le brinde una salida de un conflicto en el que está atrapado.
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