Lo de Cabo Verde es una machada descomunal. En su primera participación en un Mundial la selección de un archipiélago Atlántico con algo más de 500.000 habitantes logró una épica clasificación para los dieciseisavos de final tras completar una fase de grupos invicta, sumando tres empates en un grupo donde había dos campeones del mundo, España y Uruguay. Lo de Cabo Verde es una machada descomunal. En su primera participación en un Mundial la selección de un archipiélago Atlántico con algo más de 500.000 habitantes logró una épica clasificación para los dieciseisavos de final tras completar una fase de grupos invicta, sumando tres empates en un grupo donde había dos campeones del mundo, España y Uruguay.
Lo de Cabo Verde es una machada descomunal. En su primera participación en un Mundial la selección de un archipiélago Atlántico con algo más de 500.000 habitantes logró una épica clasificación para los dieciseisavos de final tras completar una fase de grupos invicta, sumando tres empates en un grupo donde había dos campeones del mundo, España y Uruguay.
El equipo dirigido por el carismático Bubista, que tiene en su portero, Vozinha, el gran estandarte de este milagro, mantuvo a raya a una decepcionante Arabia Saudí (0-0) y confirmó la segunda posición del grupo H al aprovecharse del resbalón charrúa (0-1) ante España.
El premio a su seriedad, su disciplina táctica y su infinita fe es medirse con la Argentina de Leo Messi, que defiende su cetro mundial.
Todos los valores heroicos de los Tiburones Azules son la antítesis de lo exhibido por Arabia Saudí, un equipo roto que ha involucionado con respecto a la imagen que ofreció en Qatar 2022 y al que de nada le sirve tener una liga local regada con petrodólares y que colecciona cromos bañados en oro.
No había lugar para el conservadurismo, ni para la especulación ni para las promesas futuras. Por eso, los dos contendientes, a los que solo les valía la victoria para evitar disgustos, salieron a tumba abierta.
El resultado fue un choque vistoso, de rápida ejecución, que derivó enseguida hacia el nerviosismo, la falta de control y la precipitación. Esta explíctia falta de precisión, sin embargo, impedía la generación de ocasiones claras.
Cabo Verde, muy bien parapetado con su 4-1-4-1, era el equipo más insinuante: con un bloque defensivo compacto que desactivaba, sin demasiados agobios, las internadas saudíes; y construía explorando la conexión directa con sus veloces atacantes. Y, uno de ellos, Willy Semedo, que fue el mejor de la primera manga, tuvo en sus botas la oportunidad de abrir el marcador con un buen lanzamiento rechazado con dificultad por Alowais.
El plan caboverdiano estaba saliendo según lo previsto. El gol de Baena en Guadalajara con cantada incluída del portero Muslera, que abría el triunfo español ante Uruguay y que fue muy celebrado por el público en Houston, ya les aupaba a la segunda posición con el 0-0 al descanso, mantenido gracias a la aparición de su cancerbero Vozinha en el añadido tras un cabezazo de Kanno.
Arabia Saudí, ofuscada y con muy pocas luces, generaba muy poco o casi nada. Y, en la contención, dejaba espacios, lo que permitió a los Tiburones Azules explorar el juego entre líneas e ir ganando confianza.
El partido se rompió en un segundo tiempo mucho más tenso. Y los caboverdianos pudieron liquidar la contienda en un contragolpe en el que Nuno da Costa habilitó a Laros Duarte, pero su lanzamiento a bocajarro se topó con Alowais (min. 74). Son ocasiones que no se pueden fallar.
La falta de precisión en el último tercio derivó en unos últimos minutos taquicárdicos, en los que se jugó sin esquema táctico y con el corazón. Incluso en ese escenario, los caboverdianos supieron administrar mejor la adrenalina y conservaron hasta el final el 0-0 más celebrado de todo el Mundial.Estalló la euforia con el pitido final simultáneo al triunfo español. Hubo fiesta en Houston en un estadioemocionado y entregado a la selección más querida de la competición.
Diario de Mallorca – Deportes
