Brasil escapa en el descuento de la trampa de Japón

Ahora sí. Ahora sí que ha empezado el Mundial de verdad. La fase de grupos ha sido un aperitivo, pero este torneo lo definen la presión por sentirse eliminado, la agonía por defender un resultado victorioso, el éxtasis incomparable de un gol decisivo en el descuento. Por eso triunfa el fútbol, no por un cálculo algebraico para saber quiénes son los mejores terceros. Ahora sí. Ahora sí que ha empezado el Mundial de verdad. La fase de grupos ha sido un aperitivo, pero este torneo lo definen la presión por sentirse eliminado, la agonía por defender un resultado victorioso, el éxtasis incomparable de un gol decisivo en el descuento. Por eso triunfa el fútbol, no por un cálculo algebraico para saber quiénes son los mejores terceros.  

Ahora sí. Ahora sí que ha empezado el Mundial de verdad. La fase de grupos ha sido un aperitivo, pero este torneo lo definen la presión por sentirse eliminado, la agonía por defender un resultado victorioso, el éxtasis incomparable de un gol decisivo en el descuento. Por eso triunfa el fútbol, no por un cálculo algebraico para saber quiénes son los mejores terceros.

Triunfa por historias como la de esta Japón que se creyó durante un largo rato que se iba a cargar a la pentacampeona del mundo, esa que nunca en su historia había quedado fuera de los 16 mejores de un Mundial. Triunfa porque Brasil se ha mimetizado con Ancelotti hasta el punto de encontrar los golpes de fortuna imprescindibles que han convertido su gran carrera en una legendaria.

Y al final, sí, pasó lo que entraba en todas las previsiones. Brasil remontó contra Japón, con Gabriel Martinelli anotando el gol de la victoria en el descuento, y avanza a octavos de final, dejando al Mundial sin selecciones asiáticas. Ahora, le tocará enfrentarse el domingo en Nueva York a quien gane en el Costa de Marfil-Noruega de este martes (19.00 horas).

Ancelotti repitió alineación en el partido de Houston por primera vez desde que está a los mandos de Brasil. Un síntoma de que, más allá de lesiones como la de Raphinha, el italiano tenía la sensación de haber encontrado al fin su equipo ideal. El dominio que ejerció sobre el partido desde el pitido inicial pareció refrendar su apuesta, pero pronto se comprobó que era una mera ilusión.

Vinícius, durante el Brasil-Japón.
Vinícius, durante el Brasil-Japón. / Carlos Ramirez / EFE

Japón, a partir de un 5-4-1 compacto y bien sincronizado, apagaba las luces brasileñas cuando el balón se acercaba al tercio final. Tomiyasu perseguía a Vinícius por todo el campo como si le debiera dinero y siempre con un par de compañeros cerca para que las posesiones no pasaran por sus botas. Brasil tendía, por inercia, a buscar el flanco derecho de su ataque y por ahí ni Danilo ni Rayan hacían siquiera cosquillas a los de Moriyasu.

Brasil masticaba su frustración no poder abrir el marcador cuando, de repente, la situación empeoró dramáticamente para sus intereses. A la media hora, Kaishu Sano interceptó un pésimo pase de Danilo y galopó con la pelota desde el centro del campo hasta la frontal, trazando ahí un disparo raso al que Alisson fue incapaz de llegar.

Kaishu Sano (24) celebra con sus compañeros su gol contra Brasil.
Kaishu Sano (24) celebra con sus compañeros su gol contra Brasil. / PAUL ELLIS / AFP

La pentacampeona no fue capaz de reaccionar antes del descanso, en el que Ancelotti decidió intervenir con bisturí. El joven Endrick sustituyó a Paquetá para jugar con dos puntas, aunque el cuerpo pedía sacrificar al lentísimo, impreciso y amonestado Casemiro. Pero por algo Carletto es quien es, uno de los mejores entrenadores de este siglo al que la fortuna tiende a sonreír.

Porque fue el veterano mediocentro el que empató el choque, culminando la salida en tromba de Brasil desde el descanso. Un bombadeo aéreo que Japón, un partido más, no supo gestionar, por mucho que evitara dos goles cantados de Guimaraes y del propio Casemiro. A la tercera, aprovechando un centro lateral de Gabriel Magalhaes, el nuevo compañero de Messi en Miami cerró la crisis.

Vinícius se echó a su selección a la espalda y rozó inmediatamente después el que seguramente habría sido el mejor gol de lo que llevamos de Mundial, pero su colección de virguerías acabó con el balón golpeando el poste. Para entonces, Japón ya había perdido el orden, la resistencia racional, y simplemente sobrevivía por acumulación de efectivos en el área. La línea del centro del campo se fue convirtiendo para ellos en un Rubicón inalcanzable.

Se merecía Brasil, en definitiva, culminar su remontada. Y lo acabó logrando cuando la prórroga ya estaba preparada, en el minuto 95. Gabriel Martinelli recogió un balón en el área y con capacidad ratonera habitual, el del Arsenal salvó una tarde de agonía y miedo de Brasil. Y nos recordó, tras la tediosa fase de grupos, por qué nos encanta el fútbol.

 Diario de Mallorca – Deportes

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