Siete mil días sin Madeleine McCann, la desaparición que estremeció al mundo

Ilustración de Gerry y Kate McCann con una imagen de Madeleine.

Una noche de primavera los McCann se fueron a cenar con siete amigos en el restaurante de una urbanización del Algarve portugués y, a la hora de los postres, se habían convertido en los padres de la niña desaparecida más famosa del mundo. Han pasado 7.042 días y nadie ha logrado explicar lo ocurrido con la pequeña Madeleine en el apartamento 5A del Ocean Club, en Praia da Luz, el jueves 3 de mayo de 2007. Fue su madre, Kate McCann, la que anunció a gritos la desgracia (“¡Se han llevado a Maddie!“) después de encontrar la cama vacía y la ventana abierta cuando fue a comprobar si todo estaba en orden.

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 Policías de varios países siguen investigando 19 años después lo ocurrido a la niña británica, que se esfumó mientras dormía en un apartamento turístico en el Algarve  

Una noche de primavera los McCann se fueron a cenar con siete amigos en el restaurante de una urbanización del Algarve portugués y, a la hora de los postres, se habían convertido en los padres de la niña desaparecida más famosa del mundo. Han pasado 7.042 días y nadie ha logrado explicar lo ocurrido con la pequeña Madeleine en el apartamento 5A del Ocean Club, en Praia da Luz, el jueves 3 de mayo de 2007. Fue su madre, Kate McCann, la que anunció a gritos la desgracia (“¡Se han llevado a Maddie!“) después de encontrar la cama vacía y la ventana abierta cuando fue a comprobar si todo estaba en orden.

Quienes podrían haber sido testigos de los hechos porque compartían cuarto eran Sean y Amelie McCann, pero tenían 18 meses y sucumbían a un sueño tan pesado que ni siquiera despertaron cuando a su alrededor se desató el pandemónium. Así pues, Maddie se esfumó y ese es el único hecho probado hasta el momento. Todo lo que ocurrió después —infinitas cábalas, avistamientos falsos e investigaciones erráticas— ha dado para varios libros, series, juicios por derivadas secundarias e intentos de suplantación de identidad, pero no para resolver el enigma. A punto de cumplirse dos décadas, siguen abiertas investigaciones policiales en Reino Unido, Alemania y Portugal para tratar de esclarecer el suceso. Sobre el último sospechoso en el punto de mira, Christian Bruckner, un alemán con antecedentes por delitos sexuales en el Algarve, no se han logrado encontrar de momento pruebas concluyentes. Tampoco los padres han tirado la toalla y mantienen activa la fundación, Find Madeleine, creada para buscar a su hija.

Maddie lo tenía todo para ser un icono del dolor universal: tres años y un aire entre inocente y travieso que provocaba ternura instantánea. El mundo, desde el Atlas marroquí al Vaticano, pasando por Japón, se estremeció ante la tragedia. Hasta la desaparición del Boeing 777 en marzo de 2014, mientras volaba con 239 pasajeros de Kuala Lumpur a Pekín, se consideró el mayor enigma del siglo XXI.

Tras los gritos de Kate McCann, el grupo registró la casa en busca de rastros. Un ejercicio desesperado y tal vez confuso (según publicó la prensa portuguesa, se habían bebido en aquella cena 14 botellas de vino) que contribuyó a contaminar el escenario y borrar pruebas esenciales. Pero incluso así, varios meses después, tres perros especializados en rastreos enviados desde Londres detectaron señales que apuntaban hacia la muerte de la pequeña: olor a cadáver, sangre y fluidos corporales en el apartamento y en el coche alquilado por los McCann. Esto llevó a la Policía Judicial portuguesa a apuntar hacia los padres. En septiembre fueron interrogados e imputados. Los detectives lusos, dirigidos por Gonçalo Amaral, sospechaban que la niña había muerto accidentalmente por una sobredosis de somníferos y que su cuerpo había sido ocultado.

Kate y Gerry McCann pasaron de las oleadas de solidaridad a las oleadas de odio. De asistir a misa en Praia da Luz aferrados al peluche de su hija y recibiendo la solidaridad de sus vecinos, pasaron a encerrarse en su casa de ladrillo rojo del condado de Leicestershire. Dos días después de ser declarados oficialmente sospechosos por la Policía Judicial, volaron de regreso a Reino Unido. Y un mes más tarde, Gonçalo Amaral fue apartado de la investigación. El inspector acabó dejando el cuerpo y publicó dos libros sobre el suceso donde apunta a una negligencia de los padres como hipótesis principal. El primero, Maddie: la verdad de la mentira, fue denunciado ante los tribunales por los McCann, pero recibió luz verde en todas las instancias. El último aval llegó en 2022 del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos de Estrasburgo. Sin embargo, tanto Gerry como Kate McCann acabarían siendo eximidos de toda sospecha por los detectives lusos.

A pesar del ruido mediático internacional que rodeó el asunto, buena parte de lo ocurrido se manejó en la trastienda. La desaparición de Maddie nunca fue solo un asunto policial. Desde primeras horas se convirtió en un ajedrez político y diplomático entre dos países, Portugal y Reino Unido, que presumían de la alianza más antigua del mundo (firmada en el siglo XIV), tensada ante el voraz escrutinio mediático. La prensa de medio mundo desembarcó en el Algarve y contribuyó a crear falsos culpables como el británico Robert Murat, el primer imputado por la desaparición, que residía cerca de la urbanización y que levantó sospechas por su amabilidad y su ayuda constante en el lugar de los hechos. A Murat le peinaron el jardín, le escudriñaron cada conversación y le sometieron a interrogatorios como si fuese Jack el Destripador aunque finalmente quedó clara su inocencia. Tras el trauma de aquellos días, Murat vendió su casa del Algarve y se refugió en su país.

En estos 19 años, ha habido cuatro imputados. El último sospechoso ha sido el alemán Christian Bruckner, que cuenta con notable historial delictivo. Contra él se reunieron algunos indicios, como su presencia en la zona de la desaparición el día de los hechos o las declaraciones de algunos compinches de trapicheo que aseguran que Bruckner les contó que sabía lo ocurrido a Maddie. Su perfil criminal también pesó en su contra, pero de momento la Fiscalía alemana no ha encontrado una prueba definitiva y tuvo que permitir su salida de prisión en 2025 tras cumplir condena por violar a una mujer de 72 años en el Algarve. Para Gonçalo Amaral, se trata solo de un chivo expiatorio.

La prensa británica, sin embargo, ha informado recientemente de que Scotland Yard analiza archivos digitales que podrían tener información relevante sobre el papel de Bruckner. Además, la Operación Granger, puesta en marcha por la Policía Metropolitana de Londres hace 15 años, sigue abierta, al igual que prosigue la investigación en la Policía Judiciaria de Portugal.

Entre las derivadas más dolorosas para la familia están las suplantaciones de identidad. La que ha ido más lejos se juzgó en 2025 en Leicester. La polaca Julia Wandelt, que llevaba dos años proclamando que era Madeleine, fue condenada a seis meses de prisión por acosar a los McCann. Entre otras acciones, enviaba cartas a Kate encabezadas con la palabra “mamá”.

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