El mundo se precipita a una peligrosa espiral de gasto militar

Los aliados atlánticos se disponen a reunirse la semana que viene en Turquía para la cumbre anual de la OTAN en un contexto de sostenido incremento del gasto militar mundial. Espoleados a la vez por la amenaza procedente de Rusia y la presión política de la Casa Blanca, los socios europeos de la Alianza han dado significativos pasos adelante en la inversión militar. Esta dinámica se produce en un contexto de rearme global muy consistente que se desarrolla desde hace una década. La conflictividad geopolítica, las revoluciones tecnológicas, los cálculos económico-industriales y otros factores apuntan a que esta tendencia tiene mucho recorrido por delante.

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 La conflictividad geopolítica, la revolución tecnológica, intereses económicos y falta de tratados internacionales apuntan a un persistente avance de la carrera armamentística  

Los aliados atlánticos se disponen a reunirse la semana que viene en Turquía para la cumbre anual de la OTAN en un contexto de sostenido incremento del gasto militar mundial. Espoleados a la vez por la amenaza procedente de Rusia y la presión política de la Casa Blanca, los socios europeos de la Alianza han dado significativos pasos adelante en la inversión militar. Esta dinámica se produce en un contexto de rearme global muy consistente que se desarrolla desde hace una década. La conflictividad geopolítica, las revoluciones tecnológicas, los cálculos económico-industriales y otros factores apuntan a que esta tendencia tiene mucho recorrido por delante.

Según los datos recogidos por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, una referencia de prestigio en esta materia), el mundo lleva 11 años seguidos en una senda de incremento del gasto militar, en coincidencia con el inicio de la agresión rusa de Ucrania (2014). El avance ha sido de un 41% en una década. En 2025, se destinaron a defensa casi tres billones de dólares [2,6 billones de euros], lo que equivale a un 2,5% del PIB mundial. El incremento en 2025 fue del 2,9%, inferior al salto del año anterior (9,7%). Pero múltiples indicadores apuntan a que 2026 y 2027 pueden ser años de nuevos fuertes avances.

Evolución del gasto militar mundial (Líneas)

En el ámbito de la OTAN, en EE UU el gasto este año será superior que el anterior y la Administración de Trump ha pedido al Congreso para el próximo presupuesto para el Pentágono un salto asombroso desde el billón actual hasta 1,5. Entre los legisladores hay resistencia en contra de semejante aumento, y es muy improbable que se materialice en esos términos, pero no lo es que el acuerdo final marque un nuevo decidido paso adelante con respecto al presupuesto anterior.

A la vez, los aliados europeos viajan rumbo a nuevos incrementos. El Banco BNP Paribas, por ejemplo, prevé para 2026 “una ulterior aceleración del gasto militar en la UE. Después de un aumento del 1,9% al 2,15% del PIB entre 2024 y 2025, el gasto se espera que suba en unos 80.000 millones de euros y alcance el 2,5% del PIB” este año. En conjunto, la OTAN representa un 55% del gasto militar mundial.

Países con más gasto militar en el mundo (Tabla)

Muchos otros actores por supuesto contribuyen a la escalada. Rusia es, naturalmente, protagonista central. Su agresión contra Ucrania ha motivado un desbocado crecimiento de su propio gasto militar y espoleado el de otros. Sus dificultades económicas, no obstante, le complican seguir avanzando en esa senda. China, por su parte, mantiene desde hace tiempo una velocidad de crucero de incrementos alrededor del 7% nominal. Es un ritmo estable con el cual busca acercarse a EE UU. No obstante, cabe anotar que esa estabilidad se mantiene pese a que su crecimiento económico se haya ralentizado, y se prevé en el entorno del 4,5%.

Otras áreas del mundo, en cambio, galopan. Los países del sudeste asiático viven una situación parecida, aunque no igual, que los europeos. El temor a un gran vecino y la presión de EE UU les empuja. El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, pronunció a finales de mayo en el importante foro Shangri-La, celebrado en Singapur, un discurso que a los europeos les sonará muy familiar: “El presidente Trump está marcando la regla de oro. Exigimos un 3,5% a nuestros aliados y socios. Para aquellos países que asuman su responsabilidad como verdaderos socios, los beneficios serán claros. Pero para quienes creen que pueden seguir aprovechándose del esfuerzo financiado por los contribuyentes estadounidenses sin asumir su parte, escúchennos bien: esos días se han acabado. Los aliados que se nieguen a dar un paso al frente y a asumir la parte que les corresponde en nuestra defensa colectiva se enfrentarán a un cambio claro en la forma en que nos relacionamos y cooperamos con ellos”.

El mensaje resuena fuerte también en Oriente Próximo, donde poca duda cabe de que la guerra contra Irán y sus consecuencias espolearán un fuerte camino de rearme.

Las motivaciones de esta dinámica son en primer lugar geopolíticas. “El mundo va hacia una configuración multipolar. Asimétrica, pero multipolar. Y en esa transición nacen monstruos”, dice Michele Testoni, profesor asociado de la IE School of International Relations, y coordinador del libro NATO and transatlantic relations in 21st century (La OTAN y las relaciones transatlánticas en el siglo XXI; Routledge). Es un panorama que fomenta un sentimiento de inseguridad.

Testoni apunta también a otro elemento: “Vivimos una época de gran revolución tecnológica. La historia muestra que, a menudo, estas revoluciones se implementan enseguida en el ámbito militar”. La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) y su combinación con tecnologías robóticas y automáticas desencadena nuevas perspectivas. Y esto produce desequilibrios, carreras para adaptarse.

Vicente Palacio, director de política exterior de la Fundación Alternativas, señala otro factor relevante: el gasto militar como impulso a la economía. “En un momento no solo de tensiones geopolíticas, sino también de dificultades económicas, la dimensión militar se percibe como una nueva fuente de crecimiento, de reindustrialización. Eso va desde Alemania hasta Rusia, pasando por EE UU y por Francia y muchos otros países”.

Otro elemento de relieve en el marco de la carrera armamentística es la práctica ausencia de elementos de contención por la vía de acuerdos internacionales. El New START, que fijaba límites en el ámbito de arsenales nucleares entre EE UU y Rusia, caducó el pasado febrero y no hay ninguna perspectiva clara de que se negocie un sustituto al pacto. En un panorama más amplio, es preocupante que, hace unas semanas, la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear haya acabado nuevamente sin ningún acuerdo. El terreno nuclear es otro sector de fuerte inversión ,según el SIPRI. Si bien no hay un aumento significativo del número de cabezas nucleares, sí hay enormes inversiones de las potencias atómicas para renovar sus arsenales.

Armamento nuclear (Tabla)

De todo ello se beneficia naturalmente la industria del sector. Las 100 mayores compañías del área han aumentado vertiginosamente. Entre 2002 y 2025 la facturación en dólares constantes se ha duplicado, alcanzando los 680.000 millones de dólares.

Venta de armas del top 100 mundial (Gráfico de columnas)

Y en esta década de crecimiento al galope del gasto militar han ido entrando con fuerza nuevas empresas, de las cuales Palantir es el símbolo. No vende armas, sino sistemas operativos basados en IA y otros mecanismos digitales. Su relevancia es extraordinaria. Sus capacidades técnicas son evidentes, pero también conviene tener en el radar su impacto político y cultural. Alex C. Karp, cofundador de la empresa, lleva tiempo predicando una mayor involucración de todo el conglomerado de Silicon Valley en la dimensión de seguridad nacional, y critica su tendencia a centrarse en sacar máximos beneficios al concentrarse en gadgets. Por otra parte, Peter Thiel, la figura de referencia de la compañía, acaba de decir que el Papa actúa sin querer como si fuera “un agente comunista chino” por pedir regulaciones a la IA.

Las empresas que más armas venden (Tabla)

Las fuerzas que actúan para alimentar la espiral del rearme son numerosas y poderosas. Las carreras armamentísticas no son automáticamente fuentes de conflictos. La historia de la OTAN, que se reunirá esta próxima semana en Turquía, lo demuestra. Su gasto militar fue muy abundante en la Guerra Fría y lo que generó fue disuasión, no conflicto. Hubo guerras proxy entre los dos bloques en otros territorios, pero en Europa, zona de actuación central de la Alianza, no se disparó un tiro. Pero ello no excluye que la escalada del gasto en un contexto de conflictividad y erosión de instituciones y normas internacionales sea un escenario que provoca inquietud.

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