España cabe en un mapa, pero no en una media. Esa es quizá la principal enseñanza que deja el informe 50 años de evolución económica, social, empresarial e institucional de las provincias en España (1975-2025), elaborado por la Cámara de Comercio de España y el Consejo General de Economistas. El documento observa medio siglo de historia reciente desde una escala que a menudo queda sepultada bajo el análisis autonómico o nacional: la provincia. Y al bajar el foco, el país aparece menos uniforme, más complejo y también más revelador.
La España de 1975 era un país más joven, menos urbano, menos terciarizado y con una economía todavía muy alejada de la actual. La España de 2025 es más rica, más envejecida, más abierta al exterior y mucho más dependiente de los servicios. Entre ambas hay una democracia consolidada, la integración europea, la descentralización autonómica, la modernización de infraestructuras, la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral y una profunda transformación empresarial. Pero también hay una fractura territorial persistente: mientras algunas provincias han ganado población, inversión, empleo y proyección internacional, otras han ido perdiendo habitantes, juventud y capacidad de atracción.
El dato demográfico resume bien esa doble realidad. La población española pasó de 34,04 millones de habitantes en 1970 a 47,40 millones en 2021, un aumento superior al 39%. Sin embargo, el crecimiento no se repartió de manera homogénea. Se concentró en el litoral mediterráneo, los archipiélagos y las grandes áreas urbanas. Madrid y Barcelona reúnen hoy más de una cuarta parte de la población española. Islas Baleares duplicó con creces su población; también crecieron con fuerza Las Palmas, Alicante, Málaga, Almería, Tarragona, Murcia, Santa Cruz de Tenerife y Madrid. En sentido contrario, provincias como Zamora, Ourense, Soria, Lugo, Teruel o Palencia perdieron habitantes durante décadas.
La fotografía es conocida, pero vista en serie histórica adquiere otra dimensión. No se trata solo de la llamada España vaciada, sino de un cambio estructural de largo alcance. El interior y el noroeste peninsular han sufrido un deterioro demográfico continuado, mientras que los territorios litorales, insulares y metropolitanos se han convertido en polos de atracción residencial y económica. España ha crecido, sí, pero lo ha hecho desplazando su centro de gravedad.
El envejecimiento completa el retrato. La población mayor de 65 años ha pasado del 10% en 1970 al 20% en 2021. En Orense y Zamora supera ya el 31%; Lugo y León se sitúan también entre los territorios más envejecidos. Al mismo tiempo, la natalidad ha caído de forma pronunciada: de 18,70 nacimientos por cada 1.000 habitantes en 1975 a 6,49 en 2024. La consecuencia es que el desafío demográfico ya no es una hipótesis futura, sino una realidad que condiciona el empleo, la sanidad, la educación, la vivienda, la fiscalidad y la prestación de servicios públicos.
PIB nominal se ha multiplicado casi por 38
En el plano económico, el salto de España en estas cinco décadas es indiscutible. El PIB nominal se ha multiplicado casi por 38 entre 1975 y 2023, y el PIB real per cápita ha pasado de 12.648 euros a 26.611 euros. Pero también aquí el mapa provincial introduce matices. Madrid aparece como la provincia con mayor PIB por habitante en 2023, con 36.918 euros. Las grandes áreas urbanas concentran actividad, inversión, empleo cualificado y servicios avanzados. Las provincias con menor dinamismo demográfico, en cambio, presentan estructuras más dependientes de la inversión pública, las rentas primarias o actividades menos diversificadas.
Uno de los grandes cambios del periodo es la terciarización. Los servicios han pasado de representar el 61,48% del VAB real en 1975 al 78,18% en 2023. La industria, la construcción y el sector agro-pesquero han perdido peso relativo. Detrás de ese movimiento hay muchas Españas: la turística, la financiera, la logística, la tecnológica, la administrativa, la comercial y la de los servicios a empresas. Es una transformación que ha permitido modernizar la economía, pero que también plantea preguntas sobre productividad, especialización y resistencia ante crisis sectoriales.
Incorporación de la mujer al mercado laboral
El mercado laboral ofrece otro de los cambios más profundos de la serie histórica. La población potencialmente activa ha pasado de 25,48 millones de personas en 1975 a 42,18 millones en 2025. Pero el dato que mejor sintetiza la transformación social es la incorporación de la mujer al trabajo: la tasa de actividad femenina ha subido del 28,80% al 54,29%. Medio siglo después, la economía española no se entiende sin ese cambio. Aun así, las diferencias provinciales siguen siendo notables. En el cuarto trimestre de 2025, Huesca, Lleida, Guipúzcoa, Cantabria y Burgos registraban las tasas de paro más bajas; Cádiz, Granada, Córdoba, Huelva, Jaén y Almería, las más elevadas.
El informe también se detiene en educación y sanidad, dos pilares del Estado del bienestar. El gasto educativo ha aumentado de forma significativa y el abandono escolar temprano se ha reducido, aunque las diferencias provinciales siguen explicando una parte relevante de las desigualdades. En sanidad, la esperanza de vida ha mejorado, pero puede variar hasta cuatro años según la provincia de residencia. Madrid, Salamanca, Valladolid y Ávila superan los 85 años, mientras que Almería, Huelva o Ceuta se sitúan en torno a los 82.
La innovación muestra una de las brechas más decisivas. Madrid, con más de 6.900 millones de euros en inversión en I+D+i en 2024, y Barcelona, con más de 4.000 millones, concentran el grueso del esfuerzo innovador, seguidas por Vizcaya. Sin embargo, el informe también detecta crecimientos relativos muy intensos en territorios menos esperados, como Melilla, Ceuta o Cantabria. La otra cara es que hasta 20 provincias no han recuperado todavía los niveles de inversión en innovación previos a la Gran Recesión. La España innovadora existe, pero está concentrada.
internacionalización empresarial
Más positiva resulta la lectura de la internacionalización empresarial. La actividad exportadora se ha extendido por prácticamente todo el territorio nacional. Las provincias industriales tradicionales mantienen un papel destacado, pero otras con menor tradición exportadora han protagonizado avances relevantes. Huelva, Segovia, Teruel o Cuenca aparecen como ejemplos de una economía provincial que ha ido abriéndose al exterior, reflejo de una mayor madurez del tejido empresarial.
Al final, el informe dibuja una España que ha avanzado mucho, pero no siempre junta. La modernización ha sido real: más renta, más empleo femenino, más esperanza de vida, más educación, más infraestructuras, más empresas internacionalizadas. Pero la convergencia no ha borrado las diferencias. Madrid y Barcelona refuerzan su papel como grandes polos económicos; el litoral y las islas atraen población y actividad; el interior y el noroeste luchan contra el envejecimiento y la pérdida de habitantes.
La conclusión podría resumirse así: España ha cambiado de siglo, de economía y de sociedad, pero sigue buscando un equilibrio territorial. Cincuenta años después, el país es más próspero y más moderno. También es más desigual en sus ritmos. La provincia, ese nivel administrativo tantas veces dado por descontado, aparece en este informe como una lente imprescindible para entender lo que España ha sido, lo que es y lo que todavía tiene pendiente.
El informe de la Cámara de Comercio de España y el Consejo General de Economistas retrata cincuenta años de transformación económica, social y territorial con una conclusión de fondo: España se ha modernizado, pero no todas sus provincias han recorrido el mismo camino.
España cabe en un mapa, pero no en una media. Esa es quizá la principal enseñanza que deja el informe 50 años de evolución económica, social, empresarial e institucional de las provincias en España (1975-2025), elaborado por la Cámara de Comercio de España y el Consejo General de Economistas. El documento observa medio siglo de historia reciente desde una escala que a menudo queda sepultada bajo el análisis autonómico o nacional: la provincia. Y al bajar el foco, el país aparece menos uniforme, más complejo y también más revelador.
La España de 1975 era un país más joven, menos urbano, menos terciarizado y con una economía todavía muy alejada de la actual. La España de 2025 es más rica, más envejecida, más abierta al exterior y mucho más dependiente de los servicios. Entre ambas hay una democracia consolidada, la integración europea, la descentralización autonómica, la modernización de infraestructuras, la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral y una profunda transformación empresarial. Pero también hay una fractura territorial persistente: mientras algunas provincias han ganado población, inversión, empleo y proyección internacional, otras han ido perdiendo habitantes, juventud y capacidad de atracción.
El dato demográfico resume bien esa doble realidad. La población española pasó de 34,04 millones de habitantes en 1970 a 47,40 millones en 2021, un aumento superior al 39%. Sin embargo, el crecimiento no se repartió de manera homogénea. Se concentró en el litoral mediterráneo, los archipiélagos y las grandes áreas urbanas. Madrid y Barcelona reúnen hoy más de una cuarta parte de la población española. Islas Baleares duplicó con creces su población; también crecieron con fuerza Las Palmas, Alicante, Málaga, Almería, Tarragona, Murcia, Santa Cruz de Tenerife y Madrid. En sentido contrario, provincias como Zamora, Ourense, Soria, Lugo, Teruel o Palencia perdieron habitantes durante décadas.
La fotografía es conocida, pero vista en serie histórica adquiere otra dimensión. No se trata solo de la llamada España vaciada, sino de un cambio estructural de largo alcance. El interior y el noroeste peninsular han sufrido un deterioro demográfico continuado, mientras que los territorios litorales, insulares y metropolitanos se han convertido en polos de atracción residencial y económica. España ha crecido, sí, pero lo ha hecho desplazando su centro de gravedad.
El envejecimiento completa el retrato. La población mayor de 65 años ha pasado del 10% en 1970 al 20% en 2021. En Orense y Zamora supera ya el 31%; Lugo y León se sitúan también entre los territorios más envejecidos. Al mismo tiempo, la natalidad ha caído de forma pronunciada: de 18,70 nacimientos por cada 1.000 habitantes en 1975 a 6,49 en 2024. La consecuencia es que el desafío demográfico ya no es una hipótesis futura, sino una realidad que condiciona el empleo, la sanidad, la educación, la vivienda, la fiscalidad y la prestación de servicios públicos.
PIB nominal se ha multiplicado casi por 38
En el plano económico, el salto de España en estas cinco décadas es indiscutible. El PIB nominal se ha multiplicado casi por 38 entre 1975 y 2023, y el PIB real per cápita ha pasado de 12.648 euros a 26.611 euros. Pero también aquí el mapa provincial introduce matices. Madrid aparece como la provincia con mayor PIB por habitante en 2023, con 36.918 euros. Las grandes áreas urbanas concentran actividad, inversión, empleo cualificado y servicios avanzados. Las provincias con menor dinamismo demográfico, en cambio, presentan estructuras más dependientes de la inversión pública, las rentas primarias o actividades menos diversificadas.
Uno de los grandes cambios del periodo es la terciarización. Los servicios han pasado de representar el 61,48% del VAB real en 1975 al 78,18% en 2023. La industria, la construcción y el sector agro-pesquero han perdido peso relativo. Detrás de ese movimiento hay muchas Españas: la turística, la financiera, la logística, la tecnológica, la administrativa, la comercial y la de los servicios a empresas. Es una transformación que ha permitido modernizar la economía, pero que también plantea preguntas sobre productividad, especialización y resistencia ante crisis sectoriales.
Incorporación de la mujer al mercado laboral
El mercado laboral ofrece otro de los cambios más profundos de la serie histórica. La población potencialmente activa ha pasado de 25,48 millones de personas en 1975 a 42,18 millones en 2025. Pero el dato que mejor sintetiza la transformación social es la incorporación de la mujer al trabajo: la tasa de actividad femenina ha subido del 28,80% al 54,29%. Medio siglo después, la economía española no se entiende sin ese cambio. Aun así, las diferencias provinciales siguen siendo notables. En el cuarto trimestre de 2025, Huesca, Lleida, Guipúzcoa, Cantabria y Burgos registraban las tasas de paro más bajas; Cádiz, Granada, Córdoba, Huelva, Jaén y Almería, las más elevadas.
El informe también se detiene en educación y sanidad, dos pilares del Estado del bienestar. El gasto educativo ha aumentado de forma significativa y el abandono escolar temprano se ha reducido, aunque las diferencias provinciales siguen explicando una parte relevante de las desigualdades. En sanidad, la esperanza de vida ha mejorado, pero puede variar hasta cuatro años según la provincia de residencia. Madrid, Salamanca, Valladolid y Ávila superan los 85 años, mientras que Almería, Huelva o Ceuta se sitúan en torno a los 82.
La innovación muestra una de las brechas más decisivas. Madrid, con más de 6.900 millones de euros en inversión en I+D+i en 2024, y Barcelona, con más de 4.000 millones, concentran el grueso del esfuerzo innovador, seguidas por Vizcaya. Sin embargo, el informe también detecta crecimientos relativos muy intensos en territorios menos esperados, como Melilla, Ceuta o Cantabria. La otra cara es que hasta 20 provincias no han recuperado todavía los niveles de inversión en innovación previos a la Gran Recesión. La España innovadora existe, pero está concentrada.
internacionalización empresarial
Más positiva resulta la lectura de la internacionalización empresarial. La actividad exportadora se ha extendido por prácticamente todo el territorio nacional. Las provincias industriales tradicionales mantienen un papel destacado, pero otras con menor tradición exportadora han protagonizado avances relevantes. Huelva, Segovia, Teruel o Cuenca aparecen como ejemplos de una economía provincial que ha ido abriéndose al exterior, reflejo de una mayor madurez del tejido empresarial.
Al final, el informe dibuja una España que ha avanzado mucho, pero no siempre junta. La modernización ha sido real: más renta, más empleo femenino, más esperanza de vida, más educación, más infraestructuras, más empresas internacionalizadas. Pero la convergencia no ha borrado las diferencias. Madrid y Barcelona refuerzan su papel como grandes polos económicos; el litoral y las islas atraen población y actividad; el interior y el noroeste luchan contra el envejecimiento y la pérdida de habitantes.
La conclusión podría resumirse así: España ha cambiado de siglo, de economía y de sociedad, pero sigue buscando un equilibrio territorial. Cincuenta años después, el país es más próspero y más moderno. También es más desigual en sus ritmos. La provincia, ese nivel administrativo tantas veces dado por descontado, aparece en este informe como una lente imprescindible para entender lo que España ha sido, lo que es y lo que todavía tiene pendiente.
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