¿Y si sí? Esa es la pregunta que resuena en todo México. El país entero se ha ilusionado y empieza a creer que esta selección está preparada para hacer algo grande en su Mundial. Lo volvió a demostrar ante Ecuador, desarbolando con autoridad a una de las grandes potencias de Sudamérica (2-0) para sellar, por fin, el ansiado billete al quinto partido. ¿Y si sí? Esa es la pregunta que resuena en todo México. El país entero se ha ilusionado y empieza a creer que esta selección está preparada para hacer algo grande en su Mundial. Lo volvió a demostrar ante Ecuador, desarbolando con autoridad a una de las grandes potencias de Sudamérica (2-0) para sellar, por fin, el ansiado billete al quinto partido.
¿Y si sí? Esa es la pregunta que resuena en todo México. El país entero se ha ilusionado y empieza a creer que esta selección está preparada para hacer algo grande en su Mundial. Lo volvió a demostrar ante Ecuador, desarbolando con autoridad a una de las grandes potencias de Sudamérica (2-0) para sellar, por fin, el ansiado billete al quinto partido.
El encuentro comenzó con una hora de retraso por las tormentas que azotaban Ciudad de México. Sin embargo, la verdadera tormenta fue la que desató el equipo de Javier Aguirre sobre el césped del Azteca. Todo un país sueña con alcanzar los cuartos de final de un Mundial por tercera vez en su historia. Pero, después de una actuación como esta, la pregunta es inevitable: ¿qué mexicano no sueña ya con cotas todavía más altas?
México no pudo empezar mejor. La selección anfitriona salió decidida a imponer su ley desde el primer minuto y firmó un inicio prácticamente perfecto. Los de Javier Aguirre presionaron con intensidad, recuperaron arriba y encontraron espacios con una facilidad sorprendente. Todo bajo la dirección de un chico de apenas 17 años que apunta a estrella mundial: Gilberto Mora. El mediapunta volvió loca a una de las mejores defensas del planeta y logró que nombres como Caicedo, Pacho o Hincapié parecieran completamente desbordados.
El premio llegó muy pronto. Alvarado detectó el desmarque de Quiñones y aprovechó la adelantada línea defensiva ecuatoriana para filtrarle un pase al espacio. El delantero del Al Qadsiah hizo valer su potencia y su velocidad antes de definir con un derechazo impecable a la escuadra de Galíndez. Un gol de oro. Un golpe de autoridad.
Ecuador quedó completamente aturdido y México no tuvo piedad. Apenas unos minutos después, un grave error de la zaga sudamericana permitió a Raúl Jiménez recuperar el balón en una zona peligrosísima. El delantero no perdonó y volvió a fusilar la escuadra de Galíndez para firmar el segundo. El Tri estaba desmontando, con una facilidad inesperada, a la que muchos consideraban la defensa más sólida de Sudamérica.
Ecuador elevó ligeramente la intensidad tras el segundo gol, pero no se engañen: el equipo de Sebastián Beccacece apenas inquietó la portería defendida por Rangel. Más allá de algún acercamiento aislado, el conjunto sudamericano nunca dio la sensación de poder meterse en el partido. Javier Aguirre le ganó por completo la batalla táctica al técnico argentino.
Pocos dudaban antes del torneo de que Ecuador estaba llamado a ser una de las grandes revelaciones del Mundial. Motivos no faltaban. Moisés Caicedo, Piero Hincapié y William Pacho lideraban una generación de enorme talento: dos finalistas de la Champions League y un campeón del Mundial de Clubes. Además, la Tri había terminado segunda en las eliminatorias sudamericanas, solo por detrás de Argentina. Todo apuntaba a que podía llegar muy lejos, pero se marchó mucho antes de lo esperado y muy lejos de la imagen que había mostrado durante los últimos meses.

Ninguna de sus grandes figuras apareció en el Azteca. Especialmente discretos fueron los encuentros de Caicedo e Hincapié, completamente superados por el ritmo y la intensidad de México. Además, el defensa del Arsenal se marchó expulsado por taparse la boca. Nada bien. Ecuador había logrado, por primera vez en su historia, superar la fase de grupos de un Mundial, pero la ilusión en el país era mucho mayor que caer a las primeras de cambio en las eliminatorias.
Con este golpe sobre la mesa, México afrontará en casa un partido histórico en busca de unos cuartos de final que solo ha alcanzado dos veces en toda su historia. Curiosamente, ambas llegaron ejerciendo de anfitrión, y la ilusión es mantener viva esa tradición. Eso sí, antes tendrá que medirse previsiblemente a Inglaterra, siempre que los ingleses hagan los deberes ante la RD Congo.
Sea Inglaterra o sea la sorprendente selección africana, el próximo rival tendrá que sobrevivir al infierno del Azteca y al vendaval futbolístico que ha construido Javier Aguirre. El técnico vasco ya desafió la lógica llevando a Osasuna y al RCD Mallorca hasta una final de la Copa del Rey. Especialista en convertir los sueños improbables en realidad, ahora persigue la mayor gesta de su carrera con la selección mexicana. Como dijo Chicharito Hernández: «¡Imaginemos cosas chingonas!»
Fuente: Sport
Diario de Mallorca – Deportes
