La economía continúa con su ritmo ascendente, pero ahora debe hacer frente a un reto muy importante que puede cambiar el rumbo de su crecimiento: la debilidad y falta de competitividad de su tejido empresarial. La actividad en el exterior está prácticamente paralizada, especialmente al tener que hacer frente a grandes exportadores como China. Así lo han explicado los expertos de Coface durante la celebración de la 29ª Conferencia de Riesgo País en Madrid.
Esta falta de competitividad se traduce directamente en una mayor dificultad para vender nuestros productos en el mercado internacional. El país asiático cada vez se diferencia más de la oferta española, pues exporta a precios entre un 20% y un 40% más baratos y con una calidad cada vez más similar a la europea.
Las compañías cada vez se enfrentan a más retos en el desarrollo de su actividad, lo que dificulta su crecimiento dentro del mercado nacional e internacional. Antonio Bonet, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles, destaca la diferencia de comportamiento entre la exportación de servicios y la exportación de bienes. El empuje del sector terciario demuestra una vez más la debilidad industrial europea, los elevados costes y, en definitiva, la pérdida de competitividad.
El 66% de las ventas al extranjero realizadas por una entidad española estuvieron sostenidas por solo 1.000 empresas a nivel nacional. Además, la exportación de bienes está prácticamente parada, con un incremento del 0,7 % en 2025. Pese a esto, el sector exterior ha sido uno de los motores del crecimiento español de los últimos años, pasando de un 33% a un 41% en los últimos años, aunque desde la pandemia los ritmos están algo estancados.
Bonet pone un motivo a esta reciente desaceleración, que viene marcada por «el incremento de los costes laborales, la elevada presión fiscal, la carga burocrática y el despunte del absentismo están reduciendo los márgenes de las empresas, especialmente de las pymes, y limitan su capacidad para crecer e internacionalizarse».
Por su parte, Alfredo Echeverría, Director del Instituto Español de Analistas, señala que, a pesar de estos resultados, «las small caps españolas están mostrando una evolución positiva, con aumento de ingresos, mejora de márgenes EBITDA y una menor presión financiera derivada de la deuda». Además, considera que no habrá «revisiones significativas a la baja en las estimaciones, lo que evidencia el elevado nivel de competitividad de las pequeñas cotizadas españolas».
Esta falta de competitividad a nivel nacional también compromete el avance de la economía española, que sigue destacando respecto al resto de Europa. Bonet afirma que, para que este crecimiento pueda ser sostenible y sostenido en el tiempo, es necesario «hacer cambios estructurales» en el funcionamiento del país y su actividad.
Principalmente, el ritmo de España se sostiene por un aumento del consumo, impulsado por el desarrollo del turismo y la llegada de más población gracias a la inmigración. Así, el resto de servicios también se disparan, pues actividades como la ingeniería, consultoría, construcción o las telecomunicaciones cada vez aportan más al PIB. Además, también se ha notado en una reducción de los productos importados anualmente.
Echevarría considera que la solución pasa por «reconocer el valor de las compañías de nuestro tejido», y la mejor manera de conseguir esto es «ayudando a su cotización», no solo para poner en valor sus negocios, sino también para que puedan acceder a capital. Además, también hay que intentar impulsar el crecimiento del tamaño de las empresas, pues gran parte del entramado está formado por pymes.
El país asiático vende a precios de exportación entre un 20% y un 40% inferiores y con una calidad cada vez más similar a la europea, según Coface
La economía continúa con su ritmo ascendente, pero ahora debe hacer frente a un reto muy importante que puede cambiar el rumbo de su crecimiento: la debilidad y falta de competitividad de su tejido empresarial. La actividad en el exterior está prácticamente paralizada, especialmente al tener que hacer frente a grandes exportadores como China. Así lo han explicado los expertos de Coface durante la celebración de la 29ª Conferencia de Riesgo País en Madrid.
Esta falta de competitividad se traduce directamente en una mayor dificultad para vender nuestros productos en el mercado internacional. El país asiático cada vez se diferencia más de la oferta española, pues exporta a precios entre un 20% y un 40% más baratos y con una calidad cada vez más similar a la europea.
Las compañías cada vez se enfrentan a más retos en el desarrollo de su actividad, lo que dificulta su crecimiento dentro del mercado nacional e internacional. Antonio Bonet, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles, destaca la diferencia de comportamiento entre la exportación de servicios y la exportación de bienes. El empuje del sector terciario demuestra una vez más la debilidad industrial europea, los elevados costes y, en definitiva, la pérdida de competitividad.
El 66% de las ventas al extranjero realizadas por una entidad española estuvieron sostenidas por solo 1.000 empresas a nivel nacional. Además, la exportación de bienes está prácticamente parada, con un incremento del 0,7 % en 2025. Pese a esto, el sector exterior ha sido uno de los motores del crecimiento español de los últimos años, pasando de un 33% a un 41% en los últimos años, aunque desde la pandemia los ritmos están algo estancados.
Bonet pone un motivo a esta reciente desaceleración, que viene marcada por «el incremento de los costes laborales, la elevada presión fiscal, la carga burocrática y el despunte del absentismo están reduciendo los márgenes de las empresas, especialmente de las pymes, y limitan su capacidad para crecer e internacionalizarse».
Por su parte, Alfredo Echeverría, Director del Instituto Español de Analistas, señala que, a pesar de estos resultados, «las small caps españolas están mostrando una evolución positiva, con aumento de ingresos, mejora de márgenes EBITDA y una menor presión financiera derivada de la deuda». Además, considera que no habrá «revisiones significativas a la baja en las estimaciones, lo que evidencia el elevado nivel de competitividad de las pequeñas cotizadas españolas».
Esta falta de competitividad a nivel nacional también compromete el avance de la economía española, que sigue destacando respecto al resto de Europa. Bonet afirma que, para que este crecimiento pueda ser sostenible y sostenido en el tiempo, es necesario «hacer cambios estructurales» en el funcionamiento del país y su actividad.
Principalmente, el ritmo de España se sostiene por un aumento del consumo, impulsado por el desarrollo del turismo y la llegada de más población gracias a la inmigración. Así, el resto de servicios también se disparan, pues actividades como la ingeniería, consultoría, construcción o las telecomunicaciones cada vez aportan más al PIB. Además, también se ha notado en una reducción de los productos importados anualmente.
Echevarría considera que la solución pasa por «reconocer el valor de las compañías de nuestro tejido», y la mejor manera de conseguir esto es «ayudando a su cotización», no solo para poner en valor sus negocios, sino también para que puedan acceder a capital. Además, también hay que intentar impulsar el crecimiento del tamaño de las empresas, pues gran parte del entramado está formado por pymes.
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