El presidente de Taiwán apela a que el futuro de la isla no sea “decidido por fuerzas extranjeras”

En medio de la polvareda que ha levantado la reciente visita a China del presidente estadounidense, Donald Trump, su homólogo taiwanés, Lai Ching-te, ha querido marcar también sus líneas rojas: “Nuestro futuro no puede ser decidido por fuerzas extranjeras”, ha asegurado en una comparecencia en Taipéi dedicada a hacer balance de sus dos años al frente de la isla autogobernada que Pekín considera una parte irrenunciable de su territorio.

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 Lai Ching-te defiende la necesidad de aumentar las inversiones en defensa una semana después de la visita de Trump a China  

En medio de la polvareda que ha levantado la reciente visita a China del presidente estadounidense, Donald Trump, su homólogo taiwanés, Lai Ching-te, ha querido marcar también sus líneas rojas: “Nuestro futuro no puede ser decidido por fuerzas extranjeras”, ha asegurado en una comparecencia en Taipéi dedicada a hacer balance de sus dos años al frente de la isla autogobernada que Pekín considera una parte irrenunciable de su territorio.

Lai, a quien Pekín considera un “peligro” por sus tendencias secesionistas, ha abogado por el incremento de las inversiones en defensa en un contexto turbulento: “Estamos más alerta que nunca ante las amenazas. No se trata de provocar, sino de prevenir la guerra”, ha explicado. “La paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán es un elemento esencial de la seguridad y prosperidad mundiales”.

La isla democrática, de 23 millones de habitantes, se convirtió durante el encuentro de la semana pasada entre Trump y Xi Jinping en uno de los puntos críticos de la agenda. El presidente chino le advirtió al magnate republicano desde el primer encuentro que las relaciones entre Washington y Pekín dependen de Taiwán: “Es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos”, dijo el líder asiático. Mal manejado, remarcó, ese asunto podría encaminarlos incluso al “conflicto”.

Taiwán es una de las zonas más calientes del mapa geopolítico, un lugar atrapado en una pugna entre superpotencias. China, con 1.400 millones de habitantes, ve la isla como una provincia rebelde y mantiene entre sus objetivos estratégicos la reunificación pacífica, aunque nunca ha renunciado al uso de la fuerza en caso de que fuera necesario para proteger sus intereses.

Mientras, Estados Unidos, que no mantiene relaciones diplomáticas oficiales con Taipéi (apenas lo hace una docena de países de escasa relevancia), le vende armas y sostiene desde hace décadas una política de ambigüedad estratégica en términos de defensa: nunca aclara del todo si acudiría en su apoyo en caso de ataque.

En ese contexto siempre delicado, donde cada coma de las frases importa, Trump evitó pronunciarse de forma pública sobre Taiwán durante los tres días que pasó en Pekín. A su marcha, sin embargo, sus declaraciones inquietaron en Taipéi.

En una entrevista emitida en la cadena estadounidense Fox al poco de partir desde la capital china, el republicano aseguró que los taiwaneses podían estar tranquilos, que “nada” había cambiado y que la política estadounidense seguía siendo la misma. “No quiero que nadie se declare independiente”, subrayó en cualquier caso. “Recorrer 15.000 kilómetros para ir a la guerra […], no es eso lo que busco. Quiero que se calmen. Quiero que China se calme”.

Las palabras de Trump han sido bien acogidas por la prensa estatal en Pekín. El Gobierno chino aspiraba a un cambio de lenguaje que reflejara mejor sus intereses: buscaba que el líder estadounidense pasara de expresar la tradicional falta de apoyo al secesionismo a una más rotunda “oposición”.

Además, Trump se negó a comprometerse a firmar la venta de un histórico paquete de armas estadounidense para Taiwán, por valor de 14.000 millones de dólares (12.000 millones de euros), que lleva meses de demora. Aunque los legisladores estadounidenses lo aprobaron el año pasado, la Casa Blanca sigue sin ejecutarlo.

Al ser interrogado por la cuestión, Trump se reservó sus opciones: “Puede que lo haga, puede que no”, dijo. “No buscamos entrar en guerra. Si se mantuviera la situación tal y como está, creo que a China le parecería bien. Pero no queremos que nadie diga: ‘Vamos a independizarnos porque Estados Unidos nos respalda”.

Este paquete también ha sido un punto de disputa entre Washington y Pekín. Ya lo dejó claro Xi en una llamada telefónica con Trump en febrero: “Estados Unidos debe manejar las ventas de armamento a Taiwán con extrema precaución”, le dijo.

Lai, este miércoles, ha justificado el incremento de las capacidades: “La modernización de las fuerzas de defensa nacional y la adquisición de material militar a Estados Unidos no solo tiene como objetivo garantizar la seguridad de Taiwán”, ha explicado. “También es un medio para mantener la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán, y esperamos que esta iniciativa continúe”.

Los dos años de Lai en el poder no han sido tranquilos. En este tiempo, China ha lanzado numerosos ejercicios militares en torno a Taiwán, convirtiéndolos casi en algo habitual en el estrecho. El dirigente del Partido Progresista Democrático (PPD) sucedió en la presidencia a Tsai Ing-wen, también del PPD, cuyos ocho años en el poder también estuvieron marcados por la creciente incomunicación con China continental y la marejada entre ambas orillas del estrecho.

En su discurso, Lai ha abierto una mano a mejorar los lazos con Pekín, aunque parece poco probable que suceda: “Taiwán está dispuesta a mantener relaciones sanas y ordenadas con China sobre la base de la igualdad y la dignidad, pero rechaza firmemente los denominados esfuerzos de ‘unificación pacífica’, que no son más que una forma de coacción”, ha dicho.

Lai ha rechazado la fórmula de “un país dos sistemas”, que Pekín aplica en Hong Kong, y ofrece también para Taiwán, al considerar que supondría renunciar al estilo de vida democrático y libre de la isla. “La democracia no es un regalo que cae del cielo”, ha afirmado. “Se conquista a través de generaciones de sacrificio, dedicación y valentía”. Y ha reiterado que el futuro de Taiwán solo podrá ser decidido por sus ciudadanos.

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