«A todos nos ha venido bien el parón para resetear y recuperar energías», decía, como una confesión, Xabi Alonso ayer, pensando en sí mismo y en su tortuoso mes de diciembre, siempre con la soga al cuello. Pero también, pues era el sujeto de la pregunta, pensaba en Vinícius, su antagonista natural en el desquiciado ecosistema del Real Madrid, su imprescindible aliado del que no se fía. Y, a tenor de los hechos, hace bien. «A todos nos ha venido bien el parón para resetear y recuperar energías», decía, como una confesión, Xabi Alonso ayer, pensando en sí mismo y en su tortuoso mes de diciembre, siempre con la soga al cuello. Pero también, pues era el sujeto de la pregunta, pensaba en Vinícius, su antagonista natural en el desquiciado ecosistema del Real Madrid, su imprescindible aliado del que no se fía. Y, a tenor de los hechos, hace bien.
«A todos nos ha venido bien el parón para resetear y recuperar energías», decía, como una confesión, Xabi Alonso ayer, pensando en sí mismo y en su tortuoso mes de diciembre, siempre con la soga al cuello. Pero también, pues era el sujeto de la pregunta, pensaba en Vinícius, su antagonista natural en el desquiciado ecosistema del Real Madrid, su imprescindible aliado del que no se fía. Y, a tenor de los hechos, hace bien.
Hoy, sin embargo, el brasileño es más imprescindible que nunca para su entrenador. El Madrid estrena el año natural recibiendo al Betis en el Bernabéu (16.15 horas). Y lo hace sin Mbappé, herido en su rodilla tras un diciembre en el que tensionó la dañada articulación más de lo recomendable para igualar el récord de goles de su ídolo Cristiano en un año natural. El precio es empezar el año en la grada, con los dedos del madridismo cruzados para que reaparezca el jueves en la semifinal de la Supercopa contra el Atlético.
Mientras tanto, su ausencia eleva a Vinícius al primer lugar de la jerarquía de la plantilla justo en su momento más bajo desde que descolló en el Madrid. El brasileño cerró 2025 escuchando una sonora pitada de su propia afición y con unos números anotadores pírricos, apenas 13 goles en los últimos 12 meses.
Todos los focos del Bernabéu, por tanto, estarán puestos sobre él, dado que las apreturas del calendario y la inminencia de la Supercopa despojan al partido de la etiqueta de ‘match ball’ para Xabi Alonso tras cuatro citas (City, Alavés, Talavera y Sevilla) en las que su continuidad estuvo en serio riesgo. El partido contra el Betis es, por tanto, una suerte de tregua para él, antes de que el derbi madrileño de Riad afile de nuevo la guadaña que pende sobre su cabeza.

«Tenemos que dar para recibir, contagiar esas ganas que necesitamos, ese ritmo. Si eso fluye en ambas direcciones, disfrutaremos», se limitó a señalar el tolosarra ayer cuando le preguntaron si quería lanzar un mensaje a la afición en relación a Vinícius. Misma frialdad y mismos balones fuera que minutos después de la pitada de Chamartín tras la victoria ante el Sevilla. «La afición es soberana», despejó entonces.
La sensación es que el técnico perdona pero no olvida los desplantes del más rebelde de sus pupilos, que se ha mantenido en silencio durante su retiro vacaciones en Dubái, tras su pueril reacción de borrar al Real Madrid de su foto de perfil en Instagram. Hoy, ante un Betis que no ha perdido un solo partido a domicilio en lo que va de temporada, le toca demostrar a los madridistas que fueron injustos con él la última vez que tuvieron una cita.
Diario de Mallorca – Deportes
