Víctor Arpa, abogado laboralista: «Para conseguir una absoluta no basta con acumular diagnósticos, hay que demostrar cómo te afectan tus enfermedades»

Una incapacidad permanente total puede impedir a una persona volver a su oficio y dejar abierta la posibilidad de trabajar en otro. La absoluta exige un grado de limitación mayor: la imposibilidad de ejercer cualquier profesión u oficio. Esa diferencia determina la valoración de la capacidad laboral y el porcentaje de la pensión.

También importa distinguir la base reguladora del último salario. Los porcentajes de cada grado se aplican sobre esa base, calculada conforme a las reglas de la Seguridad Social, y no se traducen automáticamente en una fracción idéntica de la última nómina.

Qué cambia en la pensión

El abogado laboralista Víctor Arpa explica en un vídeo publicado en su cuenta de TikTok que la Seguridad Social fija para la incapacidad permanente total, con carácter general, una pensión del 55 % de la base reguladora.

A partir de los 55 años, ese porcentaje puede aumentar en 20 puntos, hasta el 75 %, cuando se presuma la dificultad de encontrar un empleo distinto por circunstancias como la edad, la preparación y el entorno laboral. Alcanzar esa edad no da derecho a una subida automática. Además, el incremento es incompatible con la realización de un trabajo.

La incapacidad permanente absoluta da derecho al 100 % de la base reguladora. Arpa propone un ejemplo con una base hipotética de 2.000 euros: la pensión por una total ordinaria sería de 1.100 euros al mes, frente a 2.000 euros por una absoluta.

La Agencia Tributaria confirma que las prestaciones contributivas de la Seguridad Social por incapacidad permanente absoluta están exentas de IRPF. La Seguridad Social admite actividades compatibles con el estado de salud de quien tiene reconocida una absoluta.

Cómo acreditar las limitaciones

«Para conseguir una absoluta no basta con acumular diagnósticos, hay que demostrar cómo te afectan tus enfermedades», sostiene Arpa. El abogado insiste en describir qué ocurre al intentar mantener una jornada: cuánto tiempo puede permanecer sentada una persona, si el dolor afecta a la concentración o si necesita tumbarse con frecuencia.

Esas circunstancias permiten relacionar los informes médicos con exigencias concretas del trabajo. Arpa lo expresa así: «no basta con decir que no puedo trabajar».

Si el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) reconoce una incapacidad total y la persona considera que sus limitaciones justifican la absoluta, puede impugnar la resolución. La reclamación previa en materia de prestaciones debe presentarse, con carácter general, en los 30 días siguientes a la notificación, según la Ley reguladora de la jurisdicción social.

También existe la revisión del grado por agravación, que responde a cambios posteriores en el estado de salud. La resolución de incapacidad indica desde cuándo puede solicitarse esa revisión.

 La pensión puede pasar del 55 % al 100 % de la base reguladora según el grado reconocido; el incremento previsto desde los 55 años exige condiciones adicionales  

Una incapacidad permanente total puede impedir a una persona volver a su oficio y dejar abierta la posibilidad de trabajar en otro. La absoluta exige un grado de limitación mayor: la imposibilidad de ejercer cualquier profesión u oficio. Esa diferencia determina la valoración de la capacidad laboral y el porcentaje de la pensión.

También importa distinguir la base reguladora del último salario. Los porcentajes de cada grado se aplican sobre esa base, calculada conforme a las reglas de la Seguridad Social, y no se traducen automáticamente en una fracción idéntica de la última nómina.

Qué cambia en la pensión

El abogado laboralista Víctor Arpa explica en un vídeo publicado en su cuenta de TikTok que la Seguridad Social fija para la incapacidad permanente total, con carácter general, una pensión del 55 % de la base reguladora.

A partir de los 55 años, ese porcentaje puede aumentar en 20 puntos, hasta el 75 %, cuando se presuma la dificultad de encontrar un empleo distinto por circunstancias como la edad, la preparación y el entorno laboral. Alcanzar esa edad no da derecho a una subida automática. Además, el incremento es incompatible con la realización de un trabajo.

La incapacidad permanente absoluta da derecho al 100 % de la base reguladora. Arpa propone un ejemplo con una base hipotética de 2.000 euros: la pensión por una total ordinaria sería de 1.100 euros al mes, frente a 2.000 euros por una absoluta.

La Agencia Tributaria confirma que las prestaciones contributivas de la Seguridad Social por incapacidad permanente absoluta están exentas de IRPF. La Seguridad Social admite actividades compatibles con el estado de salud de quien tiene reconocida una absoluta.

Cómo acreditar las limitaciones

«Para conseguir una absoluta no basta con acumular diagnósticos, hay que demostrar cómo te afectan tus enfermedades», sostiene Arpa. El abogado insiste en describir qué ocurre al intentar mantener una jornada: cuánto tiempo puede permanecer sentada una persona, si el dolor afecta a la concentración o si necesita tumbarse con frecuencia.

Esas circunstancias permiten relacionar los informes médicos con exigencias concretas del trabajo. Arpa lo expresa así: «no basta con decir que no puedo trabajar».

Si el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) reconoce una incapacidad total y la persona considera que sus limitaciones justifican la absoluta, puede impugnar la resolución. La reclamación previa en materia de prestaciones debe presentarse, con carácter general, en los 30 días siguientes a la notificación, según la Ley reguladora de la jurisdicción social.

También existe la revisión del grado por agravación, que responde a cambios posteriores en el estado de salud. La resolución de incapacidad indica desde cuándo puede solicitarse esa revisión.

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