Una multitud de jóvenes se une en torno a León XIV: “Es una pasada la cantidad de gente que estamos aquí”

Unas 500.000 personas colmaban el Paseo de la Castellana en Madrid este sábado por la tarde a la espera de esos cinco fugaces segundos en los que podrían ver pasar al papa de cerca y después escuchar su prédica. La mayoría eran jóvenes católicos de todo el país, que se acercaron a partir de las cuatro de la tarde a la vigilia a rezar, compartir y, por qué no, también a cotillear y ligar. León XIV llegó sobre las 20.30 y les encomendó una misión que suena simple: “Sed humanos”. El Pontífice habló a la multitud en español y les pidió: “Sed hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia, que desean una vida honesta y recta”.

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 El Papa advierte a los fieles de los peligros de la desinformación durante la vigilia masiva de Madrid  

Unas 500.000 personas colmaban el Paseo de la Castellana en Madrid este sábado por la tarde a la espera de esos cinco fugaces segundos en los que podrían ver pasar al papa de cerca y después escuchar su prédica. La mayoría eran jóvenes católicos de todo el país, que se acercaron a partir de las cuatro de la tarde a la vigilia a rezar, compartir y, por qué no, también a cotillear y ligar. León XIV llegó sobre las 20.30 y les encomendó una misión que suena simple: “Sed humanos”. El Pontífice habló a la multitud en español y les pidió: “Sed hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia, que desean una vida honesta y recta”.

El escenario, montado en la plaza de Lima, junto al estadio Santiago Bernabéu, con una altísima cruz blanca a su izquierda, se convirtió en el altar, con arreglos florales rosas y blancas, desde el cual el Papa respondió las preguntas preparadas por jóvenes de diferentes parroquias. “Muchas cosas en las redes nos engañan, nos cuentan mentiras”, advirtió sobre la desinformación, y recomendó: “Buscad siempre la verdad. Dios es verdad”. León XIV buscó motivarlos al cambio: “Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva”.

Lo habían estado esperando desde temprano. Miles de ellos soportaron el calor de la tarde por más de cuatro horas. A la salida del metro Nuevos Ministerios el ambiente de alegría y fervor por el encuentro tenía a los peregrinos cantando canciones, compartiendo bocadillos y buscando algún sitio de sombra ante la inclemencia del sol. Ingresaron ordenadamente a los sectores vallados que les habían sido asignados, guiados por parte de las 16.000 personas voluntarias para esta visita del pontífice a la capital.

Sobre el Paseo de la Castellana los perfiles eran diversos. Había quien había viajado desde el extranjero, como Victoria Carreño, una joven alicantina de 21 años que se desplazó desde Alemania, donde estudia su titulación, para encontrarse con el papa. Asegura que le hace ilusión “ver Madrid entregada y unida, en estos momentos en los que hay más diferencias que nunca”. Una emoción que comparten un grupo de chicas que pertenecen a la Milicia de Santa María, una organización internacional de jóvenes católicos, que también estaban entre el público. Lucia Ortega, que viajó desde Burgos, afirma estar orgullosa de que la capital española se haya volcado para la visita: “Me parece una locura, es una pasada la cantidad de gente que estamos aquí viviendo nuestra fe”.

Son pocos los que acudieron solos al encuentro, la mayoría se congregaba con familia y amigos, algunos incluso utilizando la visita de León XIV como excusa de celebración. José Manuel Ruíz, un diácono de 35 años, es un ejemplo de ello. A una semana de ordenarse sacerdote, viajó desde Sevilla con un grupo de 40 jóvenes para encontrarse con su “pastor” y que este los “anime a seguir enunciado el Evangelio”.

A dos horas de la cita con el pontífice, las pantallas dispuestas a lo largo de la Castellana proyectaron una cuenta atrás. Al momento que el cero marcó el reloj dio inicio la vigilia de este sábado. Para calentar los motores y no dejar la energía decaer, distintos actos musicales como Depol, Besmaya, Beret y Siloé abrieron el escenario para León XIV. En las calles, los presentes coreaban y bailaban las canciones más populares, en la celebración se había instalado una sensación de verbena y euforia colectiva. Otros curiosos se asomaban desde los balcones de los edificios más próximos. Hubo un rezo guiado del rosario que tuvo poca adhesión, solo lo murmuraban los mayores y los consagrados, que sostenían las cuentas en una mano.

A las 20.00 la expectación era absoluta. Aún había quienes intentaban buscar un mejor sitio para ver al pontífice, en un mar de personas que poco quería moverse. Nadie acampó sobre la Castellana, pero los utensilios para hacerlo no faltaron. Entre los grupos de personas había cobijas, tapetes, sillas plegables y casas de acampar. La muchedumbre parecía infinita, aún para una generación acostumbrada a los eventos masivos. “¡Aquí está la juventud del Papa!”, vitoreaban en cada nueva oportunidad.

Hubo quienes se subieron a los árboles para no perderse el arribo del pontífice. León XIV llegó a la vigilia a las 20.40, 10 minutos después de la cita prevista, como toda una superestrella. Algunos espectadores se subieron a los hombros de sus colegas y sus móviles se levantaron desde el primer momento. Pasó saludando para ambos lados, mientras los chillidos se intensificaban cuando se aproximaba por el pasillo.

A su arribo al escenario, el Papa se sentó en un trono blanco y el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, le dio la bienvenida: “Esta es su casa, estos son sus jóvenes”. Se refirió a la multitud como “el rostro de una iglesia que lo recibe”. Cobo hizo hincapié en los migrantes “que traen consigo historias de lucha” y en “los jóvenes tocados por la precariedad”. Después de una breve pausa cultural con un fragmento de un musical góspel, dirigido por Antonio Banderas, al fin León XIV se dirigió a los presentes con una de las partes más sentidas de la vigilia: el diálogo con los jóvenes de España. Seis personas le acompañaron sobre el escenario para exponer su sentir ante los problemas que les aquejan.

Una de ellas fue Miriam, de la parroquia de Santa Teresa de Jesús de Tres Cantos, quien le preguntó acerca de “cómo reconocer la voz de Dios entre muchas otras voces”. El Pontífice les recomendó buscarla en el silencio: “En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece”. También mandó un mensaje a aquellos que sufren no tener compañía: “Nadie está solo creyendo en Jesús”. Además, aprovechó para animar con contundencia a las nuevas vocaciones: “No tengáis miedo jamás en pensar en una vocación sacerdotal. El matrimonio también es una vocación, no tengáis miedo del matrimonio y de formar familia”.

De golpe, se hizo un silencio total. Sobre los más de dos kilómetros, se arrodillaron los fieles para la adoración eucarística. Por fin corrió una brisa, para el alivio de aquellas decenas de personas que se descompensaron por el calor de la tarde. El silencio solo se rompió con la lectura del Evangelio, el pasaje de la multiplicación de los panes y los peces, y la adoración continuó con el canto de un coro. Un aplauso se contagió entre todos los presentes, mientras algunos se secaban las lágrimas de emoción.

Al cierre de la jornada, el papa León XIV se postró frente a los cientos de miles de jóvenes que se dieron cita en la plaza de Lima en Madrid. Les sonrió y se despidió al ritmo del himno oficial del viaje: “Alza la mirada, mis ojos en Jesús”. La explosión de los fuegos artificiales que se desplegaron detrás del escenario marcó el final, mientras el grupo musical Hakuna salía a animar a quienes se mantenían sobre la Castellana, cantando y abrazándose.

Nadie se ha quedado a dormir en esta vigilia. Las instrucciones de los organizadores fueron desalojar el espacio y dar paz y tranquilidad a los vecinos de la zona. Quienes viajaron en congregaciones tenían sitio en algunos colegios para pasar la noche. El domingo que les espera también será largo en la búsqueda del encuentro con el pontífice: por la mañana la primera misa de León XIV frente al Palacio de Cibeles y por la tarde un encuentro cultural.

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