El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió este martes, décimo día de la segunda fase de la guerra en Irán, a su homólogo libanés, Joseph Aoun. Era una ocasión especial: Aoun es el primer líder del país en visitar la Casa Blanca en 17 años.
El presidente de EE UU recibe a Joseph Aoun, su homólogo libanés, para tratar la aplicación del acuerdo de paz con Israel, impulsado por Washington y negociado de espaldas a la milicia proiraní
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió este martes, décimo día de la segunda fase de la guerra en Irán, a su homólogo libanés, Joseph Aoun. Era una ocasión especial: Aoun es el primer líder del país en visitar la Casa Blanca en 17 años.
Este llegaba con la intención de exigir una retirada completa de su país por parte de Israel. En una primera toma de contacto en el Despacho Oval Trump afirmó ante la prensa de Washington que está dispuesto a hablar con la milicia libanesa Hezbolá. ”Hablaría [con la milicia libanesa] si [Aoun] me lo pide. Yo siempre estoy dispuesto a hablar con todo el mundo, aunque a veces me lo desaconsejen“, aseguró.
El acuerdo de paz que Estados Unidos impulsó el pasado 26 de junio para terminar con el conflicto entre Israel y Hezbolá está teniendo esta semana sus primeros resultados sobre el terreno. El texto, negociado entre los gobiernos israelí y libanés a espaldas de la milicia proiraní, contempla la creación de “zonas piloto”. Son áreas donde Israel debe levantar la ocupación a cambio del despliegue del ejército libanés, que debe demostrar —bajo criterios aún por conocer— que controla el territorio en detrimento de Hezbolá, antes de que se lleven a cabo nuevos repliegues israelíes.
Después de que el Departamento de Estado estadounidense anunciara el lunes las tres primeras zonas piloto —que incluyen, para sorpresa de los libaneses, dos áreas sin presencia israelí—, las tropas ocupantes se han retirado este martes de Zawtar el Gharbiyeh, un pequeño municipio cercano a la ciudad de Nabatie.
Las imágenes del ejército libanés patrullando la aldea han provocado la impaciencia de sus residentes, que esperan a poca distancia a que se les permita el regreso a la localidad, donde la devastación alcanza las redes de agua y electricidad y las fuerzas desminan un paisaje convertido durante meses en campo de batalla.
Muchos, sin embargo, son escépticos. El plan estadounidense no cuenta con plazos concretos para la retirada israelí, e incluso su implementación exitosa en cada uno de los 68 municipios bajo ocupación alargaría de manera indeterminada el desplazamiento forzoso que padecen centenares de miles de ciudadanos.
Entre esos escépticos está el presidente del Parlamento libanés, el chií Nabih Berri, que lo ve como el posible detonante de una guerra civil. Aoun reaccionó a sus palabras en Washington. “En realidad, el marco del acuerdo no requiere la aprobación del Parlamento. Es una prerrogativa del presidente, según nuestra Constitución, y estamos comprometidos con él. Creo que [Berri] desea ver el fin de esta guerra”, dijo el líder libanés. Trump añadió que le han contado que Berri “es un buen hombre”, y que cuando “vea los avances logrados [en la consecución de la la paz]» está seguro de que ”se sumará“.
El primer movimiento para aplicar el acuerdo ha sido tenso: las tropas libanesas han denunciado a Israel por disparar cerca de sus soldados a su llegada a Zawtar el Gharbiyeh, y las familias que esperaban en el perímetro oían las detonaciones con las que los uniformados israelíes avanzan en la destrucción de viviendas en las aldeas que ocupan alrededor. Trump dijo que estaba al tanto de esos incidentes y que los trataría durante su encuentro con Aoun.
Para añadir incertidumbre, Hezbolá —que ve su conflicto con Israel como la legitimación de su facción armada— rechaza cualquier acuerdo resultante del diálogo entre las autoridades israelíes y las libanesas, a las que acusa de sumisión a Occidente. El grupo, que en marzo retomó el fuego contra Israel como respuesta a la guerra que el Estado judío inició junto con Estados Unidos contra Irán, se ve internamente desafiado por la llegada en 2025 del primer Gobierno libanés en tomar la decisión de desarmarlo.
El presidente de Estados Unidos empezó su reunión con Aoun diciendo que Líbano es un “país de gran intelecto que ha sufrido mucho durante décadas”. “Les vamos a ayudar”, prometió. “Ya hemos arreglado algunos problemas, y ustedes saben que tienen un problema llamado Hezbolá”. Aoun jugó entonces la carta del halago, habitualmente útil con Trump. “Llevo mucho tiempo esperando esta visita; con muchas ganas de conocer a un presidente tan importante como usted”, dijo el libanés, a lo que su anfitrión respondió: “Sabe cómo conquistarme. Conseguirá lo que pida”.
No parece nada claro que esté en la mano de Trump conceder a Aoun lo que necesita: lograr que sus planes ganen popularidad entre la población del sur. En esa parte del país, la mayoría es favorable a Hezbolá y desconfía de que la controvertida decisión de Beirut de dialogar con el Ejecutivo de Benjamín Netanyahu termine con una ofensiva israelí que ha matado a 4.328 personas desde marzo, según el ministerio de Sanidad libanés.
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