Sin noticias ni plazos para saber las causas del descarrilamiento del túnel de Atocha 16 meses después del accidente

Casi 16 meses después de que ocurriese, los investigadores de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) todavía no han podido determinar las causas del descarrilamiento ocurrido en el conocido como túnel del Chato, que conecta las estaciones madrileñas de Atocha y Chamartín.

El motivo de que los técnicos del organismo que también tiene que determinar los motivos del accidente de Adamuz no hayan podido todavía establecer qué ocurrió y se hayan excedido del plazo legal de un año que tienen para hacerlo es la complejidad de la investigación. Una complicación que viene determinada por el elevado número de documentos analizados, entrevistas realizadas, así como las distintas pruebas técnicas llevadas a cabo, según afirmó la CIAF en la última nota publicada al respecto del suceso el pasado 17 de octubre, coincidiendo casi con su aniversario.

Desde la propia comisión apuntan que no tienen un plazo estimado para culminar su investigación, que se ha visto además complicada por las pesquisas que el organismo está realizando para determinar las causas del siniestro de Adamuz y el de Rodalies de Gelida en los que fallecieron 47 personas y sobre los que existe ahora mismo una gran presión social y mediática para conocer su origen.

Según la última nota publicada sobre el accidente del túnel de Atocha, hasta el momento, los investigadores de la CIAF han realizado entrevistas con personal de Renfe-Viajeros, Adif y Alstom Transporte, principalmente, así como acompañamientos en cabina para analizar tanto la infraestructura como el material rodante. Igualmente, han hecho pruebas en vía para valorar la capacidad de tracción y de arranque en rampa del material rodante implicado y, en octubre, estaba previsto realizar una medición topográfica para verificar datos disponibles de declividad en el tramo en el que se produjo la detención de la composición. Todo ello para determinar las causas que llevaron a que un tren de Renfe de alta velocidad de la serie 114 que estaba siendo llevado a los talleres de La Sagra se desprendiese de la composición de iguales características que lo remolcaba.

El suceso se produjo en la rampa de entrada a la estación de Chamartín, cuando la unidad de cabeza (remolcadora) sufrió un fallo de tracción que le impidió subirla.

Para superar el desnivel, el maquinista y el puesto de mando acordaron que el tren retrocediese para tomar impulso desde un tramo más llano. «Mientras se preparaba esta maniobra, la unidad de tren averiada (la remolcada) se soltó de su enganche y comenzó a derivar túnel abajo sin frenos, sin batería y con los dos técnicos a bordo», según el relato del suceso de la CIAF.

Tras cuatro kilómetros de deriva a gran velocidad, a la altura del puesto de banalización de Jardín Botánico, un técnico del centro de mando de Adif lo descarriló, lo que provocó que chocara contra un muro y evitó que provocase males mayores de haber llegado a la estación de Atocha, aunque la magnitud de los mismos no ha llegado tampoco a esclarecerse

Varios sindicatos aseguraron que, de no haber tomado el técnico de Adif la decisión de descarrilar el tren, el convoy hubiese impactado contra otro de Iryo que estaba detenido en Atocha. Sin embargo, desde la operadora controlada por Trenitalia aseguraron que cuando el tren que estaba siendo remolcado se desenganchó, ninguno de sus convoyes estaba en la trayectoria, por lo que no hubo ninguna situación de peligro. El ministro de Transportes, Óscar Puente, se limitó a decir que no estaba confirmado que hubiera otro tren en la trayectoria del accidentado, mientras que la CIAF no recoge ningún detalle a este respecto en ninguno de los informes que ha hecho públicos.

 Los investigadores del siniestro son los mismos que los de Adamuz y se han excedido del plazo de un año que tienen para esclarecerlo por su complejidad  

Casi 16 meses después de que ocurriese, los investigadores de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) todavía no han podido determinar las causas del descarrilamiento ocurrido en el conocido como túnel del Chato, que conecta las estaciones madrileñas de Atocha y Chamartín.

El motivo de que los técnicos del organismo que también tiene que determinar los motivos del accidente de Adamuz no hayan podido todavía establecer qué ocurrió y se hayan excedido del plazo legal de un año que tienen para hacerlo es la complejidad de la investigación. Una complicación que viene determinada por el elevado número de documentos analizados, entrevistas realizadas, así como las distintas pruebas técnicas llevadas a cabo, según afirmó la CIAF en la última nota publicada al respecto del suceso el pasado 17 de octubre, coincidiendo casi con su aniversario.

Desde la propia comisión apuntan que no tienen un plazo estimado para culminar su investigación, que se ha visto además complicada por las pesquisas que el organismo está realizando para determinar las causas del siniestro de Adamuz y el de Rodalies de Gelida en los que fallecieron 47 personas y sobre los que existe ahora mismo una gran presión social y mediática para conocer su origen.

Tareas de rescate del tren accidentado en el túnel de Atocha

Según la última nota publicada sobre el accidente del túnel de Atocha, hasta el momento, los investigadores de la CIAF han realizado entrevistas con personal de Renfe-Viajeros, Adif y Alstom Transporte, principalmente, así como acompañamientos en cabina para analizar tanto la infraestructura como el material rodante. Igualmente, han hecho pruebas en vía para valorar la capacidad de tracción y de arranque en rampa del material rodante implicado y, en octubre, estaba previsto realizar una medición topográfica para verificar datos disponibles de declividad en el tramo en el que se produjo la detención de la composición. Todo ello para determinar las causas que llevaron a que un tren de Renfe de alta velocidad de la serie 114 que estaba siendo llevado a los talleres de La Sagra se desprendiese de la composición de iguales características que lo remolcaba.

El suceso se produjo en la rampa de entrada a la estación de Chamartín, cuando la unidad de cabeza (remolcadora) sufrió un fallo de tracción que le impidió subirla.

Para superar el desnivel, el maquinista y el puesto de mando acordaron que el tren retrocediese para tomar impulso desde un tramo más llano. «Mientras se preparaba esta maniobra, la unidad de tren averiada (la remolcada) se soltó de su enganche y comenzó a derivar túnel abajo sin frenos, sin batería y con los dos técnicos a bordo», según el relato del suceso de la CIAF.

Tras cuatro kilómetros de deriva a gran velocidad, a la altura del puesto de banalización de Jardín Botánico, un técnico del centro de mando de Adif lo descarriló, lo que provocó que chocara contra un muro y evitó que provocase males mayores de haber llegado a la estación de Atocha, aunque la magnitud de los mismos no ha llegado tampoco a esclarecerse

Varios sindicatos aseguraron que, de no haber tomado el técnico de Adif la decisión de descarrilar el tren, el convoy hubiese impactado contra otro de Iryo que estaba detenido en Atocha. Sin embargo, desde la operadora controlada por Trenitalia aseguraron que cuando el tren que estaba siendo remolcado se desenganchó, ninguno de sus convoyes estaba en la trayectoria, por lo que no hubo ninguna situación de peligro. El ministro de Transportes, Óscar Puente, se limitó a decir que no estaba confirmado que hubiera otro tren en la trayectoria del accidentado, mientras que la CIAF no recoge ningún detalle a este respecto en ninguno de los informes que ha hecho públicos.

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