Un tren con vagones preparados para el transporte de mercancías peligrosas descarriló el pasado fin de semana en Irún (Guipúzcoa) completamente a oscuras. Y no sólo porque lo hiciera por la noche sino porque, oficialmente, el Gobierno no ha ofrecido información alguna sobre el suceso.
El descarrilamiento, según confirman fuentes del sector, se produjo por la salida de un eje del carril y no provocó en ningún caso el vuelco del convoy, algunos de cuyos vagones estaban capacitados para el transporte de mercancías peligrosas, si bien se desconoce si en este momento iban cargados con tales materiales.
El descarrilamiento no provocó incidencias en el tráfico, más allá de que el propio tren afectado no pudo seguir la marcha, añaden las fuentes.
Preguntado al respecto del accidente, desde Adif, el gestor de la infraestructura ferroviaria, aseguraron a LA RAZÓN que no iban a hacer declaraciones sobre el mismo a pesar del especial interés que existe en este momento por la situación del ferrocarril tras los accidentes de Adamuz y de Rodalies en los que fallecieron 47 personas.
Fuentes del sector aseguran que descarrilamientos de este tipo ocurren de vez en cuando y que son investigados para averiguar su causa, si bien en este caso todo parece indicar que lo que provocó el accidente fue la ruptura de un carril.
Este tipo de averías han saltado al debate público en las últimas semanas después de que las primeras pesquisas de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) hayan apuntado a que la causa del accidente de Adamuz fue la ruptura de un carril. No obstante, su presidente, Ignacio Barrón, apuntó con posterioridad a la fractura de una soldadura que unía carril nuevo con otro antiguo como hipótesis más probable del descarrilamiento del Iryo 6189 que hacía la ruta Málaga-Madrid a la altura de la localidad cordobesa.
Otra rotura de carril obligó también el pasado día 26 de enero a ralentizar la marcha y cortar una vía en un tramo del corredor de alta velocidad Madrid-Barcelona. La rotura del carril se produjo en el punto kilométrico 490. En un primer momento, se estableció una limitación temporal de velocidad (LTV), después se cortó la circulación por una vía y, finalmente, se solucionó el problema.
No obstante, los continuos problemas que han reportado con especial insistencia los maquinistas en las últimas semanas en este corredor han obligado a las operadoras a reducir la velocidad y alargar los tiempos de viaje en 25 minutos hasta el próximo 13 de diciembre para tener mayor visibilidad para planificar horarias y la venta de billetes.
Incidente habitual
Las roturas de carril son más habituales de lo que parece, aunque sólo hayan adquirido relevancia pública tras estos sucesos. Según ha asegurado el ministro de Transportes, Óscar Puente, a raíz de este suceso, en Europa se producen más de 3.000 al año, aunque en su inmensa mayoría no causan daños personales.
En su comparecencia en el Senado para dar cuenta de los accidentes de Adamuz y Rodalies, el ministro Óscar Puente afirmó que la Agencia Ferroviaria de la Unión Europea (ERA) trabaja en estudios de investigación, algunos de ellos junto a Adif, para conocer más a fondo las causas y consecuencias de estas roturas.
«Se producen con cierta frecuencia, pero casi nunca con pérdidas humanas o daños personales. Normalmente, los sistemas de detección avisan y otras no, teniendo en cuenta los parámetros de seguridad que tenemos en la normativa», explicó el ministro.
Uno de los bogies del convoy se salió del carril el fin de semana sin provocar afectación al tráfico ferroviario
Un tren con vagones preparados para el transporte de mercancías peligrosas descarriló el pasado fin de semana en Irún (Guipúzcoa) completamente a oscuras. Y no sólo porque lo hiciera por la noche sino porque, oficialmente, el Gobierno no ha ofrecido información alguna sobre el suceso.
El descarrilamiento, según confirman fuentes del sector, se produjo por la salida de un eje del carril y no provocó en ningún caso el vuelco del convoy, algunos de cuyos vagones estaban capacitados para el transporte de mercancías peligrosas, si bien se desconoce si en este momento iban cargados con tales materiales.
El descarrilamiento no provocó incidencias en el tráfico, más allá de que el propio tren afectado no pudo seguir la marcha, añaden las fuentes.
Preguntado al respecto del accidente, desde Adif, el gestor de la infraestructura ferroviaria, aseguraron a LA RAZÓN que no iban a hacer declaraciones sobre el mismo a pesar del especial interés que existe en este momento por la situación del ferrocarril tras los accidentes de Adamuz y de Rodalies en los que fallecieron 47 personas.
Fuentes del sector aseguran que descarrilamientos de este tipo ocurren de vez en cuando y que son investigados para averiguar su causa, si bien en este caso todo parece indicar que lo que provocó el accidente fue la ruptura de un carril.
Este tipo de averías han saltado al debate público en las últimas semanas después de que las primeras pesquisas de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) hayan apuntado a que la causa del accidente de Adamuz fue la ruptura de un carril. No obstante, su presidente, Ignacio Barrón, apuntó con posterioridad a la fractura de una soldadura que unía carril nuevo con otro antiguo como hipótesis más probable del descarrilamiento del Iryo 6189 que hacía la ruta Málaga-Madrid a la altura de la localidad cordobesa.
Otra rotura de carril obligó también el pasado día 26 de enero a ralentizar la marcha y cortar una vía en un tramo del corredor de alta velocidad Madrid-Barcelona. La rotura del carril se produjo en el punto kilométrico 490. En un primer momento, se estableció una limitación temporal de velocidad (LTV), después se cortó la circulación por una vía y, finalmente, se solucionó el problema.
No obstante, los continuos problemas que han reportado con especial insistencia los maquinistas en las últimas semanas en este corredor han obligado a las operadoras a reducir la velocidad y alargar los tiempos de viaje en 25 minutos hasta el próximo 13 de diciembre para tener mayor visibilidad para planificar horarias y la venta de billetes.
Las roturas de carril son más habituales de lo que parece, aunque sólo hayan adquirido relevancia pública tras estos sucesos. Según ha asegurado el ministro de Transportes, Óscar Puente, a raíz de este suceso, en Europa se producen más de 3.000 al año, aunque en su inmensa mayoría no causan daños personales.
En su comparecencia en el Senado para dar cuenta de los accidentes de Adamuz y Rodalies, el ministro Óscar Puente afirmó que la Agencia Ferroviaria de la Unión Europea (ERA) trabaja en estudios de investigación, algunos de ellos junto a Adif, para conocer más a fondo las causas y consecuencias de estas roturas.
«Se producen con cierta frecuencia, pero casi nunca con pérdidas humanas o daños personales. Normalmente, los sistemas de detección avisan y otras no, teniendo en cuenta los parámetros de seguridad que tenemos en la normativa», explicó el ministro.
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