¿Qué le ocurre a Irene de Grecia? La enfermedad que afecta a la hermana de la Reina Sofía

La Reina Sofía ha suspendido parte de su agenda oficial para los próximos días —algo poco habitual—, reavivando la preocupación por el estado de salud de su hermana pequeña. Fuentes de Zarzuela han confirmado a LA RAZÓN que la reciente decisión de la reina emérita se debe al agravamiento del estado de salud de Irene de Grecia, de 83 años, cuyo deterioro se habría agravado en las últimas semanas.

Aunque no se ha emitido un comunicado oficial, distintos medios coinciden en señalar un empeoramiento notable. La princesa sufre la enfermedad degenerativa de Alzheimer y disfagia (dificultad para tragar), según asegura el portal Divinity. No obstante, fue la revista Hola! quien publicó en 2023 que la querida hermana de la Reina Sofía había sido diagnosticada con un «deterioro cognitivo» hace al menos dos años.

Cabe destacar que alzhéimer y deterioro cognitivo no son lo mismo. Si bien la enfermedad de Alzheimer es la causa más común de un deterioro cognitivo, no todo deterioro cognitivo es alzhéimer. El deterioro cognitivo amnésico se considera como un síntoma temprano de alzhéimer y, de hecho, un porcentaje significativo de estos casos puede evolucionar a la enfermedad. Pero no todas las personas con deterioro cognitivo desarrollarán Alzheimer; otras condiciones pueden causarlo.

Qué es el Alzheimer y cómo evoluciona

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que representa alrededor del 60-70% de las demencias. Afecta a la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. Con el paso del tiempo, el deterioro cognitivo que provoca se extiende a funciones básicas como el lenguaje, la orientación y, en fases avanzadas, incluso la movilidad y la alimentación.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

  • Pérdida de memoria reciente
  • Dificultad para encontrar palabras o seguir conversaciones
  • Desorientación en tiempo y espacio
  • Cambios de comportamiento y personalidad
  • Dependencia creciente para actividades básicas

En estadios avanzados, como parece ser el caso de Irene de Grecia, pueden aparecer complicaciones físicas asociadas al daño neurológico.

La disfagia, una complicación silenciosa pero grave

La disfagia es la dificultad para tragar alimentos o líquidos. En pacientes con demencia, alzhéimer o deterioro cognitivo avanzado, es relativamente frecuente. Esto sucede porque la degeneración cerebral comienza a afectar los nervios y músculos que intervienen en la deglución y la coordinación, y supone un reto clínico importante que puede provocar:

  • Pérdida de peso y deshidratación
  • Infecciones respiratorias por aspiración, como neumonía
  • Mayor riesgo de hospitalización

Por este motivo, los cuidados suelen centrarse en la adaptación de la dieta, la vigilancia constante y el acompañamiento continuo, un rol que, según ha trascendido, la reina Sofía ha asumido de manera muy directa con su hermana, conocida cariñosamente en la familia como la tía Pecu.

La cancelación de los compromisos institucionales previstos por la madre del Rey Felipe VI en Canarias —entre ellos la recogida del Premio Gorila 2024, uno de los reconocimientos ambientales más relevantes a nivel internacional, y su investidura como doctora honoris causa— refuerza la idea de que la situación de Irene de Grecia es delicada. Además, el pasado verano, la reina Sofía ya renunció a sus vacaciones en Marivent para permanecer junto a su hermana, que entonces logró estabilizarse.

Con todo, el caso de Irene de Grecia pone rostro a una realidad cada vez más presente en los hogares españoles. El alzhéimer afecta mayoritariamente a mujeres y a personas mayores de 65 años. Según datos de Sociedad Española de Neurología y de la Ministerio de Sanidad, en España más de 800.000 personas viven actualmente con la enfermedad.

Esta cifra podría duplicarse en 2050 debido al envejecimiento poblacional. Además del impacto sanitario, la enfermedad de Alzheimer supone una carga emocional y física enorme para los cuidadores, en muchos casos familiares directos. A la espera de un tratamiento efectivo que detenga el deterioro cognitivo asociado a la enfermedad, la mejor herramienta, por el momento, continúa siendo la información y la prevención.

 El deterioro cognitivo progresivo y las dificultades para tragar explican el delicado momento de salud de la princesa  

La Reina Sofía ha suspendido parte de su agenda oficial para los próximos días —algo poco habitual—, reavivando la preocupación por el estado de salud de su hermana pequeña. Fuentes de Zarzuela han confirmado a LA RAZÓN que la reciente decisión de la reina emérita se debe al agravamiento del estado de salud de Irene de Grecia, de 83 años, cuyo deterioro se habría agravado en las últimas semanas.

Aunque no se ha emitido un comunicado oficial, distintos medios coinciden en señalar un empeoramiento notable. La princesa sufre la enfermedad degenerativa de Alzheimer y disfagia (dificultad para tragar), según asegura el portal Divinity. No obstante, fue la revista Hola! quien publicó en 2023 que la querida hermana de la Reina Sofía había sido diagnosticada con un «deterioro cognitivo» hace al menos dos años.

Cabe destacar que alzhéimer y deterioro cognitivo no son lo mismo. Si bien la enfermedad de Alzheimer es la causa más común de un deterioro cognitivo, no todo deterioro cognitivo es alzhéimer. El deterioro cognitivo amnésico se considera como un síntoma temprano de alzhéimer y, de hecho, un porcentaje significativo de estos casos puede evolucionar a la enfermedad. Pero no todas las personas con deterioro cognitivo desarrollarán Alzheimer; otras condiciones pueden causarlo.

Qué es el Alzheimer y cómo evoluciona

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que representa alrededor del 60-70% de las demencias. Afecta a la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. Con el paso del tiempo, el deterioro cognitivo que provoca se extiende a funciones básicas como el lenguaje, la orientación y, en fases avanzadas, incluso la movilidad y la alimentación.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

  • Pérdida de memoria reciente
  • Dificultad para encontrar palabras o seguir conversaciones
  • Desorientación en tiempo y espacio
  • Cambios de comportamiento y personalidad
  • Dependencia creciente para actividades básicas

En estadios avanzados, como parece ser el caso de Irene de Grecia, pueden aparecer complicaciones físicas asociadas al daño neurológico.

La disfagia, una complicación silenciosa pero grave

La disfagia es la dificultad para tragar alimentos o líquidos. En pacientes con demencia, alzhéimer o deterioro cognitivo avanzado, es relativamente frecuente. Esto sucede porque la degeneración cerebral comienza a afectar los nervios y músculos que intervienen en la deglución y la coordinación, y supone un reto clínico importante que puede provocar:

  • Pérdida de peso y deshidratación
  • Infecciones respiratorias por aspiración, como neumonía
  • Mayor riesgo de hospitalización

Por este motivo, los cuidados suelen centrarse en la adaptación de la dieta, la vigilancia constante y el acompañamiento continuo, un rol que, según ha trascendido, la reina Sofía ha asumido de manera muy directa con su hermana, conocida cariñosamente en la familia como la tía Pecu.

La cancelación de los compromisos institucionales previstos por la madre del Rey Felipe VI en Canarias —entre ellos la recogida del Premio Gorila 2024, uno de los reconocimientos ambientales más relevantes a nivel internacional, y su investidura como doctora honoris causa— refuerza la idea de que la situación de Irene de Grecia es delicada. Además, el pasado verano, la reina Sofía ya renunció a sus vacaciones en Marivent para permanecer junto a su hermana, que entonces logró estabilizarse.

Con todo, el caso de Irene de Grecia pone rostro a una realidad cada vez más presente en los hogares españoles. El alzhéimer afecta mayoritariamente a mujeres y a personas mayores de 65 años. Según datos de Sociedad Española de Neurología y de la Ministerio de Sanidad, en España más de 800.000 personas viven actualmente con la enfermedad.

Esta cifra podría duplicarse en 2050 debido al envejecimiento poblacional. Además del impacto sanitario, la enfermedad de Alzheimer supone una carga emocional y física enorme para los cuidadores, en muchos casos familiares directos. A la espera de un tratamiento efectivo que detenga el deterioro cognitivo asociado a la enfermedad, la mejor herramienta, por el momento, continúa siendo la información y la prevención.

 Salud en La Razón

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