Para dejar las cosas claras desde un principio. Miquel Contestí es al Mallorca lo que en su día representó Santiago Bernabéu al Real Madrid o, con todas sus imperfecciones, Josep Lluís Núñez para el Barcelona. Pero con un mérito añadido para el mallorquín que el viernes nos dejó a los 92 años, y es que su llegada a la presidencia evitó, así, sin ambages, la desaparición de la entidad mallorquinista. Y es que en 1978 se encontró una sociedad moribunda, sin apenas jugadores, sin balones ni vestuario. Al club le habían cortado la electricidad y carecía de liquidez para pagar las nóminas. Empezó de cero y, catorce años después, con muchos aciertos pero también con evidentes errores, dejó al club en la rampa de salida para competir con la élite del fútbol español. Ese es su principal legado, por encima de ascensos y descensos, de la final de Copa del Rey del 91 y otras gestas deportivas. Para dejar las cosas claras desde un principio. Miquel Contestí es al Mallorca lo que en su día representó Santiago Bernabéu al Real Madrid o, con todas sus imperfecciones, Josep Lluís Núñez para el Barcelona. Pero con un mérito añadido para el mallorquín que el viernes nos dejó a los 92 años, y es que su llegada a la presidencia evitó, así, sin ambages, la desaparición de la entidad mallorquinista. Y es que en 1978 se encontró una sociedad moribunda, sin apenas jugadores, sin balones ni vestuario. Al club le habían cortado la electricidad y carecía de liquidez para pagar las nóminas. Empezó de cero y, catorce años después, con muchos aciertos pero también con evidentes errores, dejó al club en la rampa de salida para competir con la élite del fútbol español. Ese es su principal legado, por encima de ascensos y descensos, de la final de Copa del Rey del 91 y otras gestas deportivas.
Para dejar las cosas claras desde un principio. Miquel Contestí es al Mallorca lo que en su día representó Santiago Bernabéu al Real Madrid o, con todas sus imperfecciones, Josep Lluís Núñez para el Barcelona. Pero con un mérito añadido para el mallorquín que el viernes nos dejó a los 92 años, y es que su llegada a la presidencia evitó, así, sin ambages, la desaparición de la entidad mallorquinista. Y es que en 1978 se encontró una sociedad moribunda, sin apenas jugadores, sin balones ni vestuario. Al club le habían cortado la electricidad y carecía de liquidez para pagar las nóminas. Empezó de cero y, catorce años después, con muchos aciertos pero también con evidentes errores, dejó al club en la rampa de salida para competir con la élite del fútbol español. Ese es su principal legado, por encima de ascensos y descensos, de la final de Copa del Rey del 91 y otras gestas deportivas.
Impulsivo, poco conciliador, siempre convencido de sus decisiones, que las tomaba por encima de cualquier otra opinión, Contestí era un presidente a la antigua usanza, como tantos otros de aquella época, finales de los 70, en los albores de la democracia. Como él, había un buen ramillete de dirigentes, Gil en el Atlético de Madrid, Caneda en el Compostela, Núñez en el Barcelona, acostumbrados a mandar sin importar las víctimas que quedaran por el camino.
Consiguió de la nada más absoluta revitalizar el mallorquinismo, dormido, si no muerto, cuando accedió a la presidencia. Con el club en las catacumbas del fútbol español -Tercera División-, empezó de cero a formar un equipo modesto que a base de victorias conectó con la afición, que cada vez era mayor. Tuvo la virtud de confiar en Antonio Oviedo, otro mallorquinista de pro, que ascendió al equipo a Segunda y, sobre todo, en Serra Ferrer, sin duda en el podio de los mejores entrenadores en la historia del club. Mantuvo con Contestí una relación de amor odio que no siempre acabó bien. Pero con el paso de los años, entre ellos dos quedó una relación de sincera amistad. Pelillos a la mar.
Gran conversador, era una mina para los periodistas, que se las veían para seleccionar el titular más jugoso de los muchos que dejaba en las entrevistas. No se casaba con nadie y era de los que llamaba al pan, pan, y al vino, vino.
Hombre de fuertes convicciones, tuvo la virtud de saber retirarse a tiempo. Nunca se sabrá qué hubiera ocurrido sin la obligada conversión de los clubes en sociedades anónimas. Él creía en los socios, en el fútbol de toda la vida. Opinaba que el cambio que se avecinaba acabaría con el encanto de los clubes. Cumplió su palabra y se fue. Con el paso de los años, y alcanzados los mayores hitos en la historia del club -presencia en competiciones europeas, título de la Copa del Rey- posiblemente la historia no le haya hecho justicia. El fútbol es rabioso presente donde no importa el ayer sino el ahora. Por eso suena a chino para las nuevas generaciones el nombre de Contestí, o el de Jaume Rosselló, otra personalidad fundamental en la historia del club, el hombre del primer ascenso a Primera en 1960. Los actuales dirigentes están a tiempo de conseguir que su figura no quede en el olvido, por encima de homenajes puntuales. La gran suerte del Mallorca fue cruzarse en su camino con Miquel Contestí Cardell, un personaje que si no hubiera existido, habría que inventarlo.
Diario de Mallorca – Deportes
