Una. Dos. Hasta tres barreras sucesivas de gendarmes con equipo antidisturbios, fuerzas auxiliares y policías de fronteras de Marruecos sellaban en la medianoche del jueves al viernes la frontera de Findeq (Castillejos en la era del Protectorado español) con Ceuta. Decenas de vehículos policiales, tanquetas y hasta un camión lanza-agua describían en perfecta formación un despliegue de seguridad destinado a sellar la ciudad autónoma. Miles de migrantes irregulares habían irrumpido en su interior por mar y por tierra durante la jornada del jueves, en un aluvión humano sin precedentes desde 2021.
Las fuerzas de seguridad de Rabat redoblan el control nocturno en la frontera en Castillejos, pero toleran el paso de continuado de migrantes irregulares por la costa hacia la ciudad autónoma española
Una. Dos. Hasta tres barreras sucesivas de gendarmes con equipo antidisturbios, fuerzas auxiliares y policías de fronteras de Marruecos sellaban en la medianoche del jueves al viernes la frontera de Findeq (Castillejos en la era del Protectorado español) con Ceuta. Decenas de vehículos policiales, tanquetas y hasta un camión lanza-agua describían en perfecta formación un despliegue de seguridad destinado a sellar la ciudad autónoma. Miles de migrantes irregulares habían irrumpido en su interior por mar y por tierra durante la jornada del jueves, en un aluvión humano sin precedentes desde 2021.
Los agentes mantenían a raya a los centenares de jóvenes que desde cercanas colinas les tiraban piedras, en un paisaje de batalla de vehículos con los cristales rotos y barricadas de vallas de tráfico. Se mantenían firmes en sus puestos, mientras miles de personas, en su mayoría hombres jóvenes y menores de edad, desfilaban en silencio por la playa, chapoteando sobre la marea alta, sin que nadie interrumpiera su cortejo de sombras que caminaban en dirección a Ceuta. Pasaban a escasos metros de las líneas policiales hasta el espigón que marca la frontera de la Unión Europea en el norte de África.
“Esperamos refuerzos en las próximas horas para poder detener este flujo de personas”, aseguraba un suboficial de las fuerzas auxiliares (cuerpo parapolicial). Los agentes decían aguardar una Hora H para dispersar a los jóvenes concentrados en las colinas de Castillejos con el objetivo de asaltar la valla fronteriza, y para poner coto al paso ininterrumpido de marroquíes, grupos de marroquíes y algunos subsaharianos hacia España.
Isaías, funcionario del distrito de la Cerámica de Castillejos, el más cercano al puesto fronterizo del Tarajal, enviaba a las mujeres con niños a dormir al pueblo desde la última línea de control de seguridad. Decenas de personas pernoctaban en los parques y acampaban con fogatas en los solares de Findeq a la espera de intentar llegar a suelo español. “Por aquí arriba no va a poder pasar nadie sin papeles”, zanjaba. “Los que van allí abajo por la playa van a seguir pasando. Eso es un problema que tiene España. Son cosas de la diplomacia”, alegaba sin más explicaciones.
Nadie se iba a casa, familias enteras con niños permanecían sentadas junto a la vía de acceso a la frontera marroquí. “Venimos de Tánger. Tenemos pasaporte, pero no tenemos visado. Tengo trabajo, pero no tengo futuro. Creemos que en España nos espera una vida mejor”, confiesa con mirada lejana Said, un pintor de 47 años, en el sólido castellano que hablan los tangerinos de varias generaciones. Le acompañan su esposa Nesma, de 36 años; su hija Romaisa, de 12, y su hijo Tarik, de dos. “Con los niños, no podemos cruzar por la playa y las rocas, como toda esa gente. Esperamos a que mañana se abra la frontera y nos dejen pasar libremente”, reconocía un confiado Said, entre grupos de jóvenes que marchaban con flotadores dispuestos a echarse al agua en plena noche.
Como muchos otros que aguardaban en la medianoche de Castillejos, confiaban en que a la mañana siguiente podrían atravesar la frontera sin problemas, como en un sueño, una información sin fundamento procedente de las redes sociales en la que muchos creían bajo la luna llena oculta por la bruma marina con fe religiosa.
La presión migratoria sobre Ceuta se ha trasladado también a Melilla, donde ha sido cerrada la frontera con Marruecos para evitar un asalto de migrantes irregulares. Miles de personas, en su mayoría jóvenes, se han dirigido en masa en los últimos días hacia ambas ciudades españolas en un fenómeno amplificado por medios digitales y redes sociales.
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