María Benjumea: «La tecnología solo tiene sentido si beneficia a las personas»

Coorganizado por IE University y el Gobierno del Estado de Río Grande do Sul, South Summit fundado por María Benjumea se ha consolidado como uno de los puntos clave de conexión entre el ecosistema emprendedor latinoamericano y los inversores internacionales. Entre las ganadores de esta quinta edición figuran Dairy Tech, Nucleo Vitro, Unibao, Naturannova y la española Flomics.

¿Qué significa realmente “human by design”, el lema de esta edición, en decisiones empresariales concretas?

El concepto de human by design va muy en línea con lo que estamos viviendo con la inteligencia artificial. Todas las tecnologías son enormemente positivas: impulsan el desarrollo, aceleran la evolución de la humanidad, transforman la empresa y la sociedad de una manera extraordinaria. Pero hay algo que no podemos perder nunca de vista: la tecnología tiene que desarrollarse para beneficiar a las personas.

En el momento en que interioricemos de verdad esa idea, estaremos haciendo las cosas bien. Lo que no puede ocurrir es que avancemos por un lado en tecnología y nos olvidemos de lo más importante. Además, hay que aprender y enseñar a todo el mundo a sacar el mayor partido posible de la tecnología, tanto a nivel profesional —en generación de empleo, productividad o competitividad— como a nivel personal.

Por eso hemos querido centrar ahí nuestro mensaje este año. Porque estamos en un momento en el que, además de todas las tecnologías que ya veníamos trabajando, la inteligencia artificial ha irrumpido como una auténtica revolución. Lleva años entre nosotros, sí, pero desde hace uno o dos años su impacto es total. Ahora bien, primero no podemos olvidarnos del planeta: la sostenibilidad es fundamental y forma parte de ese enfoque humanista, porque sin planeta no hay innovación, ni negocio, ni prosperidad. Y, por último, la persona tiene que seguir siendo el centro. Todo se crea y se desarrolla para beneficiar a las personas.

Quinta edición de South Summit Brasil. ¿Qué buscan hoy los inversores que no buscaban hace unos años?

Los inversores internacionales han aumentado claramente en número, porque lo que ven aquí, en Brasil, en Porto Alegre y en Rio Grande do Sul, es un ecosistema con proyectos y startups de enorme calidad en todas sus etapas de crecimiento. La startup no es un momento de la compañía: es una cultura. Es innovación, escalabilidad rápida y visión global. Y vienen porque ven que aquí hay muchas empresas buenas y con potencial real.

De hecho, muchas startups empezaron con vosotros y ya son unicornios.

Así es. En España, desde luego, ha ocurrido con muchas, y aquí estamos viendo también esa evolución de una forma muy clara. Es una maravilla y una satisfacción enorme.

No debemos olvidar, además, que hasta 2021 vivimos una etapa de crecimiento muy fuerte. Incluso durante la pandemia siguió habiendo inversión, aunque con rondas más pequeñas, como era lógico. El dinero estaba ahí, esperando. Y cuando pasó lo peor de 2020, en 2021 se produjo una auténtica explosión: la inversión se multiplicó por cuatro respecto a 2019 y 2020. Fue algo extraordinario.

Sabíamos que ese ritmo no podía mantenerse indefinidamente, porque era casi imposible. Y entonces llegó la corrección del mercado. Empezaron las subidas de tipos, la inflación, los movimientos geopolíticos… todo eso, a partir de 2022, afectó lógicamente al ecosistema. A la vez, el ecosistema maduró muchísimo, y eso es positivo. Pero cuando alrededor aparecen tantas alertas, desaparece la euforia.

Las valoraciones, además, se habían disparado demasiado. Era una situación que recordaba, en cierta forma, al boom de internet. A partir de 2022 y, sobre todo, en 2023, se produjo una corrección fuerte: muchas valoraciones se redujeron muchísimo. Algunas compañías han seguido creciendo, por supuesto, pero ya no al ritmo desaforado de antes.

¿Qué aprende de South Summit en Brasil y qué se lleva de vuelta a Madrid?

Muchísimo. Yo vuelvo a Madrid siempre muy cargada de energía. Y, como bien dices, el aprendizaje va en doble dirección. Pero si me centro en lo que veo aquí, en Latinoamérica —y especialmente en Brasil y en Rio Grande do Sul—, hay algo que no tiene precio: la implicación absoluta de todos los actores.

Por supuesto, están los actores naturales del ecosistema: startups, corporaciones e inversores. Pero aquí hay además dos actores de impulso que a mí me impresionan especialmente. Por un lado, el tejido empresarial, incluso diría los propios empresarios y propietarios, muy comprometidos. Y por otro, el contexto político, con implicación desde distintos colores y sensibilidades.

Yo me siento muy orgullosa de que en España la ley de startups se aprobara con apoyo de todos los partidos políticos. Pero más allá de las leyes, importa el día a día, y aquí esa implicación cotidiana es realmente extraordinaria.

Y hay otra cosa que me apasiona: el papel de la universidad. Ver cómo la universidad actúa como un actor real, activo, en la generación de ecosistema. En Rio Grande do Sul hay un ejemplo potentísimo de eso. Cuando ves cómo confluyen y trabajan de la mano los actores del ecosistema con la universidad, entiendes de verdad cómo se construye futuro. Porque necesitamos no solo negocio e inversión, sino también formación, talento, conexión con la realidad y una visión compartida.

¿Diría que hoy hay más oportunidades en Latinoamérica que en Europa y España?

Yo también estoy muy contenta de ver el giro de Europa. Y creo que hay que hablar de ello en positivo. Los informes de Enrico Letta y Mario Draghi han sido muy importantes para que Europa, como Unión Europea, reaccione de verdad.

Europa ha respondido siendo consciente de algo fundamental: tenemos un talento impresionante. En Europa y en España hay un talento extraordinario. Una parte muy importante de las grandes creaciones, de las grandes empresas punteras del mundo, y también de la investigación y la innovación, está sostenida por talento europeo. Lo que faltaba era dar un paso más y decir: «Nosotros también tenemos que hacerlo aquí».

Y ese cambio se está produciendo. La Unión Europea ha apostado por grandes fondos que puedan trabajar junto al capital privado para generar mucha más inversión, impulsar el crecimiento de estas compañías y evitar que el talento se vaya por necesidad. Si se quiere ir por ambición o expansión, fantástico. Pero no por falta de oportunidades aquí.

Además, se está generando otro movimiento que me parece muy importante: igual que en España aprobamos una ley de startups y en Madrid se ha trabajado para reducir burocracia y barreras, en Europa empieza a cocerse una política común que facilite que este tipo de compañías se muevan libremente por todo el continente. Que una startup pueda operar con naturalidad desde España, Alemania o Países Bajos es algo buenísimo. Y ahí nos van a tener siempre trabajando para apoyar esa visión.

¿Europa está reaccionando lo suficiente frente a Estados Unidos y China?

Creo que sí está reaccionando, pero queda mucho camino por recorrer. En Estados Unidos hay muchísimo dinero, y sobre todo hay una cultura de riesgo muy consolidada. El dinero privado no solo existe, sino que quiere estar ahí, quiere apostar, asumiendo que unas inversiones saldrán mal y otras saldrán extraordinariamente bien. Y eso forma parte del crecimiento de un país y de sus compañías.

Por eso muchas de las grandes realidades empresariales del mundo hoy son americanas. En el otro extremo está China, con un modelo muy distinto, pero con una apuesta de país brutal. La transformación que ha vivido China en muy pocos años ha sido impresionante. Eso también es una forma de convicción.

Por tanto, sí, Europa está reaccionando y eso me entusiasma. Pero no podemos quedarnos solo en la reacción institucional. Podemos movilizar cientos de miles de millones de euros, pero si las grandes compañías privadas y los grandes inversores privados no entran de lleno en este juego, no será suficiente. Esto no va solo de impulso público: va de una apuesta conjunta, decidida y ambiciosa.

¿Cuál ha sido la decisión más difícil de tu trayectoria al frente de South Summit?

Probablemente la más difícil y arriesgada fue en 2016 o 2017. Era la primera vez que contábamos con un apoyo a través de Europa, a través del Fondo Social Europeo, en un contexto además muy complejo desde el punto de vista político y burocrático. Y, de pronto, no recibimos más que un 25% de lo previsto.

Estábamos a apenas tres meses de la siguiente edición del South Summit, con gran parte del presupuesto aún por cubrir. Y no solo eso: parte de lo que ya habíamos pagado y comprometido se tambaleó. Era una situación dificilísima.

Pero ahí decidimos apostar. Después del golpe inicial, dijimos: «Adelante. No podemos romperlo ahora. Ya está todo en marcha: vienen los inversores, están las startups, está todo preparado. Ya decidiremos después qué hacer». Y seguimos.

Y lo más maravilloso fue llegar al South Summit y ver que nadie sabía nada de lo que había pasado. Todo era entusiasmo, sonrisas, gente diciendo lo importante que era aquello para sus negocios y para sus proyectos. Fue como recibir una inyección de sentido. Ahí pensé: «Déjate de coñas y sigue para adelante».

Eso resume muy bien lo que es un ecosistema y también lo que es emprender: no todo es fácil; casi nada lo es. Pero lo importante es seguir adelante, porque merece la pena.

Viene de un encuentro con mujeres emprendedoras brasileñas. ¿Con qué sensación sales?

Apasionada. Vengo apasionada porque el mensaje que ellas defienden es el mensaje en el que yo creo profundamente.

Yo tengo 72 años. Me educaron para casarme y tener hijos. Tuve la suerte de vivir justo el momento en que las mujeres empezaban a ir masivamente a la universidad. Muchas iban, pero luego no continuaban. Yo tuve la suerte de poder trabajar a mi ritmo, formar mi familia a mi ritmo y construir mi camino profesional.

He vivido en primera persona la transformación de la mujer. Siempre he trabajado por mi cuenta, nunca para otros, y eso también me ha hecho asumir mis propios límites y mis propias decisiones. Pero ver hoy un mensaje tan claro como «el mundo ha cambiado, podemos conseguir lo que queremos y tenemos que luchar por ello» me emociona profundamente.

La mejor manera de lograr que las mujeres estén donde tienen que estar es que las que ya creemos que podemos hacerlo ayudemos a las que todavía no se lo creen. De verdad. Me siento muy orgullosa de formar parte de una sociedad que ha sido capaz, en tan pocos años dentro de la historia de la humanidad, de transformar de manera tan radical el papel de la mujer.

No se trata de victimismo ni de creernos superiores. No somos mejores: somos personas. Habrá personas mejores y peores, como en todo. Lo importante es que estemos ahí, que nos lo creamos y que ayudemos a quienes aún no tienen esas posibilidades.

Y en el mundo del emprendimiento seguimos teniendo una asignatura pendiente. Solo el 20% de los fundadores son mujeres, y si hablamos de inversión, solo el 3% va a proyectos creados por mujeres. Pero yo no creo que el dinero tenga género. El dinero quiere multiplicarse. Lo que tenemos que hacer es saber vender bien nuestros proyectos, demostrar su valor y convencer de que merecen la pena.

Hay estudios, además, que muestran que las empresas fundadas por mujeres ofrecen mejor retorno para los inversores. Por eso insisto tanto en que debemos salir del discurso de la queja y centrarnos en prepararnos, en convencernos y en saber defender lo que hacemos.

¿Cree que faltan más mujeres inversoras?

Puede influir, claro, pero no creo que esa sea la clave central. La clave es que nosotras sepamos vender. Que nos lo creamos. Que sepamos explicar bien por qué nuestro proyecto merece inversión.

Y eso es precisamente lo que me gusta de muchas de estas mujeres brasileñas: que están al servicio de otras mujeres para ayudarles a desarrollar las competencias que necesitan para avanzar. Ahí veo una gran diferencia, al menos respecto a España.

Yo quiero estar en esa liga. En 2004 pusimos en marcha un estudio sobre mujer y empleo, y de ahí nació después un programa maravilloso con la Comunidad de Madrid, entre 2007 y 2011, que se llamó LIDERA. La idea era muy clara: ayudarte a convencerte de que tú puedes, detectar qué competencias necesitabas reforzar y apoyarte ahí.

Los resultados fueron fantásticos. Y todavía hoy, veinte años después, me encuentro con mujeres que me dicen: «Soy una mujer LIDERA». ¿Y qué significaba eso? Que de pronto se abría una ventana y comprendían que no dependían de los demás, sino de sí mismas. Que dentro de su campo podían llegar tan lejos como quisieran, siempre que buscaran los recursos y el apoyo adecuados.

¿Dónde le gustaría ver a South Summit dentro de cinco años?

Me gustaría verlo extendiendo este espíritu y estas convicciones por todo el mundo. Me gustaría ver a South Summit ayudando a desarrollar sociedades en las que emprender, innovar y crecer sea cada vez más posible.

Y hablo no solo de emprendedores: también de inversores y de corporaciones, que necesitan colaborar con las compañías innovadoras para responder al ritmo trepidante del mercado. Me gustaría ver a South Summit muy extendido, muy conectado con todos, siendo un actor más, pero un actor que cataliza, que acelera y que ayuda a trasladar todo eso lo más lejos posible.

Esa es mi ilusión. Y además sé que no es solo mía: hay un equipo enorme detrás y, en realidad, hay toda una comunidad. South Summit es ya una gran familia. Y en el momento en que interioricemos de verdad la importancia de este ecosistema, esa será la gran aportación de South Summit: ayudar a generar una economía con impacto, una economía que cambie mentalidades y facilite el crecimiento de todos los actores implicados.

¿Y en términos geográficos? ¿Dónde le gustaría crecer?

Nos gustaría estar en más lugares, lógicamente. Iremos trabajándolo. Es impresionante ver cómo se desarrolla este ecosistema en todo el mundo. Seguramente haremos actuaciones más pequeñas en distintos puntos de Europa, América Latina y Estados Unidos para seguir generando ecosistema.

Y también me encantaría, con este mismo espíritu, crecer más en Asia. Ya hacemos cosas en Corea, pero no es exactamente esto. Al final, las personas somos muy parecidas en todas partes. Lo que hace falta es la implicación de los actores que tienen capacidad real de movilizar, de empujar y de transformar. Y eso, de momento, en Corea no lo hemos conseguido del todo.

 South Summit Brazil concluyó este viernes en Porto Alegre, consolidando el evento como una de las principales plataformas globales de conexión entre startups, inversores y corporaciones. Entre los vencedores de esta quinta edición figura la startup española Flomics  

Coorganizado por IE University y el Gobierno del Estado de Río Grande do Sul, South Summit fundado por María Benjumea se ha consolidado como uno de los puntos clave de conexión entre el ecosistema emprendedor latinoamericano y los inversores internacionales. Entre las ganadores de esta quinta edición figuran Dairy Tech, Nucleo Vitro, Unibao, Naturannova y la española Flomics.

¿Qué significa realmente “human by design”, el lema de esta edición, en decisiones empresariales concretas?

El concepto de human by design va muy en línea con lo que estamos viviendo con la inteligencia artificial. Todas las tecnologías son enormemente positivas: impulsan el desarrollo, aceleran la evolución de la humanidad, transforman la empresa y la sociedad de una manera extraordinaria. Pero hay algo que no podemos perder nunca de vista: la tecnología tiene que desarrollarse para beneficiar a las personas.

En el momento en que interioricemos de verdad esa idea, estaremos haciendo las cosas bien. Lo que no puede ocurrir es que avancemos por un lado en tecnología y nos olvidemos de lo más importante. Además, hay que aprender y enseñar a todo el mundo a sacar el mayor partido posible de la tecnología, tanto a nivel profesional —en generación de empleo, productividad o competitividad— como a nivel personal.

Por eso hemos querido centrar ahí nuestro mensaje este año. Porque estamos en un momento en el que, además de todas las tecnologías que ya veníamos trabajando, la inteligencia artificial ha irrumpido como una auténtica revolución. Lleva años entre nosotros, sí, pero desde hace uno o dos años su impacto es total. Ahora bien, primero no podemos olvidarnos del planeta: la sostenibilidad es fundamental y forma parte de ese enfoque humanista, porque sin planeta no hay innovación, ni negocio, ni prosperidad. Y, por último, la persona tiene que seguir siendo el centro. Todo se crea y se desarrolla para beneficiar a las personas.

Quinta edición de South Summit Brasil. ¿Qué buscan hoy los inversores que no buscaban hace unos años?

Los inversores internacionales han aumentado claramente en número, porque lo que ven aquí, en Brasil, en Porto Alegre y en Rio Grande do Sul, es un ecosistema con proyectos y startups de enorme calidad en todas sus etapas de crecimiento. La startup no es un momento de la compañía: es una cultura. Es innovación, escalabilidad rápida y visión global. Y vienen porque ven que aquí hay muchas empresas buenas y con potencial real.

De hecho, muchas startups empezaron con vosotros y ya son unicornios.

Así es. En España, desde luego, ha ocurrido con muchas, y aquí estamos viendo también esa evolución de una forma muy clara. Es una maravilla y una satisfacción enorme.

No debemos olvidar, además, que hasta 2021 vivimos una etapa de crecimiento muy fuerte. Incluso durante la pandemia siguió habiendo inversión, aunque con rondas más pequeñas, como era lógico. El dinero estaba ahí, esperando. Y cuando pasó lo peor de 2020, en 2021 se produjo una auténtica explosión: la inversión se multiplicó por cuatro respecto a 2019 y 2020. Fue algo extraordinario.

Sabíamos que ese ritmo no podía mantenerse indefinidamente, porque era casi imposible. Y entonces llegó la corrección del mercado. Empezaron las subidas de tipos, la inflación, los movimientos geopolíticos… todo eso, a partir de 2022, afectó lógicamente al ecosistema. A la vez, el ecosistema maduró muchísimo, y eso es positivo. Pero cuando alrededor aparecen tantas alertas, desaparece la euforia.

Las valoraciones, además, se habían disparado demasiado. Era una situación que recordaba, en cierta forma, al boom de internet. A partir de 2022 y, sobre todo, en 2023, se produjo una corrección fuerte: muchas valoraciones se redujeron muchísimo. Algunas compañías han seguido creciendo, por supuesto, pero ya no al ritmo desaforado de antes.

¿Qué aprende de South Summit en Brasil y qué se lleva de vuelta a Madrid?

Muchísimo. Yo vuelvo a Madrid siempre muy cargada de energía. Y, como bien dices, el aprendizaje va en doble dirección. Pero si me centro en lo que veo aquí, en Latinoamérica —y especialmente en Brasil y en Rio Grande do Sul—, hay algo que no tiene precio: la implicación absoluta de todos los actores.

Por supuesto, están los actores naturales del ecosistema: startups, corporaciones e inversores. Pero aquí hay además dos actores de impulso que a mí me impresionan especialmente. Por un lado, el tejido empresarial, incluso diría los propios empresarios y propietarios, muy comprometidos. Y por otro, el contexto político, con implicación desde distintos colores y sensibilidades.

Yo me siento muy orgullosa de que en España la ley de startups se aprobara con apoyo de todos los partidos políticos. Pero más allá de las leyes, importa el día a día, y aquí esa implicación cotidiana es realmente extraordinaria.

Y hay otra cosa que me apasiona: el papel de la universidad. Ver cómo la universidad actúa como un actor real, activo, en la generación de ecosistema. En Rio Grande do Sul hay un ejemplo potentísimo de eso. Cuando ves cómo confluyen y trabajan de la mano los actores del ecosistema con la universidad, entiendes de verdad cómo se construye futuro. Porque necesitamos no solo negocio e inversión, sino también formación, talento, conexión con la realidad y una visión compartida.

¿Diría que hoy hay más oportunidades en Latinoamérica que en Europa y España?

Yo también estoy muy contenta de ver el giro de Europa. Y creo que hay que hablar de ello en positivo. Los informes de Enrico Letta y Mario Draghi han sido muy importantes para que Europa, como Unión Europea, reaccione de verdad.

Europa ha respondido siendo consciente de algo fundamental: tenemos un talento impresionante. En Europa y en España hay un talento extraordinario. Una parte muy importante de las grandes creaciones, de las grandes empresas punteras del mundo, y también de la investigación y la innovación, está sostenida por talento europeo. Lo que faltaba era dar un paso más y decir: «Nosotros también tenemos que hacerlo aquí».

Y ese cambio se está produciendo. La Unión Europea ha apostado por grandes fondos que puedan trabajar junto al capital privado para generar mucha más inversión, impulsar el crecimiento de estas compañías y evitar que el talento se vaya por necesidad. Si se quiere ir por ambición o expansión, fantástico. Pero no por falta de oportunidades aquí.

Además, se está generando otro movimiento que me parece muy importante: igual que en España aprobamos una ley de startups y en Madrid se ha trabajado para reducir burocracia y barreras, en Europa empieza a cocerse una política común que facilite que este tipo de compañías se muevan libremente por todo el continente. Que una startup pueda operar con naturalidad desde España, Alemania o Países Bajos es algo buenísimo. Y ahí nos van a tener siempre trabajando para apoyar esa visión.

¿Europa está reaccionando lo suficiente frente a Estados Unidos y China?

Creo que sí está reaccionando, pero queda mucho camino por recorrer. En Estados Unidos hay muchísimo dinero, y sobre todo hay una cultura de riesgo muy consolidada. El dinero privado no solo existe, sino que quiere estar ahí, quiere apostar, asumiendo que unas inversiones saldrán mal y otras saldrán extraordinariamente bien. Y eso forma parte del crecimiento de un país y de sus compañías.

Por eso muchas de las grandes realidades empresariales del mundo hoy son americanas. En el otro extremo está China, con un modelo muy distinto, pero con una apuesta de país brutal. La transformación que ha vivido China en muy pocos años ha sido impresionante. Eso también es una forma de convicción.

Por tanto, sí, Europa está reaccionando y eso me entusiasma. Pero no podemos quedarnos solo en la reacción institucional. Podemos movilizar cientos de miles de millones de euros, pero si las grandes compañías privadas y los grandes inversores privados no entran de lleno en este juego, no será suficiente. Esto no va solo de impulso público: va de una apuesta conjunta, decidida y ambiciosa.

¿Cuál ha sido la decisión más difícil de tu trayectoria al frente de South Summit?

Probablemente la más difícil y arriesgada fue en 2016 o 2017. Era la primera vez que contábamos con un apoyo a través de Europa, a través del Fondo Social Europeo, en un contexto además muy complejo desde el punto de vista político y burocrático. Y, de pronto, no recibimos más que un 25% de lo previsto.

Estábamos a apenas tres meses de la siguiente edición del South Summit, con gran parte del presupuesto aún por cubrir. Y no solo eso: parte de lo que ya habíamos pagado y comprometido se tambaleó. Era una situación dificilísima.

Pero ahí decidimos apostar. Después del golpe inicial, dijimos: «Adelante. No podemos romperlo ahora. Ya está todo en marcha: vienen los inversores, están las startups, está todo preparado. Ya decidiremos después qué hacer». Y seguimos.

Y lo más maravilloso fue llegar al South Summit y ver que nadie sabía nada de lo que había pasado. Todo era entusiasmo, sonrisas, gente diciendo lo importante que era aquello para sus negocios y para sus proyectos. Fue como recibir una inyección de sentido. Ahí pensé: «Déjate de coñas y sigue para adelante».

Eso resume muy bien lo que es un ecosistema y también lo que es emprender: no todo es fácil; casi nada lo es. Pero lo importante es seguir adelante, porque merece la pena.

Viene de un encuentro con mujeres emprendedoras brasileñas. ¿Con qué sensación sales?

Apasionada. Vengo apasionada porque el mensaje que ellas defienden es el mensaje en el que yo creo profundamente.

Yo tengo 72 años. Me educaron para casarme y tener hijos. Tuve la suerte de vivir justo el momento en que las mujeres empezaban a ir masivamente a la universidad. Muchas iban, pero luego no continuaban. Yo tuve la suerte de poder trabajar a mi ritmo, formar mi familia a mi ritmo y construir mi camino profesional.

He vivido en primera persona la transformación de la mujer. Siempre he trabajado por mi cuenta, nunca para otros, y eso también me ha hecho asumir mis propios límites y mis propias decisiones. Pero ver hoy un mensaje tan claro como «el mundo ha cambiado, podemos conseguir lo que queremos y tenemos que luchar por ello» me emociona profundamente.

La mejor manera de lograr que las mujeres estén donde tienen que estar es que las que ya creemos que podemos hacerlo ayudemos a las que todavía no se lo creen. De verdad. Me siento muy orgullosa de formar parte de una sociedad que ha sido capaz, en tan pocos años dentro de la historia de la humanidad, de transformar de manera tan radical el papel de la mujer.

No se trata de victimismo ni de creernos superiores. No somos mejores: somos personas. Habrá personas mejores y peores, como en todo. Lo importante es que estemos ahí, que nos lo creamos y que ayudemos a quienes aún no tienen esas posibilidades.

Y en el mundo del emprendimiento seguimos teniendo una asignatura pendiente. Solo el 20% de los fundadores son mujeres, y si hablamos de inversión, solo el 3% va a proyectos creados por mujeres. Pero yo no creo que el dinero tenga género. El dinero quiere multiplicarse. Lo que tenemos que hacer es saber vender bien nuestros proyectos, demostrar su valor y convencer de que merecen la pena.

Hay estudios, además, que muestran que las empresas fundadas por mujeres ofrecen mejor retorno para los inversores. Por eso insisto tanto en que debemos salir del discurso de la queja y centrarnos en prepararnos, en convencernos y en saber defender lo que hacemos.

¿Cree que faltan más mujeres inversoras?

Puede influir, claro, pero no creo que esa sea la clave central. La clave es que nosotras sepamos vender. Que nos lo creamos. Que sepamos explicar bien por qué nuestro proyecto merece inversión.

Y eso es precisamente lo que me gusta de muchas de estas mujeres brasileñas: que están al servicio de otras mujeres para ayudarles a desarrollar las competencias que necesitan para avanzar. Ahí veo una gran diferencia, al menos respecto a España.

Yo quiero estar en esa liga. En 2004 pusimos en marcha un estudio sobre mujer y empleo, y de ahí nació después un programa maravilloso con la Comunidad de Madrid, entre 2007 y 2011, que se llamó LIDERA. La idea era muy clara: ayudarte a convencerte de que tú puedes, detectar qué competencias necesitabas reforzar y apoyarte ahí.

Los resultados fueron fantásticos. Y todavía hoy, veinte años después, me encuentro con mujeres que me dicen: «Soy una mujer LIDERA». ¿Y qué significaba eso? Que de pronto se abría una ventana y comprendían que no dependían de los demás, sino de sí mismas. Que dentro de su campo podían llegar tan lejos como quisieran, siempre que buscaran los recursos y el apoyo adecuados.

¿Dónde le gustaría ver a South Summit dentro de cinco años?

Me gustaría verlo extendiendo este espíritu y estas convicciones por todo el mundo. Me gustaría ver a South Summit ayudando a desarrollar sociedades en las que emprender, innovar y crecer sea cada vez más posible.

Y hablo no solo de emprendedores: también de inversores y de corporaciones, que necesitan colaborar con las compañías innovadoras para responder al ritmo trepidante del mercado. Me gustaría ver a South Summit muy extendido, muy conectado con todos, siendo un actor más, pero un actor que cataliza, que acelera y que ayuda a trasladar todo eso lo más lejos posible.

Esa es mi ilusión. Y además sé que no es solo mía: hay un equipo enorme detrás y, en realidad, hay toda una comunidad. South Summit es ya una gran familia. Y en el momento en que interioricemos de verdad la importancia de este ecosistema, esa será la gran aportación de South Summit: ayudar a generar una economía con impacto, una economía que cambie mentalidades y facilite el crecimiento de todos los actores implicados.

¿Y en términos geográficos? ¿Dónde le gustaría crecer?

Nos gustaría estar en más lugares, lógicamente. Iremos trabajándolo. Es impresionante ver cómo se desarrolla este ecosistema en todo el mundo. Seguramente haremos actuaciones más pequeñas en distintos puntos de Europa, América Latina y Estados Unidos para seguir generando ecosistema.

Y también me encantaría, con este mismo espíritu, crecer más en Asia. Ya hacemos cosas en Corea, pero no es exactamente esto. Al final, las personas somos muy parecidas en todas partes. Lo que hace falta es la implicación de los actores que tienen capacidad real de movilizar, de empujar y de transformar. Y eso, de momento, en Corea no lo hemos conseguido del todo.

 Noticias de Economía Nacional e Internacional en La Razón

Más Noticias