Muchas carreteras de nuestra red están como el Gobierno, llenas de parches. Hace cinco años que los transportistas gallegos hicieron un inventario de la A6, poniendo de manifiesto el lamentable estado del pavimento, lo que obligaba a que muchos conductores circulasen por el carril izquierdo, debido al mal estado del derecho. Nadie les hizo caso. Más o menos como lo que ha sucedido con los informes de los maquinistas del AVE, que denunciaban exceso de vibraciones, ruidos y deficiente estado de las vías, y no se les escuchó. Ha tenido que suceder la tragedia de Adamuz para que el Gobierno prometa un 40% más de inversión en esas infraestructuras. Algo parecido están denunciando los ingenieros especializados en obras hidráulicas, en relación con nuestros embalses. Aseguran que el dinero que se invierte en conservarlos es ínfimo con relación a las necesidades, motivo por el cual tenemos presas en las que hay filtraciones, mal drenaje y sistemas de desagüe semi obstruidos.
A los gobiernos les gusta inaugurar obras, pero no invertir en sanear, porque eso no tiene foto electoral. Pocos gobernantes se ocupan de esta cuestión. Lo hicieron y lo dijeron Ana Botella en Madrid y Luisa Fernanda Rudi en Aragón, pero casi nadie les compró el discurso. Luego también es culpa de la ciudadanía, que aplaude más una obra nueva que la reparación de las infraestructuras existentes. Hay que cambiar el chip, en la calle y en los despachos. De nada nos sirve decir que tenemos a mejor red de autovías del mundo si están en estado lamentable. La imagen que damos, también en esto, es la peor.
A los gobiernos les gusta inaugurar obras, pero no invertir en sanear, porque eso no tiene foto electoral
Muchas carreteras de nuestra red están como el Gobierno, llenas de parches. Hace cinco años que los transportistas gallegos hicieron un inventario de la A6, poniendo de manifiesto el lamentable estado del pavimento, lo que obligaba a que muchos conductores circulasen por el carril izquierdo, debido al mal estado del derecho. Nadie les hizo caso. Más o menos como lo que ha sucedido con los informes de los maquinistas del AVE, que denunciaban exceso de vibraciones, ruidos y deficiente estado de las vías, y no se les escuchó. Ha tenido que suceder la tragedia de Adamuz para que el Gobierno prometa un 40% más de inversión en esas infraestructuras. Algo parecido están denunciando los ingenieros especializados en obras hidráulicas, en relación con nuestros embalses. Aseguran que el dinero que se invierte en conservarlos es ínfimo con relación a las necesidades, motivo por el cual tenemos presas en las que hay filtraciones, mal drenaje y sistemas de desagüe semi obstruidos.
A los gobiernos les gusta inaugurar obras, pero no invertir en sanear, porque eso no tiene foto electoral. Pocos gobernantes se ocupan de esta cuestión. Lo hicieron y lo dijeron Ana Botella en Madrid y Luisa Fernanda Rudi en Aragón, pero casi nadie les compró el discurso. Luego también es culpa de la ciudadanía, que aplaude más una obra nueva que la reparación de las infraestructuras existentes. Hay que cambiar el chip, en la calle y en los despachos. De nada nos sirve decir que tenemos a mejor red de autovías del mundo si están en estado lamentable. La imagen que damos, también en esto, es la peor.
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