Los supermercados contienen los precios pese a sufrir ya 70 millones de sobrecostes pero avisan: «La situación es muy preocupante»

Los supermercados siguen aguantando el tipo a pesar de los importantes efectos que tiene el conflicto de Oriente Medio sobre su actividad. Sin embargo, la preocupación es máxima en el sector por los sobrecostes que puedan seguir asumiendo y los posibles «efectos de segunda ronda» que pueda traer la inflación provocada por una guerra que se prolonga ya más de lo previsto por los expertos y sobre la que no hay certeza alguna de cuándo acabará.

Según ha explicado Asedas, patronal de supermercados como Mercadona, Lidl, Aldi o Dia, toda la cadena agroalimentaria «está sufriendo sobrecostes estructurales que afectan al combustible, a los productos para cuya fabricación se necesitan materias primas dependientes del petróleo (celulosas, polietileno, hojalata…) y a los productos agrarios, que han experimentado sobrecostes en los insumos como fertilizantes y otros».

A pesar de ello, los supermercados aseguran que «no hay evidencia de que se haya encarecido ningún producto alimentario debido a la crisis en Oriente Medio. De hecho, la variación anual del IPC en alimentos y bebidas no alcohólicas se situó en mayo en el 2,2%, cuatro décimas por debajo de la del mes anterior, según el Instituto Nacional de Estadística». Este dato, añaden, «demuestra, una vez más, la responsabilidad de la cadena agroalimentaria en la absorción de los sobrecostes».

En el caso de las empresas de supermercados y mayoristas de alimentación, la continuidad del conflicto en Oriente Medio sigue sumando costes adicionales. Asedas, que representa al 75% de la distribución alimentaria, calcula que el precio de la energía alcanzaba a finales de mayo un incremento del 15% desde el inicio de la guerra. A día de hoy, con datos actualizados y previsiones a junio, el sobrecoste del transporte y la energía podría suponer ya, según sus cálculos, un acumulado de 70 millones de euros.

Contención

Asedas ha asegurado que sus asociados están preparados para actuar como «barrera de contención» ante los incrementos de costes en todos los operadores de la cadena para garantizar el suministro de productos de primera necesidad a los precios más reducidos posibles. No obstante, ha advertido de que «la situación es muy preocupante ya que la incertidumbre sobre la duración del conflicto y su nivel de incidencia sobre los costes operativos es muy difícil de estimar». Además, la patronal ha avisado de que se espera que el impacto de la inflación se multiplique por los llamados efectos de «segunda ronda», como el incremento de intereses o de alquileres, que, a día de hoy, son imposibles de cuantificar.

Asedas ha destacado que la situación es también «muy delicada en los archipiélagos», muy dependientes del transporte marítimo y, por tanto, de la subida del precio del combustible, del coste de los fletes y de los servicios portuarios.

Aunque sigue aguantando el tipo, el sector de la distribución viene desde hace tiempo alertando de que su capacidad de absorción de sobrecostes tiene un límite. La patronal de las empresas de gran consumo Aecoc ya advirtió a finales de abril de que las empresas estaban tratando de evitar que los precios se trasladasen al consumidor con planes de eficiencia y restringiendo sus márgenes. No obstante, alertó de que era algo que no se podía mantener mucho tiempo dado que «los márgenes no son altos».

 La patronal Asedas advierte de que la incertidumbre por el conflicto en Oriente Medio hace difícil prever cuánto subirán los gastos extra   

Los supermercados siguen aguantando el tipo a pesar de los importantes efectos que tiene el conflicto de Oriente Medio sobre su actividad. Sin embargo, la preocupación es máxima en el sector por los sobrecostes que puedan seguir asumiendo y los posibles «efectos de segunda ronda» que pueda traer la inflación provocada por una guerra que se prolonga ya más de lo previsto por los expertos y sobre la que no hay certeza alguna de cuándo acabará.

Según ha explicado Asedas, patronal de supermercados como Mercadona, Lidl, Aldi o Dia, toda la cadena agroalimentaria «está sufriendo sobrecostes estructurales que afectan al combustible, a los productos para cuya fabricación se necesitan materias primas dependientes del petróleo (celulosas, polietileno, hojalata…) y a los productos agrarios, que han experimentado sobrecostes en los insumos como fertilizantes y otros».

El INE confirma la inflación de mayo en el 3,2% y eleva una décima la subyacente, hasta 3%

A pesar de ello, los supermercados aseguran que «no hay evidencia de que se haya encarecido ningún producto alimentario debido a la crisis en Oriente Medio. De hecho, la variación anual del IPC en alimentos y bebidas no alcohólicas se situó en mayo en el 2,2%, cuatro décimas por debajo de la del mes anterior, según el Instituto Nacional de Estadística». Este dato, añaden, «demuestra, una vez más, la responsabilidad de la cadena agroalimentaria en la absorción de los sobrecostes».

En el caso de las empresas de supermercados y mayoristas de alimentación, la continuidad del conflicto en Oriente Medio sigue sumando costes adicionales. Asedas, que representa al 75% de la distribución alimentaria, calcula que el precio de la energía alcanzaba a finales de mayo un incremento del 15% desde el inicio de la guerra. A día de hoy, con datos actualizados y previsiones a junio, el sobrecoste del transporte y la energía podría suponer ya, según sus cálculos, un acumulado de 70 millones de euros.

Asedas ha asegurado que sus asociados están preparados para actuar como «barrera de contención» ante los incrementos de costes en todos los operadores de la cadena para garantizar el suministro de productos de primera necesidad a los precios más reducidos posibles. No obstante, ha advertido de que «la situación es muy preocupante ya que la incertidumbre sobre la duración del conflicto y su nivel de incidencia sobre los costes operativos es muy difícil de estimar». Además, la patronal ha avisado de que se espera que el impacto de la inflación se multiplique por los llamados efectos de «segunda ronda», como el incremento de intereses o de alquileres, que, a día de hoy, son imposibles de cuantificar.

Asedas ha destacado que la situación es también «muy delicada en los archipiélagos», muy dependientes del transporte marítimo y, por tanto, de la subida del precio del combustible, del coste de los fletes y de los servicios portuarios.

Aunque sigue aguantando el tipo, el sector de la distribución viene desde hace tiempo alertando de que su capacidad de absorción de sobrecostes tiene un límite. La patronal de las empresas de gran consumo Aecoc ya advirtió a finales de abril de que las empresas estaban tratando de evitar que los precios se trasladasen al consumidor con planes de eficiencia y restringiendo sus márgenes. No obstante, alertó de que era algo que no se podía mantener mucho tiempo dado que «los márgenes no son altos».

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