Una alianza hasta ahora nunca vista en Rumania, la de los socialdemócratas y los ultranacionalistas, ha reunido este martes el respaldo suficiente para sacar adelante en el Parlamento una moción de censura contra el Gobierno del conservador Ilie Bolojan. En una sesión conjunta de la Cámara de los Diputados y el Senado, el Partido Social Demócrata (PSD) votó contra el Ejecutivo junto a las formaciones de extrema derecha Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), el segundo mayor partido del Parlamento, la formación SOS, de la polémica eurodiputada Diana Șoșoacă, y el soberanista Partido de los Jóvenes (POT). La moción sumó 281 apoyos, con lo que superó ampliamente los 233 necesarios para destituirlo.
La inédita alianza entre partidos de signo opuesto fuerza la salida del primer ministro conservador, que permanecerá en funciones hasta la formación de un nuevo Ejecutivo
Los socialdemócratas y los ultranacionalistas de Rumania han logrado este martes el respaldo suficiente para sacar adelante en el Parlamento una moción de censura contra el Gobierno del conservador Ilie Bolojan. En una sesión conjunta de la Cámara de los Diputados y el Senado, el Partido Social Demócrata (PSD) votó contra el Ejecutivo junto a las formaciones de extrema derecha Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), el segundo mayor partido del Parlamento, la formación SOS, de la polémica eurodiputada Diana Șoșoacă, y el soberanista Partido de los Jóvenes (POT). La moción sumó 281 apoyos, con lo que superó ampliamente los 233 necesarios para destituirlo.
De este modo, el Ejecutivo pasa a ser provisional y deja en el aire la estabilidad política del país. Ahora, el presidente rumano, Nicușor Dan, debe convocar a las facciones políticas a consultas para la elección de un candidato a la jefatura de gobierno. La persona designada dispondrá de diez días para ser investida. En el caso de que no lo consiga, el país estará abocado a nuevas elecciones legislativas.
El PSD, que hasta el mes pasado formaba parte de la coalición gubernamental que incluía también a liberales y a la minoría húngara, es el impulsor de la moción titulada “Detengan el Plan Bolojan para la destrucción de la economía, el empobrecimiento de la población y la venta fraudulenta de activos estatales”. A esta propuesta se unió rápidamente la formación ultraderechista Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), el segundo mayor partido del Parlamento.
“Deseo que continuemos con esta coalición, hacer cosas realmente buenas por los rumanos. Durante 10 meses no se gobierna como debería. Es nuestro deber dejar de lado el orgullo partidario y encontrar una buena solución para Rumania”, ha declarado el líder del PSD, Sorin Grindeanu.
Los socialdemócratas esgrimen que la ruptura con el primer ministro se debe a las impopulares medidas de ajuste aplicadas por Bolojan —y apoyadas por los socialdemócratas— para reducir el déficit público, el más alto en la Unión Europea, del 9,3% en 2024 al 7,9%, bajo la presión del bloqueo de fondos por la Comisión Europea. “Hace 10 meses, llegué en una situación difícil para hacer lo correcto, no lo que es popular, sino lo necesario (…). No lo provoqué, lo encontré y no pude ocultarlo”, declaró Bolojan en su defensa en el estrado del Hemiciclo.
El jefe del Ejecutivo aprobó con el beneplácito de los socios de Gobierno la subida del IVA, las cotizaciones sociales y los impuestos sobre los carburantes y el alcohol, así como la congelación de los salarios del sector público. El impacto de las medidas se reflejó en un descenso del crecimiento económico y el alza de precios. A esto se suman los efectos de la guerra en Irán, que ha llevado a que la inflación alcance casi un 10% en marzo.
“Reducimos la administración en un 10%, lo hicimos a pesar nuestro y con el freno de mano echado”, señaló el primer ministro rumano antes de asegurar que “la Comisión Europea validó esta trayectoria”. Además, el mandatario conservador pretendía privatizar compañías estatales y reformar la administración local, dos propuestas que también desataron la ira del PSD, el partido que más representación tiene en el país.
En las próximas horas, la formación que lidera Bolojan, el Partido Nacional Liberal (PNL), dirimirá si intenta recomponer el Gobierno o se marcha a la oposición y cede a los socialdemócratas y los ultranacionalistas la posibilidad de constituir un nuevo ejecutivo. El presidente ha insistido en el rumbo proeuropeo del país y ha llamado a la calma ante la incertidumbre política. “Todas las opciones que tengo en mente, ya sean mayoritarias o minoritarias, en términos de la composición del gobierno, se basan en el apoyo mayoritario de los partidos prooccidentales”, afirmó el jefe de Estado, excluyendo así a los ultranacionalistas.
Precisamente, esta crisis se produce un año después de la victoria de Dan en las controvertidas elecciones presidenciales que llegaron a ser anuladas seis meses antes por el triunfo del entonces desconocido y actualmente procesado Calin Georgescu, un ultra aupado por la plataforma TikTok y la injerencia de Rusia. Por su parte, el líder extremista de AUR, George Simion, declaró en el Parlamento que su formación asume el mandato de un futuro gobierno: “Es tiempo de la reconciliación nacional”.
“La guerra contra las reformas iniciada por el PSD con el apoyo evidente del presidente podría costarle a Rumania varias decenas de miles de millones de euros”, asegura Cristian Pantazi, analista de G4media.ro. En concreto, se refiere al dinero que Bucarest recibe por el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia, el programa SAFE —un instrumento europeo para fortalecer la industria militar— y a los fondos de cohesión. “En los últimos cuatro años, Bucarest se ha beneficiado de la indulgencia de la UE en materia de reformas precisamente por este estribillo que se ha repetido hasta la saciedad: finjamos que trabajamos para que los extremistas no lleguen al Gobierno ni a la Presidencia; Ahora, las máscaras se han caído: los barones del PSD han estrechado la mano de los extremistas de AUR, portadores del mensaje ruso, sin temor alguno al ridículo”, recalca Pantazi.
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