La aprobación del acuerdo entre la Unión Europa y Mercosur para allanar el camino a la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo ha generado un gran malestar entre los agricultores españoles. Los agricultores han ocupado las calles de todo el país con tractores para oponerse a esta medida, que aún no ha sido ratificada, y que tanto les perjudica. En el caso de materializarse, tendrían que competir con productos importados de países en los que el coste de producción es mucho menor, las normativas medioambientales son menos exigentes y las regulaciones sanitarias son diferentes, un hecho que pone en peligro un negocio que da de comer a casi un millón de personas en nuestro país.
La preocupación de este sector ha generado un gran debate internacional, que también ha llegado a las casas de los españoles. Los ciudadanos se preguntan de qué forma va a afectar esta medida a su bolsillo y cómo va a cambiar la compra en el caso de que salga adelante.
La carne de vacuno: la gran perjudicada
El motivo no es una subida directa de precios provocada por el acuerdo, sino un cambio en el equilibrio del mercado. La llegada de alimentos producidos con costes más bajos aumenta la competencia y presiona a la baja los precios en origen dentro de la UE. Para muchos productores europeos, especialmente pequeños y medianos, esto puede traducirse en falta de rentabilidad y abandono de la actividad. A medio plazo, una menor oferta local acaba reflejándose en precios más altos.
El sector que más inquietud genera es el de la carne de vacuno europea. Los países de Mercosur son grandes exportadores de carne y el acuerdo amplía los contingentes que pueden entrar en el mercado comunitario. Las organizaciones ganaderas sostienen que esta competencia puede reducir el número de explotaciones europeas, especialmente las de ganadería extensiva.
Si disminuye la producción local, la carne europea, especialmente la de proximidad, con sellos de calidad o mayores estándares de bienestar animal, podría volverse más escasa en los lineales y, por tanto, más cara. El consumidor seguiría encontrando carne a precios bajos, pero cada vez más importada.
Quesos, lácteos y productos artesanos
Un escenario similar podría darse en algunos productos lácteos, sobre todo en quesos artesanos y producciones ligadas a pequeñas explotaciones. Estos productos no compiten en volumen ni en precio con grandes cadenas de importación, y dependen de un mercado que valore el origen y la calidad. La reducción del tejido productivo local puede acabar limitando la oferta y encareciendo este tipo de alimentos.
Otros sectores que han expresado inquietud son la miel, ciertas frutas y producciones muy vinculadas al territorio. En estos casos, el riesgo no es tanto una sustitución inmediata por importaciones, sino la pérdida progresiva de productores locales ante una competencia más barata. A largo plazo, esta dependencia exterior puede repercutir en el precio final y en la variedad disponible para el consumidor.
Más barato no siempre significa mejor
Desde el sector agrario insisten en que el acuerdo puede abaratar algunos alimentos, pero advierten de que ese ahorro inicial puede tener consecuencias. Menos producción local implica menor capacidad de autoabastecimiento, mayor dependencia de terceros países y una oferta más limitada de producto europeo.
El debate, por tanto, no se centra solo en el precio, sino en qué se produce, dónde y en qué condiciones. Mientras la UE defiende que el acuerdo incluye mecanismos de protección y cláusulas de salvaguarda, el campo europeo teme que estas medidas no sean suficientes para evitar un cambio profundo en la cesta de la compra.
El efecto del acuerdo no será inmediato ni uniforme. Algunos productos pueden mantenerse estables, otros abaratarse y otros encarecerse progresivamente. Lo que sí coinciden agricultores y analistas es en que el impacto real se verá a medio plazo, cuando el mercado se ajuste a una mayor presencia de importaciones y a una posible reducción de la producción local.
Así, el acuerdo con Mercosur no solo plantea un debate comercial, sino también una pregunta clave para el consumidor europeo: qué alimentos quiere encontrar en el supermercado en los próximos años y a qué precio.
El riesgo no es tanto una sustitución inmediata por importaciones, sino la pérdida progresiva de productores locales ante una competencia cada vez más barata
La aprobación del acuerdo entre la Unión Europa y Mercosur para allanar el camino a la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo ha generado un gran malestar entre los agricultores españoles. Los agricultores han ocupado las calles de todo el país con tractores para oponerse a esta medida, que aún no ha sido ratificada, y que tanto les perjudica. En el caso de materializarse, tendrían que competir con productos importados de países en los que el coste de producción es mucho menor, las normativas medioambientales son menos exigentes y las regulaciones sanitarias son diferentes, un hecho que pone en peligro un negocio que da de comer a casi un millón de personas en nuestro país.
La preocupación de este sector ha generado un gran debate internacional, que también ha llegado a las casas de los españoles. Los ciudadanos se preguntan de qué forma va a afectar esta medida a su bolsillo y cómo va a cambiar la compra en el caso de que salga adelante.
La carne de vacuno: la gran perjudicada
El motivo no es una subida directa de precios provocada por el acuerdo, sino un cambio en el equilibrio del mercado. La llegada de alimentos producidos con costes más bajos aumenta la competencia y presiona a la baja los precios en origen dentro de la UE. Para muchos productores europeos, especialmente pequeños y medianos, esto puede traducirse en falta de rentabilidad y abandono de la actividad. A medio plazo, una menor oferta local acaba reflejándose en precios más altos.
El sector que más inquietud genera es el de la carne de vacuno europea. Los países de Mercosur son grandes exportadores de carne y el acuerdo amplía los contingentes que pueden entrar en el mercado comunitario. Las organizaciones ganaderas sostienen que esta competencia puede reducir el número de explotaciones europeas, especialmente las de ganadería extensiva.
Si disminuye la producción local, la carne europea, especialmente la de proximidad, con sellos de calidad o mayores estándares de bienestar animal, podría volverse más escasa en los lineales y, por tanto, más cara. El consumidor seguiría encontrando carne a precios bajos, pero cada vez más importada.
Quesos, lácteos y productos artesanos
Un escenario similar podría darse en algunos productos lácteos, sobre todo en quesos artesanos y producciones ligadas a pequeñas explotaciones. Estos productos no compiten en volumen ni en precio con grandes cadenas de importación, y dependen de un mercado que valore el origen y la calidad. La reducción del tejido productivo local puede acabar limitando la oferta y encareciendo este tipo de alimentos.
Otros sectores que han expresado inquietud son la miel, ciertas frutas y producciones muy vinculadas al territorio. En estos casos, el riesgo no es tanto una sustitución inmediata por importaciones, sino la pérdida progresiva de productores locales ante una competencia más barata. A largo plazo, esta dependencia exterior puede repercutir en el precio final y en la variedad disponible para el consumidor.
Más barato no siempre significa mejor
Desde el sector agrario insisten en que el acuerdo puede abaratar algunos alimentos, pero advierten de que ese ahorro inicial puede tener consecuencias. Menos producción local implica menor capacidad de autoabastecimiento, mayor dependencia de terceros países y una oferta más limitada de producto europeo.
El debate, por tanto, no se centra solo en el precio, sino en qué se produce, dónde y en qué condiciones. Mientras la UE defiende que el acuerdo incluye mecanismos de protección y cláusulas de salvaguarda, el campo europeo teme que estas medidas no sean suficientes para evitar un cambio profundo en la cesta de la compra.
El efecto del acuerdo no será inmediato ni uniforme. Algunos productos pueden mantenerse estables, otros abaratarse y otros encarecerse progresivamente. Lo que sí coinciden agricultores y analistas es en que el impacto real se verá a medio plazo, cuando el mercado se ajuste a una mayor presencia de importaciones y a una posible reducción de la producción local.
Así, el acuerdo con Mercosur no solo plantea un debate comercial, sino también una pregunta clave para el consumidor europeo: qué alimentos quiere encontrar en el supermercado en los próximos años y a qué precio.
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