Dicen que todos los conflictos armados se parecen, pero basta estar unos días en Líbano para notar que no es tan simple: este recuerda al de 2024 porque comparte territorio y contendientes, pero justamente por eso las diferencias pesan más. En apenas diez días aquí ya me ha tocado cubrir demasiados funerales —un periodista, dos paramédicos, dos niños— y la lista crece con otros tres periodistas y nueve sanitarios muertos en ataques israelíes, como si ni siquiera quienes cuentan lo que ocurre o intentan salvar vidas estuvieran a salvo. Y lo que se instala no es solo el impacto de las cifras —878 civiles muertos, 121 de ellos niños, más de 3.200 heridos y cerca de un millón de desplazados—, sino una tensión más honda, más difícil de sacudir: la sensación de estar viendo repetirse patrones conocidos, la de reconocer en la persecución de médicos y periodistas una señal inquietante, una antesala que en otros conflictos ha precedido a episodios aún más brutales
Dicen que todos los conflictos armados se parecen, pero basta estar unos días en Líbano para notar que no es tan simple
Una mujer observa desde la cocina de su casa, dañada por los bombardeos de las fuerzas israelíes, la destrucción de su barrio en Babi Chit, en el valle de la Becá, el 26 de marzo.Manu BraboEquipos de emergencia buscan restos humanos cerca de una bolsa que contiene el cuerpo sin vida de un paramédico, asesinado junto a un compañero en un ataque selectivo de un dron israelí mientras se desplazaban en moto para entregar ayuda alimentaria en Nabatieh (Líbano), el 24 de marzo.Manu BraboFamiliares y allegados dan un último adiós al cadáver de Jawad, de 11 años, asesinado junto a su tío durante un ataque aéreo israelí, mientras jugaban al futbol en el patio de su casa en Saksakiyeh (Líbano), el 28 de marzo.Manu BraboPolvo y humo salen de un edificio colapsado tras un ataque aéreo israelí en Tiro (Líbano), el 24 de marzo.Un chico, desplazado forzoso, descansa en el interior del coche de su familia en un campamento de desplazados improvisado en la franja costera de Beirut (Líbano), el 21 de marzo.Manu BraboUna madre y un niño desplazados por la guerra se calientan junto al fuego en un campamento improvisado en la zona costera de Beirut el pasado 21 de marzo.Una mujer deambula por los alrededores de un edificio destruido por un ataque aéreo israelí en Tiro (Líbano), el 24 de marzo.Zeinab, madre del paramédico de 23 años Ali Jaber, asesinado en un ataque selectivo de dron israelí, besa el sudario que envuelve el cadáver de su hijo durante su funeral en Nabatieh (Líbano), el 25 de marzo.Manu Brabo
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