¿Sabes quién formuló la célebre frase «Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo»? Su autor fue John Maynard Keynes, uno de los economistas más influyentes del siglo XX y padre intelectual de buena parte de las políticas económicas modernas.
Pero, ¿qué sugiere exactamente este enunciado? A primera vista, parece una reflexión sobre la naturaleza del endeudamiento y el poder que otorga el tamaño de una deuda. Sin embargo, si se analiza con detenimiento, la frase apunta a la asimetría de riesgos entre quien presta y quien recibe, y cómo esa relación puede invertirse cuando las cifras dejan de ser modestas.
Keynes parte de una premisa sencilla: si alguien debe una cantidad reducida —como una libra en su ejemplo—, la responsabilidad recae por completo sobre él. El acreedor puede reclamar o ejecutar la deuda sin que ello comprometa su estabilidad financiera. El deudor, en cambio, tiene poco margen de maniobra y debe encontrar la forma de pagar.
Pero la frase da un giro de 180 grados cuando la deuda asciende a «un millón». En ese caso, sostiene Keynes, el problema deja de ser del deudor y pasa a ser del acreedor. Esto es así porque una deuda elevada es, en sí misma, un riesgo sistémico. Si el deudor no puede pagar, el prestamista afronta una pérdida significativa. En otras palabras, el acreedor queda atrapado y ya no puede limitarse a exigir el pago: necesita negociar, refinanciar, flexibilizar o incluso asumir parte del coste. El deudor, paradójicamente, gana poder a través de su incapacidad.
¿Quién fue John Maynard Keynes?
John Maynard Keynes (1883‑1946) fue un economista británico cuya influencia marcó la política económica del siglo XX y el principal impulsor de la idea de que los mercados no siempre se autorregulan.
Su obra, desarrollada en plena Gran Depresión, defendía que el Estado debía intervenir activamente para estabilizar la economía, impulsar el empleo y sostener la demanda cuando el sector privado se paralizaba. Su libro Teoría general del empleo, el interés y el dinero transformó por completo la política económica moderna y dio origen al keynesianismo, una corriente que sigue marcando decisiones gubernamentales en todo el mundo.
Además de teórico, Keynes fue un inversor y negociador clave en la creación del sistema financiero internacional de posguerra. Su pensamiento se caracterizaba por el pragmatismo: desconfiaba de los dogmas y prefería analizar cómo funciona realmente la economía, con sus incentivos, riesgos y relaciones de poder. De esa mirada nace su célebre frase sobre la deuda, una reflexión que revela cómo, cuando las cifras son lo suficientemente grandes, el peso del problema puede desplazarse del deudor al acreedor.
El economista británico marcó la política económica del siglo XX y fue el principal impulsor de la idea de que los mercados no siempre se autorregulan
¿Sabes quién formuló la célebre frase «Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo»? Su autor fue John Maynard Keynes, uno de los economistas más influyentes del siglo XX y padre intelectual de buena parte de las políticas económicas modernas.
Pero, ¿qué sugiere exactamente este enunciado? A primera vista, parece una reflexión sobre la naturaleza del endeudamiento y el poder que otorga el tamaño de una deuda. Sin embargo, si se analiza con detenimiento, la frase apunta a la asimetría de riesgos entre quien presta y quien recibe, y cómo esa relación puede invertirse cuando las cifras dejan de ser modestas.
Keynes parte de una premisa sencilla: si alguien debe una cantidad reducida —como una libra en su ejemplo—, la responsabilidad recae por completo sobre él. El acreedor puede reclamar o ejecutar la deuda sin que ello comprometa su estabilidad financiera. El deudor, en cambio, tiene poco margen de maniobra y debe encontrar la forma de pagar.
Pero la frase da un giro de 180 grados cuando la deuda asciende a «un millón». En ese caso, sostiene Keynes, el problema deja de ser del deudor y pasa a ser del acreedor. Esto es así porque una deuda elevada es, en sí misma, un riesgo sistémico. Si el deudor no puede pagar, el prestamista afronta una pérdida significativa. En otras palabras, el acreedor queda atrapado y ya no puede limitarse a exigir el pago: necesita negociar, refinanciar, flexibilizar o incluso asumir parte del coste. El deudor, paradójicamente, gana poder a través de su incapacidad.
John Maynard Keynes (1883‑1946) fue un economista británico cuya influencia marcó la política económica del siglo XX y el principal impulsor de la idea de que los mercados no siempre se autorregulan.
Su obra, desarrollada en plena Gran Depresión, defendía que el Estado debía intervenir activamente para estabilizar la economía, impulsar el empleo y sostener la demanda cuando el sector privado se paralizaba. Su libro Teoría general del empleo, el interés y el dinero transformó por completo la política económica moderna y dio origen al keynesianismo, una corriente que sigue marcando decisiones gubernamentales en todo el mundo.
Además de teórico, Keynes fue un inversor y negociador clave en la creación del sistema financiero internacional de posguerra. Su pensamiento se caracterizaba por el pragmatismo: desconfiaba de los dogmas y prefería analizar cómo funciona realmente la economía, con sus incentivos, riesgos y relaciones de poder. De esa mirada nace su célebre frase sobre la deuda, una reflexión que revela cómo, cuando las cifras son lo suficientemente grandes, el peso del problema puede desplazarse del deudor al acreedor.
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