Keepcool alarga hasta un 40% la vida útil de la carne refrigerada

La startup española KeepCool ha validado con éxito una solución tecnológica que permite extender entre un 30% y un 40% la vida útil de la carne refrigerada, mejorando su conservación y reduciendo de forma directa el desperdicio alimentario. La validación se ha realizado con el respaldo del Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA).

La tecnología desarrollada por KeepCool combina absorbedores de aminas biogénicas —marcadores tempranos del deterioro asociados a la proliferación de bacterias alterantes— con un sistema propio de purificación del aire en cámaras frigoríficas, denominado BIOgermicide.

Esta combinación actúa directamente sobre los factores que aceleran el deterioro del producto, ralentizando el crecimiento microbiano sin necesidad de modificar los procesos productivos ni las características del alimento.

Un problema estructural

Aunque la validación más reciente se ha centrado en carne refrigerada, la oportunidad de mercado que detectó KeepCool es mucho más amplia. «El problema de la carga microbiana no es exclusivo de la carne, afecta a todo el sector alimentario», explica Juan José Caravaca, fundador y CEO de la compañía.

«La hemos validado también en pescado, huevos, fruta y cítricos. En estos últimos, por ejemplo, hemos conseguido eliminar el penicillium en cámaras frigoríficas, un hongo que hace invendible el producto y genera pérdidas importantes para el productor», añade.

Los resultados obtenidos confirman que la solución permite mantener la calidad microbiológica y sensorial durante más tiempo, reduciendo las mermas a lo largo de toda la cadena de valor, desde el procesado hasta el punto de venta.

El avance llega en un momento especialmente relevante para la industria. El aumento de costes, la presión regulatoria y la entrada en vigor de la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario obligan a los productores a controlar la merma y justificar cómo la reducen. Las sanciones pueden alcanzar los 500.000 euros.

«Hoy la rentabilidad es clara», subraya Caravaca. «Nuestra tecnología permite reducir desperdicio de forma directa y cumplir con la normativa. El coste aproximado es de unos cinco euros por metro cúbico en toda la vida útil del equipo, que es de cuatro años, sin necesidad de hacer obras ni cambiar instalaciones».

Entre los beneficios para la industria destacan: Menor desperdicio alimentario. Mayor eficiencia logística y operativa. Reducción de costes por retiradas, devoluciones y producto no vendido. Mejora de la sostenibilidad y de los estándares de seguridad alimentaria.

Según el informe técnico preliminar del CNTA, el impacto observado tiene una incidencia directa en la rentabilidad y competitividad de empresas cárnicas y de distribución. KeepCool es una startup deep tech con un fuerte componente industrial. «Somos una fábrica», aclara Caravaca. «Detrás hay mucha investigación y desarrollo —contamos con ocho patentes—, pero fabricamos nuestros propios equipos para cámaras frigoríficas y salas de procesado, así como filtros para el transporte en camiones y contenedores».

La compañía dispone de una nave industrial en el polígono de San Ginés, en Murcia, desde donde produce su tecnología. El proyecto actual se constituyó en 2024, aunque su origen se remonta a un trabajo universitario desarrollado hace más de quince años, enfocado inicialmente en alargar la vida útil de frutas, verduras y flores. «El mayor obstáculo siempre es la financiación», reconoce el CEO. «Pero también es clave que el mercado te conozca. La visibilidad es fundamental para una startup».

En paralelo al despliegue comercial, KeepCool ha sido seleccionada para el programa Cajamar Innova, impulsado junto a Eatable Adventures, donde la startup está explorando la revalorización de filtros usados para su aplicación en la regeneración de suelos agrícolas en zonas áridas como Murcia y Almería, reforzando su enfoque de economía circular.

«Ahora estamos centrados al cien por cien en vender», concluye Caravaca. «Las soluciones ya están validadas y el objetivo para los próximos 12 a 24 meses es introducirlas en el mercado, crecer y escalar».

 La tecnología de esta startup combina la eficacia de sus absorbedores de aminas biogénicas con un sistema de purificación de aire en cámaras frigoríficas  

La startup española KeepCool ha validado con éxito una solución tecnológica que permite extender entre un 30% y un 40% la vida útil de la carne refrigerada, mejorando su conservación y reduciendo de forma directa el desperdicio alimentario. La validación se ha realizado con el respaldo del Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA).

La tecnología desarrollada por KeepCool combina absorbedores de aminas biogénicas —marcadores tempranos del deterioro asociados a la proliferación de bacterias alterantes— con un sistema propio de purificación del aire en cámaras frigoríficas, denominado BIOgermicide.

Esta combinación actúa directamente sobre los factores que aceleran el deterioro del producto, ralentizando el crecimiento microbiano sin necesidad de modificar los procesos productivos ni las características del alimento.

Un problema estructural

Aunque la validación más reciente se ha centrado en carne refrigerada, la oportunidad de mercado que detectó KeepCool es mucho más amplia. «El problema de la carga microbiana no es exclusivo de la carne, afecta a todo el sector alimentario», explica Juan José Caravaca, fundador y CEO de la compañía.

«La hemos validado también en pescado, huevos, fruta y cítricos. En estos últimos, por ejemplo, hemos conseguido eliminar el penicillium en cámaras frigoríficas, un hongo que hace invendible el producto y genera pérdidas importantes para el productor», añade.

Los resultados obtenidos confirman que la solución permite mantener la calidad microbiológica y sensorial durante más tiempo, reduciendo las mermas a lo largo de toda la cadena de valor, desde el procesado hasta el punto de venta.

El avance llega en un momento especialmente relevante para la industria. El aumento de costes, la presión regulatoria y la entrada en vigor de la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario obligan a los productores a controlar la merma y justificar cómo la reducen. Las sanciones pueden alcanzar los 500.000 euros.

«Hoy la rentabilidad es clara», subraya Caravaca. «Nuestra tecnología permite reducir desperdicio de forma directa y cumplir con la normativa. El coste aproximado es de unos cinco euros por metro cúbico en toda la vida útil del equipo, que es de cuatro años, sin necesidad de hacer obras ni cambiar instalaciones».

Entre los beneficios para la industria destacan: Menor desperdicio alimentario. Mayor eficiencia logística y operativa. Reducción de costes por retiradas, devoluciones y producto no vendido. Mejora de la sostenibilidad y de los estándares de seguridad alimentaria.

Según el informe técnico preliminar del CNTA, el impacto observado tiene una incidencia directa en la rentabilidad y competitividad de empresas cárnicas y de distribución. KeepCool es una startup deep tech con un fuerte componente industrial. «Somos una fábrica», aclara Caravaca. «Detrás hay mucha investigación y desarrollo —contamos con ocho patentes—, pero fabricamos nuestros propios equipos para cámaras frigoríficas y salas de procesado, así como filtros para el transporte en camiones y contenedores».

La compañía dispone de una nave industrial en el polígono de San Ginés, en Murcia, desde donde produce su tecnología. El proyecto actual se constituyó en 2024, aunque su origen se remonta a un trabajo universitario desarrollado hace más de quince años, enfocado inicialmente en alargar la vida útil de frutas, verduras y flores. «El mayor obstáculo siempre es la financiación», reconoce el CEO. «Pero también es clave que el mercado te conozca. La visibilidad es fundamental para una startup».

En paralelo al despliegue comercial, KeepCool ha sido seleccionada para el programa Cajamar Innova, impulsado junto a Eatable Adventures, donde la startup está explorando la revalorización de filtros usados para su aplicación en la regeneración de suelos agrícolas en zonas áridas como Murcia y Almería, reforzando su enfoque de economía circular.

«Ahora estamos centrados al cien por cien en vender», concluye Caravaca. «Las soluciones ya están validadas y el objetivo para los próximos 12 a 24 meses es introducirlas en el mercado, crecer y escalar».

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