Juanmi Armuña, un carnaval desde las butacas tras 23 años sobre las tablas

Hay quien nace para vivir el carnaval desde la butaca y quien, como Juanmi Armuña, ha hecho de las tablas durante 23 años su casa, a excepción de este 2026, que vive una festividad interrumpida, vivida desde la barrera, en su tierra, en Ceuta.

Tras 23 años subido al escenario del Carnaval de Ceuta, el que fue pregonero en 2025 vivió la final del COAC 2026 desde el otro lado, con las manos libres de gestos y su boca vacía de entonación, pero con su corazón atado a febrero.

Esta no es una retirada ni un adiós definitivo. Es una pausa atravesada por la pérdida, la reflexión y la necesidad de volver a empezar.

Un año distinto y un carnaval diferente

Este 2026 encuentra a Armuña en un lugar distinto: más cerca de su familia, más consciente del tiempo que el carnaval le ha regalado, y también arrebatado, y con la mirada puesta en un regreso que, si llega, será desde la verdad que siempre ha defendido en sus coplas.

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Habla de pasión como quien habla de fe en Dios. Para él, el carnaval no es solo fiesta, es cultura, denuncia, es religión. Ahora, observa desde la barrera lo que durante años construía desde dentro, con la extraña mezcla de alivio y nostalgia de quien sabe que pertenece a ese mundo, aunque, por primera vez en mucho tiempo, no lo viva desde dentro.

– Después de 23 años sobre las tablas en el Carnaval de Ceuta, este año vivía la final del COAC de Ceuta 2026 desde las butacas. ¿Cómo está siendo esa experiencia desde el otro lado?

– Está siendo una experiencia extraña; si bien es verdad que en días como hoy me muero de ganas por subirme a las tablas, durante estos meses previos al carnaval no he echado de menos los ensayos.

Los he disfrutado mucho en casa con la familia, cenando prontito, durmiendo a mis peques, disfrutando de la compañía y la conversación de mi compañera y yéndome a la cama prontito.

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¿Qué ha sentido al acercarse el carnaval sabiendo que, por primera vez en mucho tiempo, no formaría parte activa de ninguna agrupación ni en ningún otro acto?

– Este año me ha pillado en una etapa difícil de mi vida por la pérdida de mi padre y no he tenido en la cabeza el carnaval. Como te decía, cuando ves a los compañeros y compañeras sobre las tablas sientes esas ganas de volver a pisarlas, pero en los meses o semanas previas no he experimentado esa necesidad. Digamos que he sabido vivirlo de otra manera y sacar lo bueno de descansar.

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– ¿Ha sido una decisión difícil desvincularse este año? ¿Qué le llevó a dar ese paso?

– Al finalizar el carnaval 2025 sentía una necesidad acuciante de volver a escribir y cantar a Ceuta. La maravillosa experiencia vivida con la Comparsa de Granara llegó a un momento en que llegó, de alguna manera, a estancarse, después de un año difícil y tras una etapa en la que había hecho carnaval a distancia que me hizo echar de menos vivirlo de una manera más intensa.

Digamos que sentía esa necesidad de hacer carnaval de forma presencial, pisando los ensayos, viendo las caritas de los componentes cuando presentas una letra.

Además, había llegado un momento en el que sentía que necesitaba oxigenarme para volver con ideas renovadas y no cantarle siempre a lo mismo. He llegado a pensar que me volvía repetitivo y que mi copla había perdido frescura. Llegado a este punto, la cabeza y el corazón me pedía sacar una agrupación en Ceuta y asumir un reto distinto, como era componer para una chirigota.

Comencé un proyecto con Juan Carlos ‘Marmota’ pero ya avanzados los ensayos el concepto y la idea que yo tenía no llegó a cuajar con el grupo, por lo que decidí echarme a un lado y que continuaran ellos su camino.

Quizá me convertí en un lastre que el grupo tenía que soltar para despegar, y así se ha demostrado ya que han llegado al carnaval a defender una idea distinta, algo de lo que me alegro por el aprecio que le tengo a varios miembros de la agrupación. Dándose esta situación, siendo imposible hacer lo único que me motivaba y atendiendo a mis compromisos familiares y laborales, llegó el momento de apartarse.

– ¿Es una pausa temporal o un adiós definitivo?

– Espero que sea una pausa, además de temporal, de solo un año. Este parón me ha hecho ver que por ahora mi lugar en el carnaval sigue estando en Granada, con el grupo con el que he sido feliz durante muchos años y con el que me he podido expresar tal y como pienso y siento.

En cuanto a volver a los ensayos, al local, lo veo más complicado por mis circunstancias laborales y familiares. Lo que sí tengo claro es que, si lo hiciera, sería con mis admirados Josemi Romero, Alfredo Luque y Juanito Sánchez.

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– ¿Recuerda cómo fueron sus comienzos en el Carnaval de Ceuta? ¿Qué le enganchó para permanecer 23 años vinculado a la fiesta?

– Sí, recuerdo perfectamente cuando comencé cantando con José Antonio Pardo, ‘el pelirrojo’, que era el encargado de la carnicería de Supersol, en la que yo trabajaba.

Sacamos dos comparsas con un grupo sin apenas experiencia y en el que la gran mayoría no había pisado las tablas anteriormente. Fueron dos años muy ilusionantes e intensos, hasta que decidí sacar mi propia comparsa.

– El año pasado tuvo el honor de ser pregonero. ¿Qué significó para usted pronunciar el pregón del carnaval de su ciudad?

Fue un año de muchas sensaciones y, sobre todo, muy intenso. Te puedo asegurar que hacer un pregón, el que yo tenía en la cabeza y llevé a escena, es más difícil que sacar una agrupación.

Al principio sentí muchísima ilusión, me sentí muy querido, pero también experimenté vértigo por la gran responsabilidad que había asumido. Los meses anteriores al pregón fueron de disfrute, pero también de miedo.

A veces llegué a sentir que había pensado en un pregón por encima de mis posibilidades y muy difícil, pero ya no podía tirar la toalla por el carnaval y por todo lo que había movido ya.

Afortunadamente, creo que todo salió bien y fue un pregón participativo, dinámico y ameno, en el que me expresé libremente y agradecí a la vida que pusiera en mi carrera carnavalera y a mi lado a gente que me ha aportado mucho en todos los aspectos de mi vida.

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  – Si tuviera que resumir en una palabra lo que le ha dado el carnaval, ¿cuál sería? Y, por otro lado, ¿cree que el carnaval le ha quitado algo?

– El carnaval me ha dado una personalidad, me ha permitido la necesidad de expresarme libremente, de hablar con el corazón, de mirar a Ceuta a los ojos y decirle, con mucha sinceridad, lo que siento por ella.

Me siento muy satisfecho por lo que he hecho hasta ahora porque todo lo he hecho con sinceridad y siendo honesto conmigo. Siempre digo que el carnaval tiene fiesta pero no es una fiesta. El carnaval es una expresión artística, es cultura en mayúsculas, es la voz del pueblo… Y, para mí, es religión.

Por contra, el carnaval me ha quitado mucho tiempo hasta llegar a pensar que siempre estoy y estaré en deuda con los míos, a quienes les he privado de mi atención en muchos momentos.

Se suele decir que el carnaval crea lazos muy fuertes. ¿Qué tipo de amistades le ha regalado esta fiesta?

– El carnaval trasciende febrero y el local de ensayo, es una forma de vida. A mí me ha permitido conocer a gente maravillosa, a la que respeto y admiro. Personas que me han aportado mucho. Lo malo es cuando sientes que en el carnaval hay muchos “hermanos” y pocos amigos. No obstante, el carnaval sí me ha aportado algunos amigos.

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¿Cómo se vive la víspera del carnaval cuando por primera vez no hay eventos en el calendario en los que participar desde dentro? ¿Siente nostalgia?

– La siento con la tranquilidad que me aporta haber vivido hasta ahora el carnaval intensamente. Intentaré experimentar otras cosas, vivirlo de otra manera y disfrutar de lo que han preparado los compañeros y compañeras de las distintas agrupaciones, a quienes quiero felicitar por haber llegado a febrero para brindar un repertorio al pueblo.

¿Echa de menos los ensayos, los nervios previos a salir al escenario, el aplauso del público?

– Los ensayos, en general, no. Echo en falta el trato con muchos compañeros y amigos, pero me he sentido liberado de la responsabilidad y el compromiso de los ensayos. Los últimos años ya se me hicieron difíciles, llegaba al local cansado y con remordimiento por lo que dejaba en casa. Esto también contribuyó a acabar con mi ilusión.

 – Como espectador, ¿qué valora ahora que antes quizá pasaba desapercibido? ¿Está viviendo o disfrutando del carnaval de una forma más relajada?

– Valoro mucho el seguimiento que se hace del carnaval a través de los medios de comunicación. Creo que hay periodistas, como tú, que estáis empezando a ver la importancia del carnaval, su riqueza y lo que aporta a la vida social y cultural de la ciudad.

A esto hay que añadir la capacidad de difusión y de llegar a la gente que aportan las redes sociales. Lo que cantas llega a la gente sin filtro, y eso es maravilloso.

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¿Cómo ve la evolución del Carnaval de Ceuta en estos más de veinte años? ¿Ha notado algún cambio significante?

– Pues en realidad creo que nos hemos estancado un poco. Seguimos cantando a los mismos temas de siempre y no a los que realmente creo que hay que cantar. Pero, claro, esto es muy subjetivo. Cada autor escribe a lo que considera correcto y como lo siente, con su forma de ser y su ideología. Personalmente, considero que el carnaval de Ceuta necesita de alguien que aporte algo nuevo. Yo, desde luego, no he sabido hacerlo.

Siempre digo que el carnaval está también para poner a los golfos la cara ‘colorá’ y creo que esos golfos se están yendo de rositas. El carnaval tiene que ser incómodo para el poderoso, para quien daña a la sociedad, para quien se aprovecha de los demás, y una defensa a ultranza para el ‘apaleao’ para los vulnerables, para quienes lo pasan mal. Hay mucho pescadito en blanco y poca gente con ganas de meterse en los charcos.

Vuelvo a decir que esto es muy subjetivo; habrá quien piense que se mete en charcos, pero, a mi juicio, está lanzando mensajes rancios, haciendo humor con micromachismos o atacando al físico o a la vida privada de las personas.

Es totalmente compatible la crítica feroz a la gestión con el respeto a la vida privada. Lo que me da más pena es cuando la crítica o el ataque van dirigidos a personas vulnerables culpándolas de todo lo malo que ocurre en la ciudad.

Pero, vuelvo a decir, cada uno pone el foco en lo que considera correcto y se expresa como quiere y siente. No quiero convertirme en un criticón sentado en la butaca, ya volveré a expresarme en carnaval cuando se den las circunstancias.

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 – ¿Qué consejo daría a los jóvenes que empiezan ahora en el carnaval?

– No soy nadie para dar consejos… Si es verdad que la experiencia es un grado, no siempre el que lleva más tiempo sabe más. Solo les deseo que lo vivan de manera muy intensa y, sobre todo, lo respeten.

No vale todo y el público y la historia del carnaval merecen un respeto. Por un lado, que miren mucho a Cádiz en las formas y las maneras y, por otro, que canten a Ceuta con el corazón. Que estén siempre abiertos a aprender pero que elijan muy bien a sus maestros.

Se apagan las luces de la final y termina el COAC de Ceuta 2026, ¿cree que sentirá más nostalgia o guardará esta experiencia como espectador con cariño?

– Espero que haya sido un año que me haya servido de aprendizaje y que me haya permitido oxigenar mi cabeza y mi corazón para volver con un trabajo de calidad que regalar al aficionado.

– Si el carnaval fuera una emoción, ¿cuál sería para Juanmi Armuña?

– Sin duda, la pasión. Sin pasión, todo es nada.

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 Hay quien nace para vivir el carnaval desde la butaca y quien, como Juanmi Armuña, ha hecho de las tablas durante 23 años su casa, a excepción de este 2026, que vive una festividad interrumpida, vivida desde la barrera, en su tierra, en Ceuta. Tras 23 años subido al escenario del Carnaval de Ceuta, el
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Hay quien nace para vivir el carnaval desde la butaca y quien, como Juanmi Armuña, ha hecho de las tablas durante 23 años su casa, a excepción de este 2026, que vive una festividad interrumpida, vivida desde la barrera, en su tierra, en Ceuta.

Tras 23 años subido al escenario del Carnaval de Ceuta, el que fue pregonero en 2025 vivió la final del COAC 2026 desde el otro lado, con las manos libres de gestos y su boca vacía de entonación, pero con su corazón atado a febrero.

Esta no es una retirada ni un adiós definitivo. Es una pausa atravesada por la pérdida, la reflexión y la necesidad de volver a empezar.

Este 2026 encuentra a Armuña en un lugar distinto: más cerca de su familia, más consciente del tiempo que el carnaval le ha regalado, y también arrebatado, y con la mirada puesta en un regreso que, si llega, será desde la verdad que siempre ha defendido en sus coplas.

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Habla de pasión como quien habla de fe en Dios. Para él, el carnaval no es solo fiesta, es cultura, denuncia, es religión. Ahora, observa desde la barrera lo que durante años construía desde dentro, con la extraña mezcla de alivio y nostalgia de quien sabe que pertenece a ese mundo, aunque, por primera vez en mucho tiempo, no lo viva desde dentro.

– Después de 23 años sobre las tablas en el Carnaval de Ceuta, este año vivía la final del COAC de Ceuta 2026 desde las butacas. ¿Cómo está siendo esa experiencia desde el otro lado?

– Está siendo una experiencia extraña; si bien es verdad que en días como hoy me muero de ganas por subirme a las tablas, durante estos meses previos al carnaval no he echado de menos los ensayos.

Los he disfrutado mucho en casa con la familia, cenando prontito, durmiendo a mis peques, disfrutando de la compañía y la conversación de mi compañera y yéndome a la cama prontito.

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¿Qué ha sentido al acercarse el carnaval sabiendo que, por primera vez en mucho tiempo, no formaría parte activa de ninguna agrupación ni en ningún otro acto?

– Este año me ha pillado en una etapa difícil de mi vida por la pérdida de mi padre y no he tenido en la cabeza el carnaval. Como te decía, cuando ves a los compañeros y compañeras sobre las tablas sientes esas ganas de volver a pisarlas, pero en los meses o semanas previas no he experimentado esa necesidad. Digamos que he sabido vivirlo de otra manera y sacar lo bueno de descansar.

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– ¿Ha sido una decisión difícil desvincularse este año? ¿Qué le llevó a dar ese paso?

– Al finalizar el carnaval 2025 sentía una necesidad acuciante de volver a escribir y cantar a Ceuta. La maravillosa experiencia vivida con la Comparsa de Granara llegó a un momento en que llegó, de alguna manera, a estancarse, después de un año difícil y tras una etapa en la que había hecho carnaval a distancia que me hizo echar de menos vivirlo de una manera más intensa.

Digamos que sentía esa necesidad de hacer carnaval de forma presencial, pisando los ensayos, viendo las caritas de los componentes cuando presentas una letra.

Además, había llegado un momento en el que sentía que necesitaba oxigenarme para volver con ideas renovadas y no cantarle siempre a lo mismo. He llegado a pensar que me volvía repetitivo y que mi copla había perdido frescura. Llegado a este punto, la cabeza y el corazón me pedía sacar una agrupación en Ceuta y asumir un reto distinto, como era componer para una chirigota.

Comencé un proyecto con Juan Carlos ‘Marmota’ pero ya avanzados los ensayos el concepto y la idea que yo tenía no llegó a cuajar con el grupo, por lo que decidí echarme a un lado y que continuaran ellos su camino.

Quizá me convertí en un lastre que el grupo tenía que soltar para despegar, y así se ha demostrado ya que han llegado al carnaval a defender una idea distinta, algo de lo que me alegro por el aprecio que le tengo a varios miembros de la agrupación. Dándose esta situación, siendo imposible hacer lo único que me motivaba y atendiendo a mis compromisos familiares y laborales, llegó el momento de apartarse.

– ¿Es una pausa temporal o un adiós definitivo?

– Espero que sea una pausa, además de temporal, de solo un año. Este parón me ha hecho ver que por ahora mi lugar en el carnaval sigue estando en Granada, con el grupo con el que he sido feliz durante muchos años y con el que me he podido expresar tal y como pienso y siento.

En cuanto a volver a los ensayos, al local, lo veo más complicado por mis circunstancias laborales y familiares. Lo que sí tengo claro es que, si lo hiciera, sería con mis admirados Josemi Romero, Alfredo Luque y Juanito Sánchez.

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– ¿Recuerda cómo fueron sus comienzos en el Carnaval de Ceuta? ¿Qué le enganchó para permanecer 23 años vinculado a la fiesta?

– Sí, recuerdo perfectamente cuando comencé cantando con José Antonio Pardo, ‘el pelirrojo’, que era el encargado de la carnicería de Supersol, en la que yo trabajaba.

Sacamos dos comparsas con un grupo sin apenas experiencia y en el que la gran mayoría no había pisado las tablas anteriormente. Fueron dos años muy ilusionantes e intensos, hasta que decidí sacar mi propia comparsa.

– El año pasado tuvo el honor de ser pregonero. ¿Qué significó para usted pronunciar el pregón del carnaval de su ciudad?

Fue un año de muchas sensaciones y, sobre todo, muy intenso. Te puedo asegurar que hacer un pregón, el que yo tenía en la cabeza y llevé a escena, es más difícil que sacar una agrupación.

Al principio sentí muchísima ilusión, me sentí muy querido, pero también experimenté vértigo por la gran responsabilidad que había asumido. Los meses anteriores al pregón fueron de disfrute, pero también de miedo.

A veces llegué a sentir que había pensado en un pregón por encima de mis posibilidades y muy difícil, pero ya no podía tirar la toalla por el carnaval y por todo lo que había movido ya.

Afortunadamente, creo que todo salió bien y fue un pregón participativo, dinámico y ameno, en el que me expresé libremente y agradecí a la vida que pusiera en mi carrera carnavalera y a mi lado a gente que me ha aportado mucho en todos los aspectos de mi vida.

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– El carnaval me ha dado una personalidad, me ha permitido la necesidad de expresarme libremente, de hablar con el corazón, de mirar a Ceuta a los ojos y decirle, con mucha sinceridad, lo que siento por ella.

Me siento muy satisfecho por lo que he hecho hasta ahora porque todo lo he hecho con sinceridad y siendo honesto conmigo. Siempre digo que el carnaval tiene fiesta pero no es una fiesta. El carnaval es una expresión artística, es cultura en mayúsculas, es la voz del pueblo… Y, para mí, es religión.

Por contra, el carnaval me ha quitado mucho tiempo hasta llegar a pensar que siempre estoy y estaré en deuda con los míos, a quienes les he privado de mi atención en muchos momentos.

Se suele decir que el carnaval crea lazos muy fuertes. ¿Qué tipo de amistades le ha regalado esta fiesta?

– El carnaval trasciende febrero y el local de ensayo, es una forma de vida. A mí me ha permitido conocer a gente maravillosa, a la que respeto y admiro. Personas que me han aportado mucho. Lo malo es cuando sientes que en el carnaval hay muchos “hermanos” y pocos amigos. No obstante, el carnaval sí me ha aportado algunos amigos.

¿Cómo se vive la víspera del carnaval cuando por primera vez no hay eventos en el calendario en los que participar desde dentro? ¿Siente nostalgia?

– La siento con la tranquilidad que me aporta haber vivido hasta ahora el carnaval intensamente. Intentaré experimentar otras cosas, vivirlo de otra manera y disfrutar de lo que han preparado los compañeros y compañeras de las distintas agrupaciones, a quienes quiero felicitar por haber llegado a febrero para brindar un repertorio al pueblo.

¿Echa de menos los ensayos, los nervios previos a salir al escenario, el aplauso del público?

– Los ensayos, en general, no. Echo en falta el trato con muchos compañeros y amigos, pero me he sentido liberado de la responsabilidad y el compromiso de los ensayos. Los últimos años ya se me hicieron difíciles, llegaba al local cansado y con remordimiento por lo que dejaba en casa. Esto también contribuyó a acabar con mi ilusión.

 – Como espectador, ¿qué valora ahora que antes quizá pasaba desapercibido? ¿Está viviendo o disfrutando del carnaval de una forma más relajada?

– Valoro mucho el seguimiento que se hace del carnaval a través de los medios de comunicación. Creo que hay periodistas, como tú, que estáis empezando a ver la importancia del carnaval, su riqueza y lo que aporta a la vida social y cultural de la ciudad.

A esto hay que añadir la capacidad de difusión y de llegar a la gente que aportan las redes sociales. Lo que cantas llega a la gente sin filtro, y eso es maravilloso.

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¿Cómo ve la evolución del Carnaval de Ceuta en estos más de veinte años? ¿Ha notado algún cambio significante?

– Pues en realidad creo que nos hemos estancado un poco. Seguimos cantando a los mismos temas de siempre y no a los que realmente creo que hay que cantar. Pero, claro, esto es muy subjetivo. Cada autor escribe a lo que considera correcto y como lo siente, con su forma de ser y su ideología. Personalmente, considero que el carnaval de Ceuta necesita de alguien que aporte algo nuevo. Yo, desde luego, no he sabido hacerlo.

Siempre digo que el carnaval está también para poner a los golfos la cara ‘colorá’ y creo que esos golfos se están yendo de rositas. El carnaval tiene que ser incómodo para el poderoso, para quien daña a la sociedad, para quien se aprovecha de los demás, y una defensa a ultranza para el ‘apaleao’ para los vulnerables, para quienes lo pasan mal. Hay mucho pescadito en blanco y poca gente con ganas de meterse en los charcos.

Vuelvo a decir que esto es muy subjetivo; habrá quien piense que se mete en charcos, pero, a mi juicio, está lanzando mensajes rancios, haciendo humor con micromachismos o atacando al físico o a la vida privada de las personas.

Es totalmente compatible la crítica feroz a la gestión con el respeto a la vida privada. Lo que me da más pena es cuando la crítica o el ataque van dirigidos a personas vulnerables culpándolas de todo lo malo que ocurre en la ciudad.

Pero, vuelvo a decir, cada uno pone el foco en lo que considera correcto y se expresa como quiere y siente. No quiero convertirme en un criticón sentado en la butaca, ya volveré a expresarme en carnaval cuando se den las circunstancias.

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 – ¿Qué consejo daría a los jóvenes que empiezan ahora en el carnaval?

– No soy nadie para dar consejos… Si es verdad que la experiencia es un grado, no siempre el que lleva más tiempo sabe más. Solo les deseo que lo vivan de manera muy intensa y, sobre todo, lo respeten.

No vale todo y el público y la historia del carnaval merecen un respeto. Por un lado, que miren mucho a Cádiz en las formas y las maneras y, por otro, que canten a Ceuta con el corazón. Que estén siempre abiertos a aprender pero que elijan muy bien a sus maestros.

Se apagan las luces de la final y termina el COAC de Ceuta 2026, ¿cree que sentirá más nostalgia o guardará esta experiencia como espectador con cariño?

– Espero que haya sido un año que me haya servido de aprendizaje y que me haya permitido oxigenar mi cabeza y mi corazón para volver con un trabajo de calidad que regalar al aficionado.

– Si el carnaval fuera una emoción, ¿cuál sería para Juanmi Armuña?

– Sin duda, la pasión. Sin pasión, todo es nada.

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