José Manuel Poga y Julián Villagrán están exultantes tras presentar a la Prensa la primera serie de ficción de Carles Porta, «33 días», que estrena hoy su último episodio en atresplayer, donde interpretan a los dos presos fugados más famosos de España, bajo los nombres ficticios de Prieto y Calatrava, respectivamente.
Porta ha conseguido que su «Crims» sea conocido en todo el planeta. Y un ejemplo de ello es que ambos intérpretes ya habían oído hablar de Brito y Picatoste, los dos reos españoles que planearon en 2001 una fuga mientras estaban bajo la custodia de los Mossos de Escuadra. «Vi el caso en ‘Crims’ —empieza contando Poga— y dije: «Uy, mira, esto tiene una serie». No es la primera vez que hago un «true crime» y entonces me aficioné y vi el episodio de Brito y Picatoste y me moló muchísimo la historia». En el caso de Villagrán, es todo más cercano: «Lo vi a raíz de que sabía que iba a hacerlo. Se lo dije a mi chica que es catalana. Y conozco a mucha gente de Barcelona, y cuando les decía que iba a hacer el caso de Brito y Picatoste, todo el mundo era como : «¿Cómo? ¿En serio? ¿De cuál vas a hacer?». Es un caso muy conocido; de hecho, la familia de mi chica vive pegada a Collserola y cuando este caso ocurrió, las atrocidades que se cometieron en ese bosque, llegaron a avisar a la población para que no cruzaran el parque. La gente estaba acojonada. La gente de La Floresta en Sant Cugat que estaba colindando con el bosque no salía de su casa. Estaban muy asustados».
Cada uno nos descubre qué halló en su personaje cuando se quiso poner en su piel. «[Prieto] era un personaje; una bestia; un tipo malo que va por ahí sembrando el pánico; que tiene sentimiento cero; que es el mal y digo: ‘Pero el mal, ¿por qué?’ No vamos a juzgar y vamos a justificar. Entonces me fui a eso, a este personaje: ¿Qué le pasó? ¿Cuál es su dolor. Creció en un entorno marginal; tuvo pocas oportunidades en la vida. Cuando él era pequeño ese dolor se quedó ahí por algo que le pasaba y no tuvo a nadie que le acompañara y eso se quedó ahí, creciendo, fue adolescente. Tuvo 20, 30, 40 años; se convirtió en el hombre que es: un tipo indeseable. Parte de eso y yo aparto del dolor.
¿Cómo trabajasteis los personajes teniendo una base tan real como docuementos y diarios?
Julián Villagrán: En mi caso ha sido un privilegio poder acceder a esos materiales, la verdad. Sí que tomé muy al dedillo algunos parlamentos que tenía el personaje real en el juicio, hasta llegar a memorizarlos para tener un poco la cadencia del tono del timbre, de la voz, el vocabulario que utilizaba porque mi personaje era un poco oculto, tenía aspiraciones artísticas. Empezó a estudiar unas carreras en la cárcel; pintaba, escribía, y hablaba muy bien; con cierta elegancia, pero también con un deje de extoxicómano. Me sirvió mucho calentar esa energía para acercarme un poco a, por lo menos, la forma en la que hablaba, junto con intentar darle la motivación de por qué un personaje que está en la cárcel por robo con intimidación, que ya tiene permisos y que le queda muy poca condena, lo tira todo por la borda. Sabiendo que tiene VIH, en esa época, que es mortífera la enfermedad, y que si se escapa no va a tener acceso al medicamento. Lo tira todo por la borda por salvar a su compañero. Encontrar esa motivación para mí era el reto y me resultaba lo más complicado
José Manuel Poga: En mi caso, para crear este personaje, que existió de verdad, la inspiración vino de la fuente de su voz en el juicio. Tenía como algo en la voz, que además me agarré a eso para poder construir el personaje, y también a su forma física. Siempre me llevo alguna energía o una esencia animal a mi cuerpo y esto era un poco simio, gorila. Y entonces a partir de ahí me lo llevé en cuanto a la voz, el físico y después a la psicología; me lo llevé a un poco al dolor.
Quisimos saber si consideran que hubo algún momento complicado durante el rodaje. Poga destacó la climatología: «El frío y el calor; esto se dice mucho. Yo sufrí una noche muchísimo porque, cuando fueron a ver la localización, fueron una temporada del año en la que no había ranas. Y cuando fuimos a grabar en ese espacio, que eran las minas de no sé qué, había una rana, y no se podía. El de sonido, Diego, para que las ranas se callaran, acabó poniendo bafles; ponía música y sonido de depredadores de las ranas, como las águilas. Se callaban un rato y volvían. Y luego le ponían el sonido de las águilas y sabían que era coña».
Villagrán desveló que «en mi caso, me pidieron que adelgazara, porque voy al gimnasio y me dijeron que dejara de hacerlo y me pusieron un dietista». Así consiguió bajar 10 kilos y parecerse a la apariencia enfermiza de su personaje. Ambos destacan la importancia de esta primera serie de ficción de Porta. Poga destaca que «era una buena historia, y a mí me fascina. Ese rollo fugitivo; este punto salvaje, animal; me mola. Un rollo a lo ‘Acorralado’, la película».
Interpretan, respectivamente, a los presos Prieto y Calatrava en la primera serie de ficción de Carles Porta, «33 días», en atresplayer
José Manuel Poga y Julián Villagrán están exultantes tras presentar a la Prensa la primera serie de ficción de Carles Porta, «33 días», que estrena hoy su último episodio en atresplayer, donde interpretan a los dos presos fugados más famosos de España, bajo los nombres ficticios de Prieto y Calatrava, respectivamente.
Porta ha conseguido que su «Crims» sea conocido en todo el planeta. Y un ejemplo de ello es que ambos intérpretes ya habían oído hablar de Brito y Picatoste, los dos reos españoles que planearon en 2001 una fuga mientras estaban bajo la custodia de los Mossos de Escuadra. «Vi el caso en ‘Crims’ —empieza contando Poga— y dije: «Uy, mira, esto tiene una serie». No es la primera vez que hago un «true crime» y entonces me aficioné y vi el episodio de Brito y Picatoste y me moló muchísimo la historia». En el caso de Villagrán, es todo más cercano: «Lo vi a raíz de que sabía que iba a hacerlo. Se lo dije a mi chica que es catalana. Y conozco a mucha gente de Barcelona, y cuando les decía que iba a hacer el caso de Brito y Picatoste, todo el mundo era como : «¿Cómo? ¿En serio? ¿De cuál vas a hacer?». Es un caso muy conocido; de hecho, la familia de mi chica vive pegada a Collserola y cuando este caso ocurrió, las atrocidades que se cometieron en ese bosque, llegaron a avisar a la población para que no cruzaran el parque. La gente estaba acojonada. La gente de La Floresta en Sant Cugat que estaba colindando con el bosque no salía de su casa. Estaban muy asustados».
Cada uno nos descubre qué halló en su personaje cuando se quiso poner en su piel. «[Prieto] era un personaje; una bestia; un tipo malo que va por ahí sembrando el pánico; que tiene sentimiento cero; que es el mal y digo: ‘Pero el mal, ¿por qué?’ No vamos a juzgar y vamos a justificar. Entonces me fui a eso, a este personaje: ¿Qué le pasó? ¿Cuál es su dolor. Creció en un entorno marginal; tuvo pocas oportunidades en la vida. Cuando él era pequeño ese dolor se quedó ahí por algo que le pasaba y no tuvo a nadie que le acompañara y eso se quedó ahí, creciendo, fue adolescente. Tuvo 20, 30, 40 años; se convirtió en el hombre que es: un tipo indeseable. Parte de eso y yo aparto del dolor.
¿Cómo trabajasteis los personajes teniendo una base tan real como docuementos y diarios?
Julián Villagrán: En mi caso ha sido un privilegio poder acceder a esos materiales, la verdad. Sí que tomé muy al dedillo algunos parlamentos que tenía el personaje real en el juicio, hasta llegar a memorizarlos para tener un poco la cadencia del tono del timbre, de la voz, el vocabulario que utilizaba porque mi personaje era un poco oculto, tenía aspiraciones artísticas. Empezó a estudiar unas carreras en la cárcel; pintaba, escribía, y hablaba muy bien; con cierta elegancia, pero también con un deje de extoxicómano. Me sirvió mucho calentar esa energía para acercarme un poco a, por lo menos, la forma en la que hablaba, junto con intentar darle la motivación de por qué un personaje que está en la cárcel por robo con intimidación, que ya tiene permisos y que le queda muy poca condena, lo tira todo por la borda. Sabiendo que tiene VIH, en esa época, que es mortífera la enfermedad, y que si se escapa no va a tener acceso al medicamento. Lo tira todo por la borda por salvar a su compañero. Encontrar esa motivación para mí era el reto y me resultaba lo más complicado
José Manuel Poga: En mi caso, para crear este personaje, que existió de verdad, la inspiración vino de la fuente de su voz en el juicio. Tenía como algo en la voz, que además me agarré a eso para poder construir el personaje, y también a su forma física. Siempre me llevo alguna energía o una esencia animal a mi cuerpo y esto era un poco simio, gorila. Y entonces a partir de ahí me lo llevé en cuanto a la voz, el físico y después a la psicología; me lo llevé a un poco al dolor.
Quisimos saber si consideran que hubo algún momento complicado durante el rodaje. Poga destacó la climatología: «El frío y el calor; esto se dice mucho. Yo sufrí una noche muchísimo porque, cuando fueron a ver la localización, fueron una temporada del año en la que no había ranas. Y cuando fuimos a grabar en ese espacio, que eran las minas de no sé qué, había una rana, y no se podía. El de sonido, Diego, para que las ranas se callaran, acabó poniendo bafles; ponía música y sonido de depredadores de las ranas, como las águilas. Se callaban un rato y volvían. Y luego le ponían el sonido de las águilas y sabían que era coña».
Villagrán desveló que «en mi caso, me pidieron que adelgazara, porque voy al gimnasio y me dijeron que dejara de hacerlo y me pusieron un dietista». Así consiguió bajar 10 kilos y parecerse a la apariencia enfermiza de su personaje. Ambos destacan la importancia de esta primera serie de ficción de Porta. Poga destaca que «era una buena historia, y a mí me fascina. Ese rollo fugitivo; este punto salvaje, animal; me mola. Un rollo a lo ‘Acorralado’, la película».
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