Joan Garcia dignifica un derbi coronado por Fermín

Es este un tiempo en que un dictador estadounidense con la cara naranja captura a otro sátrapa, venezolano éste, con el chándal Nike. Y el fútbol, que es el circo con el que las masas se entretienen mientras el mundo se va al garete –EEUU, sí, es quien monta el próximo Mundial–, pues va a lo suyo. El monumental partido que enfrentó a un gran Espanyol frente a un Barça gris hasta que lo rescataron Fermín, Olmo y Lewandowski encontró en Joan Garcia a su gran protagonista. Dignificó este deporte, y también el derbi, sin hablar, haciendo bien su trabajo. Joan, silbado e insultado, demostró que incluso en las situaciones más complicadas conviene mantener la cordura. Recordará por siempre su parada a Pere Milla, a un metro del rematador y dando pasitos hacia atrás, o su robo a Roberto con las uñas, ya desde el suelo. Es este un tiempo en que un dictador estadounidense con la cara naranja captura a otro sátrapa, venezolano éste, con el chándal Nike. Y el fútbol, que es el circo con el que las masas se entretienen mientras el mundo se va al garete –EEUU, sí, es quien monta el próximo Mundial–, pues va a lo suyo. El monumental partido que enfrentó a un gran Espanyol frente a un Barça gris hasta que lo rescataron Fermín, Olmo y Lewandowski encontró en Joan Garcia a su gran protagonista. Dignificó este deporte, y también el derbi, sin hablar, haciendo bien su trabajo. Joan, silbado e insultado, demostró que incluso en las situaciones más complicadas conviene mantener la cordura. Recordará por siempre su parada a Pere Milla, a un metro del rematador y dando pasitos hacia atrás, o su robo a Roberto con las uñas, ya desde el suelo.  

Es este un tiempo en que un dictador estadounidense con la cara naranja captura a otro sátrapa, venezolano éste, con el chándal Nike. Y el fútbol, que es el circo con el que las masas se entretienen mientras el mundo se va al garete –EEUU, sí, es quien monta el próximo Mundial–, pues va a lo suyo. El monumental partido que enfrentó a un gran Espanyol frente a un Barça gris hasta que lo rescataron Fermín, Olmo y Lewandowski encontró en Joan Garcia a su gran protagonista. Dignificó este deporte, y también el derbi, sin hablar, haciendo bien su trabajo. Joan, silbado e insultado, demostró que incluso en las situaciones más complicadas conviene mantener la cordura. Recordará por siempre su parada a Pere Milla, a un metro del rematador y dando pasitos hacia atrás, o su robo a Roberto con las uñas, ya desde el suelo.

En la hondonada de Cornellà, fuera del estadio, ardían las camisetas de Joan Garcia. Ya en el estadio, había quien llevaba consigo folios con ratas pintadas y billetes con la cara de un portero cuyo gran pecado fue cambiar de bando para mejorar profesionalmente, una osadía para quien entiende el deporte como una causa tribal. Ya dentro del estadio, claro, los insultos. «Ambiente hostil; o ambiente de derbi», que se diría en el particular lenguaje del fútbol. Nada fue más allá.

Hansi Flick, impertérrito en el volcán, y capaz de dedicar todos sus esfuerzos a salir indemne ante ese Espanyol aguerrido y tremendo que han parido Manolo González y el director deportivo, Fran Garagarza.

Para ello, el técnico azulgrana no jugó bien sus cartas, quizá condicionado por el estado físico de Pedri, suplente de inicio y que debía dar respuestas en el segundo acto. Ello llevó a Flick a mantener en la titularidad a De Jong, quien sigue a lo suyo, con un miedo atroz a chutar aunque esté en el corazón del área. Pensó que un pase de tacón a la nada sería mejor opción. Ese camino también invitó a Flick a amontonar cuatro delanteros en el once, con Raphinha desplazándose a la mediapunta –donde se encuentra del todo desubicado– para hacer un sitio en la izquierda a Rashford, deficiente en su desempeño y sustituido tras el descanso por Fermín.

Fue Manolo González, pese a la derrota, quien mejor entendió el partido. Después de un primer tramo en que echó a sus futbolistas a presionar en campo rival, mandó a sus hombres a resguardarse viendo que Flick había vaciado el centro del campo, y que no había manera de que los azulgrana encontraran en posiciones de ventaja a Lamine. La única vez que éste recibió en su sitio se la jugó a Pere Milla, quien hace unos días, entre risas y en un programa satírico, dijo que preferiría pisarle a él que a Joan Garcia. Pues Lamine, que ya le había respondido en Instagram con un emoticono de un pie, le dejó en Babia en el campo con una estética ruleta. La rosca que vino a continuación, eso sí, no encontró portería.

El foco estaba al otro lado del océano. Venía Joan Garcia de sacar a Roberto un remate franco. No contento con ello, el mismo portero azulgrana empujó a su compañero Gerard Martín para que fuera su cuerpo quien detuviera el siguiente remate. Se las sabe todas. Aunque lo mejor para Joan Garcia estaba por llegar, con esa mano derecha de hierro que sacó a Pere Milla, un robo a Roberto, otra parada más al ariete blanquiazul en el segundo acto y una última a Romero.

Dmitrovic sostuvo al Espanyol justo en el momento que tocó, frustrando a un enorme Eric. Pero Flick encontró la solución que necesitaba en el empeño de Fermín, pletórico e intervencionista en un crepúsculo fatal para el Espanyol. Primero fue Olmo, recuperado, quien lució su golpeó con pie de bailarín. Después fue Lewandowski el que sentenció sin saber muy bien cómo y mientras los objetos caían al césped. Flick no encontró mejor manera de celebrarlo que abrazando a Joan Garcia. Fue su derbi.

 Diario de Mallorca – Deportes

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