Israel y Grecia estrechan su alianza con su mayor acuerdo armamentístico, por valor de 3.000 millones

Israel y Grecia han dado este lunes un gran paso en la alianza estratégica que vienen consolidando desde 2010, ambos con la mirada puesta en Turquía. Se trata del principal acuerdo armamentístico de su relación bilateral (por valor de unos 3.000 millones de euros) y uno de los mayores en la historia de Israel. El Estado israelí ha multiplicado por cuatro sus exportaciones de defensa en la última década, hasta llegar a 16.550 millones de euros.

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 Las relaciones entre ambos países se han reforzado desde que en 2010 el ejército israelí mató a diez miembros de un buque turco que llevaba ayuda a Gaza  

Israel y Grecia han dado este lunes un gran paso en la alianza estratégica que vienen consolidando desde 2010, ambos con la mirada puesta en Turquía. Se trata del principal acuerdo armamentístico de su relación bilateral (por valor de unos 3.000 millones de euros) y uno de los mayores en la historia de Israel. El Estado israelí ha multiplicado por cuatro sus exportaciones de defensa en la última década, hasta llegar a 16.550 millones de euros.

Consiste en la construcción por Israel de un sistema integral de defensa aérea griego frente a amenazas de distinto tipo y alcance, desde misiles balísticos a drones. Se llamará Escudo de Aquiles y estará basado “íntegramente en sistemas de fabricación israelí y en la amplia experiencia operativa adquirida durante la guerra”, según ha informado el Ministerio israelí de Defensa en un comunicado.

Es, de hecho, la primera vez que Israel proporciona el sistema completo a otro país, justo cuando otros de la UE, como Irlanda, España y Eslovenia, han parado o reducido sus compras a Israel desde 2023, a causa de la masacre de Gaza.

Grecia fue durante décadas uno de los países europeos más cercanos a la causa palestina. Aunque reconoció plenamente al Estado de Israel en 1990 y las relaciones comenzaron a mejorar, el verdadero acercamiento estratégico no llegó hasta 2010. El incidente que provocó el cambio fue el ataque por parte de Israel sobre un buque turco, el Mavi Marmara, integrante de una flotilla que llevaba ayuda a Gaza en mayo de 2010. Murieron diez personas. A partir de entonces, las relaciones entre Israel y Turquía se deterioraron gravemente, al tiempo que se reforzaban los vínculos con Grecia. Los artífices del acercamiento entre los dos países a partir de 2010 fueron el entonces primer ministro socialista, Yorgos Papandreu, y su homólogo, Benjamín Netanyahu

El acuerdo con Grecia incluirá la venta de varios instrumentos desarrollados por la potente industria armamentística israelí y pensados para distintos contextos. El sistema Barak MX se centra en derribar aviones, drones y misiles de distinto alcance; el Spyder es móvil, presenta un menor alcance y está más pensado para drones; y Honda de David es un sistema defensa aérea y antimisiles que Israel ha venido modificando; cuenta con interceptores menos costosos que otros sistemas para derribar misiles de largo alcance, como en la reciente guerra con Teherán. El pacto —rubricado este lunes en Tel Aviv por los directores generales de Defensa de cada país, Amir Baram e Ioannis Bouras— convierte a Atenas en el segundo cliente del sistema Honda de David, después de Finlandia.

Grecia está inmersa en un plan para modernizar sus Fuerzas Armadas y planea invertir unos 28.000 millones de euros para 2036, incluida la adquisición de hasta 40 cazas F-35 a Estados Unidos y de fragatas a Francia y a Italia.

Atenas destina casi el 3,5% de su producto interno bruto a defensa, un porcentaje mayor que el de muchos otros miembros de la OTAN a causa de su disputa con Turquía, con la isla de Chipre, dividida desde 1974, como principal foco histórico de fricción.

Sotirios Serbos, profesor de Política Internacional en la Universidad Demócrito de Tracia (DUTh), situada en la región griega más cercana a Turquía, explica por escrito que Atenas “necesita claramente a Israel para contrarrestar las ambiciones hegemónicas de Turquía”. Pero advierte que Grecia puede ser utilizada en un “peligroso choque” entre Israel y Turquía, a los que ve como dos actores “curtidos por los conflictos y profundamente cínicos”. Serbos objeta que cualquier enfoque estratégico que vea a Israel como el nuevo “salvador” de las relaciones greco-turcas constituiría “un grave error”.

Serbos cree que Grecia debería ser más cautelosa y tener en cuenta el “volátil clima político de Washington”. El profesor griego advierte de que las consecuencias económicas derivadas de la estrategia de Estados Unidos en su guerra contra Irán han provocado un cambio en la “percepción que la opinión pública estadounidense tiene de Israel”.

Los medios griegos afines al Gobierno conservador de Kyriakos Mitsotakis celebran el acuerdo y resaltan que el Escudo de Aquiles permitirá a las Fuerzas Armadas griegas retirar los obsoletos sistemas provenientes de Rusia y de la antigua Unión Soviética, cuya sostenibilidad era imposible tras las sanciones europeas a Moscú.

Sin embargo, fuentes del partido progresista Syriza destacan en medios locales el hecho de que el mayor acuerdo militar en la historia de Grecia se haya suscrito con el Gobierno del primer ministro, Benjamín Netanyahu, al que varios Gobiernos de la Unión Europea, como el español, han criticado por supuestos crímenes de guerra en Gaza.

El medio digital Athens News cuestiona en un artículo la dependencia tecnológica que este acuerdo puede ocasionar respecto a Israel. Y conmina al Gobierno griego a responder sobre varias cuestiones: “Por qué se eligió esta arquitectura [militar] en particular, qué alternativas se compararon, qué beneficios concretos obtendrán las empresas griegas y hasta qué punto Grecia podrá mantener y modificar el sistema de forma independiente, sin necesidad de contar con la autorización de un proveedor extranjero”.

El citado medio recuerda que las guerras modernas han demostrado que incluso “un sistema de defensa antiaérea muy avanzado puede verse sometido a una enorme presión cuando se enfrenta al uso masivo de drones baratos”. Y pregunta: “¿Cuántos misiles interceptores puede mantener un Estado en sus arsenales y con qué rapidez puede reponer sus existencias?”

Por su parte, en Israel se ha ido generando una corriente de opinión para presentar a Turquía como una especie de nuevo archienemigo, tras fracasar el intento de derrocar el régimen iraní por la fuerza junto con EE UU, del que el primer ministro Netanyahu convenció a Trump. El pasado 18, de hecho, Israel bombardeó Abu al Duhur, una base aérea militar en Siria, muy lejos de su frontera, precisamente como “mensaje” a Turquía. Israel argumenta que pretendía establecer una presencia militar allí, algo que tanto Ankara como Damasco han desmentido y que ha molestado a EE UU. El enviado de Trump a Siria y su embajador en Turquía, Tom Barrack, calificó el ataque de “innecesario” y acusó a Netanyahu de “intentar provocar a Turquía” para ganar puntos dentro de su país de cara a las elecciones de octubre.

Turquía ayudó a los rebeldes sirios a tumbar en 2024 el régimen de Bashar el Asad, pero no tutela al nuevo Gobierno de Ahmed el Sharaa, que viene diversificando sus alianzas y se ha ganado el favor de Trump, que retiró la semana pasada a Damasco de la lista de países que promueven el terrorismo.

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