Irak llora a los muertos que deja el peor ataque contra su ejército desde el inicio de la guerra: “¿Por qué nos han atacado los americanos?”

 Varios altos cargos del Ejército iraquí inspeccionan este jueves la base militar de Habbaniyah donde impactaron dos misiles de EE UU el día anterior, matando a siete soldados regulares e hiriendo a otros 23.

El intenso olor a explosivo se clava en la nariz mientras las botas de los militares remueven la tierra donde hace 24 horas funcionaba la clínica de la base militar del ejército iraquí de Hannabiya, reducida a escombros y cráteres este miércoles tras el impacto de dos misiles. El oficial Abdalá estaba a las nueve de la mañana con varios compañeros en la clínica cuando oyó un fuerte estruendo, seguido de otro. Lo siguiente que recuerda es estar atrapado debajo de un muro de hormigón que había vencido con el impacto. Los compañeros vinieron a socorrerlo cuando “el avión dio media vuelta en el aire, bajó altura y comenzó a disparar ráfagas de ametralladora”, rememora el soldado en una cama del hospital de Faluya donde han ido a parar parte de los 23 heridos. Este ataque, que provocó siete víctimas mortales, es el peor que sufren las tropas iraquíes desde que el pasado 28 de febrero Estados Unidos e Israel comenzaran la guerra contra Irán.

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El general del ejército iraquí Fariq Rukun, responsable de operaciones en la zona, visita este jueves en el hospital de Faluja a los 23 militares heridos del ataque de EE UU el día anterior a una base del ejército iraquí del gobernado iraquí de Anbar que causó también siete muertos.Un soldado de las fuerzas especiales vigila la base atacada por EE UU durante la visita de varios altos cargos para inspeccionar los restos del ataque. Los ataques cruzados entre EE UU y Teherán contra milicias pro y antiiraníes en suelo iraquí amenazan con derivar en un conflicto abierto alimentado por el aumento de bajas de soldados regulares iraquíes y kurdos  

El intenso olor a explosivo se clava en la nariz mientras las botas de los militares remueven la tierra donde hace 24 horas funcionaba la clínica de la base militar del ejército iraquí de Hannabiya, reducida a escombros y cráteres este miércoles tras el impacto de dos misiles. El oficial Abdalá estaba a las nueve de la mañana con varios compañeros en la clínica cuando oyó un fuerte estruendo, seguido de otro. Lo siguiente que recuerda es estar atrapado debajo de un muro de hormigón que había vencido con el impacto. Los compañeros vinieron a socorrerlo cuando “el avión dio media vuelta en el aire, bajó altura y comenzó a disparar ráfagas de ametralladora”, rememora el soldado en una cama del hospital de Faluya donde han ido a parar parte de los 23 heridos. Este ataque, que provocó siete víctimas mortales, es el peor que sufren las tropas iraquíes desde que el pasado 28 de febrero Estados Unidos e Israel comenzaran la guerra contra Irán.

“Se trata de un ataque de Estados Unidos porque identificamos el avión, un A10 que solo usan ellos”, asevera el general Tahseen, llegado de Bagdad, ante un puñado de periodistas iraquíes. “¿Por qué nos han atacado los americanos?”, pregunta a los informadores allí congregados. El Ministerio de Defensa ha acusado abiertamente a Washington. Y asegura que se “reserva plenamente el derecho de tomar todas las medidas necesarias para responder a esta agresión de acuerdo con los marcos legales aprobados”. El Gobierno de Bagdad llamó a consultas este miércoles al encargado de negocios estadounidense. Por su parte, Washington ha negado haber atacado una clínica, pero no por ello ha logrado mitigar el enorme malestar que se enquista entre los soldados y el sentir compartido por la población de que la guerra ya empieza a engullir un país que aún se lame las heridas de otras guerras.

La mayoría de los muertos cayeron por las balas, confirman varios heridos entrevistados. Los que siguen ingresados presentan fracturas craneales, costillas rotas, metralla que ha perforado algún órgano y numerosos huesos rotos, afirma uno de los médicos, que se dirige a ver a los que siguen en estado crítico.

El alto mando sostiene que el cuartel atacado fue antaño una base compartida entre tropas de EE UU y fuerzas iraquíes durante la lucha contra el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en 2016, por lo que dicen saber “perfectamente” que allí solo estaba el ejército iraquí.

Para llegar a la base hay que atravesar primero Abu Ghraib —conocida por albergar la infame prisión estadounidense durante la invasión de Irak en 2003-2011, y después Faluya, escenario de los combates más feroces entre marines y milicianos iraquíes. En 2014, esta región se convirtió en uno de los feudos del ISIS. En los últimos cinco años de relativa calma y prosperidad, Faluya parece levantarse de sus cenizas con nuevas carreteras asfaltadas y mezquitas que se yerguen a ambos lados de las cunetas escoltadas por relucientes farolas.

El martes, los cazas estadounidenses golpearon otra base en la misma localidad de Hannabiya, esta vez de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), matando a 16 combatientes e hiriendo a otros 30 del compendio de milicias que actúan bajo las órdenes del primer ministro iraquí, Mohammed Shia Sabbar al Sudani, y que Washington e Israel tachan de estar al servicio de Irán. El emplazamiento atacado este miércoles alberga barracones destinados a soldados regulares, pero se trata de una base compartida con unidades de las FMP, apostadas a varios cientos de metros de donde ahora yacen pilas de escombros. Aunque la mayoría de sus hombres son chiíes, en el último ataque de cazas norteamericanos murieron miembros de una unidad suní, lo que ha levantado más ampollas entre la población.

Ese mismo día otros seis peshmergas, soldados del ejército kurdo iraquí regular, también cayeron mientras otros 45 eran heridos después de que seis misiles iraníes impactaran contra su base. Esta vez, fue el Gobierno de Erbil, la capital kurda, quien llamó a consultas al diplomático iraní para pedir explicaciones. Teherán aseguró que fue un “error” y que va a “investigarlo”.

Cadena de errores

Conforme los errores se multiplican y con ellos los funerales, aumentan las tensiones en Irak. Entre la comitiva verde caqui que avanza por los pasillos del hospital, encabezada por el general Fariq Rukun, jefe de operaciones del ejército iraquí para la Gobernación de Anbar, camina un señor vestido con chaqueta azul con rayas blancas. Porta un gastado maletín granate del que saca un papelito cada vez que el general conversa con un herido. “Son compensaciones económicas para los heridos en nombre del Ministerio de Defensa”, susurra el uniformado. A los muertos los han declarado mártires y concedido una estrella póstuma, lo que ayuda a conseguir una mejor pensión a sus viudas y huérfanos.

Desde el inicio de la ofensiva israeloestadounidense contra Irán el pasado 28 de febrero, la lluvia de drones y misiles se ha cobrado un centenar de muertos y 200 heridos, asegura en el interior de un todoterreno de ventanas tintadas el general Tahseen, en el trayecto desde Bagdad a la base. Tan solo cinco son civiles. El 80% de las bajas son miembros de milicias y el resto, soldados iraquíes, milicianos kurdosiraníes opositores y soldados kurdos regulares en el norte del país. “Hasta ahora no habían atacado a militares iraquíes, solo una vez al principio en Kerbala”, señala el militar. El incidente que menciona tuvo lugar en la ciudad santa de Kerbala, a la semana de comenzar la guerra, cuando fuego estadounidense mató a un soldado iraquí e hirió a otros dos.

En Irak, el 60% de la población profesa la confesión chií, y mantiene profundos lazos históricos, culturales y religiosos con la vecina Irán, con quien comparten 1.500 kilómetros de frontera. El Gobierno de coalición chií al mando ve difícil desarmar a las milicias, como pide el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre todo en una coyuntura de guerra regional en la que tomar bando contra Irán significaría alinearse con el “enemigo sionista” [por Israel]. La formación de Gobierno tras las elecciones de noviembre ha quedado pospuesta para “después de la guerra”, confiando en que esa guerra siga siendo la de otros y no la suya.

A la indignación pública del Gobierno se suma la de los soldados. En los pasillos de los hospitales, los uniformados especulan sobre la respuesta a esa misma pregunta que hace el general Tahseen: ¿Por qué EE UU ha matado a sus compañeros?

“Lo han hecho para mandar un mensaje, de que si [el primer ministro] Al Sudani no desarma a las milicias, nos atacarán, como han hecho con el ejército de Líbano”, opina uno. “El avión A-10 de EE UU está usando las bases de Jordania; los países árabes ya se están sumando a la guerra”, lamenta otro. “Los americanos se están yendo [de Irak], en pocos días ya no quedarán marines más que en la zona kurda [por el Kurdistán iraquí], ¿Quién pretenden que defienda su Embajada?”, suelta otro, apurando un cigarrillo.

Todos coinciden en que esta semana es crítica para saber si Irak caerá en la guerra.

Tras décadas de entrenamientos conjuntos entre marines y soldados iraquíes, incluidos con los milicianos de las FPM que lucharon contra el ISIS, el sentimiento de animadversión hacia EE UU cobra peso. “Tanto que hemos sido aliados, pero para el único para el que usa la protección aérea es para Israel”, arremete otro soldado.

LA OTAN y EE UU evacúan sus bases

“No intenten ir a la Embajada en Bagdad o al Consulado en Erbil”, asegura la legación estadounidense en un comunicado, en el que reitera la recomendación a sus ciudadanos de no viajar a Irak y abandonar el país “inmediatamente” en caso de estar ya allí.

Tanto en Erbil, al norte, como en Bagdad, en el centro, es entrada la noche cuando Irán y EE UU intercambian explosiones. Del este llega el estruendo de los misiles balísticos iraníes en dirección a la base militar de la Victoria, los aeropuertos o la zona verde de Bagdad donde está apostada la sede diplomática estadounidense. Estos suelen ser destruidos al vuelo por sus defensas antiaéreas. Los drones que lanzan las milicias que conforman lo que ellas denominan las facciones de la resistencia son también neutralizados al vuelo. Pero el ejército iraquí no cuenta con defensa antiaérea, como tampoco la tienen las FPM, que han comenzado a desalojar sus bases ante los ataques aéreos que llegan del oeste de los cazas estadounidenses.

La semana pasada la OTAN aseguró haber evacuado el pasado 20 de marzo a todo su personal de su misión en Irak a Europa, lo que incluye a España, que trajo de vuelta a sus 205 soldados y personal militar. El Gobierno turco anunció este jueves la retirada de los aproximadamente 25 soldados que tiene desplegados en Irak como parte de la misión de la OTAN para entrenar a las fuerzas de seguridad iraquíes, y ha culpado a Israel de amenazar la paz en Oriente Próximo. .

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