El universo de los robos espectaculares de Netflix se traslada a Sevilla en “Berlín: la dama del armiño”, una entrega que cambia la acción pirotécnica por una profunda disección de los afectos. El estreno llegó agitado por la inesperada noticia de que Pedro Alonso cierra aquí su ciclo con el personaje. En este laberinto de identidades y de alta orfebrería criminal, el gran acierto es la incorporación de Inma Cuesta como Candela, la antítesis perfecta del sofisticado ladrón. Charlamos con ambos intérpretes sobre el oficio, las carencias del alma y el arte de sembrar el caos.
¿Cómo se gestiona el vértigo de soltar un personaje tan icónico?
Pedro Alonso: Siento que era el momento adecuado y consideré crucial anunciarlo antes del estreno; en ese gesto ya había un mensaje implícito. Lo que predomina en mí es un profundo agradecimiento por todo lo que he vivido de la mano de esta saga y por la oportunidad de coincidir con profesionales increíbles. Quiero cerrar este viaje con el mayor de los afectos. He contado muchas historias a través de este personaje y he surfeado una ola maravillosa, por lo que mi sentimiento fundamental es de gratitud. Ahora toca soltarlo y honrarlo en esa despedida para caminar hacia un nuevo ciclo en el que ya me encuentro.
¿Qué supone a nivel profesional subirse a un tren en marcha con tanta responsabilidad internacional?
Inma Cuesta: Ha sido un honor absoluto entrar en esta saga y me lo he pasado muy bien. Asumes la responsabilidad de formar parte de un proyecto de éxito mundial que sabes que va a ser examinado al milímetro. Sin embargo, el personaje de Candela ha sido un regalo. Me permitieron jugar e improvisar, un lujo que no siempre se da en esta profesión. Lo más gratificante de nuestro trabajo es precisamente eso: recuperar el sentido del juego. Si además tienes la suerte de contar con un compañero como Pedro, con quien la complicidad y el entendimiento han sido totales, el placer es doble.
¿Sienten que el atraco vuelve a ser una maravillosa excusa para retratar la humanidad de los personajes?
Pedro: Siempre me ha hecho gracia una genialidad de Álex Pina, el showrunner: lo prepara todo minuciosamente y, justo cuando las piezas encajan para dar el golpe, lo desmonta todo y siembra el caos. Esa dinámica responde a la búsqueda de una emoción genuina. Berlín es un personaje que necesita sentir el vértigo de jugárselo todo a una sola carta, como una filosofía de vida. No sé si es saludable para el día a día, pero artísticamente resulta muy emocionante. El robo es el detonante, pero en esta temporada el gran motor es el amor, explorado desde aristas muy distintas.
¿Es esa pasión indomable la que define el contraste entre el orden de la banda y su personaje?
Inma: Sí, Candela es muy pasional e intuitiva; se deja llevar por lo que siente, lo que a veces le cuesta algún quebradero de cabeza. Sin embargo, también es controladora y sabe perfectamente lo que quiere. No ejerce un mando directo sobre los demás, pero cuando detecta una oportunidad es certera y no improvisa en sus objetivos. En esta historia, el amor se manifiesta de formas muy diversas: desde relaciones tóxicas hasta el amor por el arte. El sentimiento juega un papel crucial, manifestándose a través del romance, la pasión o el drama.
¿Cómo han vivido ese juego de espejos donde Berlín detesta su reflejo?
Pedro: Esa es una de las claves de la temporada: el Duque opera como la némesis y el espejo de Berlín. A veces cuesta digerir el rechazo hacia el propio reflejo —algo que a nivel personal también me pasa, pues suelo tener mis propios conflictos internos—, pero el choque es fascinante. La gran diferencia radica en que el Duque da por sentado sus privilegios por derecho de cuna. Berlín, en cambio, mantiene un espíritu contracultural y antisistema; si algo se da por establecido, su naturaleza lo empuja a llevar la contraria y a ganarse las cosas bajo sus propios términos.
¿Qué le depara el futuro a este universo ahora que usted da un paso al lado?
Pedro: Manejo bastante información, pero si hablo de más, seguro que aparecen los láseres de Netflix apuntando a mi cabeza [risas]. Siempre he sostenido que este universo es un filón, pero el futuro dirá. Imagino que irán paso a paso. En lo personal, este es un momento de cierre. Toca celebrar el estreno tras un año de trabajo muy intenso junto a equipos entregados. Estamos en Sevilla, un escenario idílico para dar las gracias, lanzar esta botella al mar y disfrutar del momento.
Los intérpretes de «Berlín: la dama del armiño», disponible en Netflix, hablan del cierre y el verdadero fondo de la saga
El universo de los robos espectaculares de Netflix se traslada a Sevilla en “Berlín: la dama del armiño”, una entrega que cambia la acción pirotécnica por una profunda disección de los afectos. El estreno llegó agitado por la inesperada noticia de que Pedro Alonso cierra aquí su ciclo con el personaje. En este laberinto de identidades y de alta orfebrería criminal, el gran acierto es la incorporación de Inma Cuesta como Candela, la antítesis perfecta del sofisticado ladrón. Charlamos con ambos intérpretes sobre el oficio, las carencias del alma y el arte de sembrar el caos.
¿Cómo se gestiona el vértigo de soltar un personaje tan icónico?
Pedro Alonso:
¿Qué supone a nivel profesional subirse a un tren en marcha con tanta responsabilidad internacional?
Inma Cuesta:
¿Sienten que el atraco vuelve a ser una maravillosa excusa para retratar la humanidad de los personajes?
Pedro:
¿Es esa pasión indomable la que define el contraste entre el orden de la banda y su personaje?
Inma:
¿Cómo han vivido ese juego de espejos donde Berlín detesta su reflejo?
Pedro:
¿Qué le depara el futuro a este universo ahora que usted da un paso al lado?
Pedro:Manejo bastante información, pero si hablo de más, seguro que aparecen los láseres de Netflix apuntando a mi cabeza [risas]. Siempre he sostenido que este universo es un filón, pero el futuro dirá. Imagino que irán paso a paso. En lo personal, este es un momento de cierre. Toca celebrar el estreno tras un año de trabajo muy intenso junto a equipos entregados. Estamos en Sevilla, un escenario idílico para dar las gracias, lanzar esta botella al mar y disfrutar del momento.
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