«I was a teenage Sex Pistol»: El bajista que domesticó a los monstruos del punk

Subirse al tren de la nostalgia musical con la ingenua expectativa de encontrar otro recopilatorio biográfico cargado de los clichés habituales de destrucción, ruido y provocación barata es un error recurrente en el que los amantes del rock ya no deberían caer. La crónica contracultural de los años setenta ha dejado de ser un feudo exclusivo de los representantes astutos y los vocalistas teatrales para transformarse en un territorio donde los verdaderos artesanos de las canciones exigen, por fin, su legítimo lugar bajo los focos. Una de estas necesarias reparaciones históricas llegó a nuestras pantallas ayer, sábado 29 de agosto, gracias al estreno en Movistar Plus del documental https://www.youtube.com/embed/TD2bJQS6Xn4|||images/play_youtube.jpg

La propuesta visual opera como una fascinante cápsula del tiempo gracias a una restauración exquisita de material de archivo y grabaciones de telediarios de la época, capturando la sórdida realidad social de la Inglaterra preindustrial que contrastaba con la vibrante energía de la tienda de ropa regentada por McLaren y Vivienne Westwood en King’s Road, considerada la auténtica cuna del movimiento punk. El guion esquiva de forma muy inteligente el peligro de caer en el bucle melancólico gracias a un desfile extraordinario de testimonios exclusivos. Ante la predecible ausencia de un John Lydon totalmente distanciado e irreconciliable con sus antiguos compañeros, el documental cede el micrófono al guitarrista Steve Jones y al batería Paul Cook, quienes validan sin reservas el genio compositivo de su antiguo compañero, arropados por las voces de coetáneos de la talla de Debbie Harry, Chris Stein o Billy Idol.

A pesar de que los espectadores más especializados detectarán que la narración muestra ciertos problemas de ritmo en su tramo central al centrarse en exceso en los antecedentes archiconocidos de la escena londinense, y aun cuando la cinta acote su foco de manera estricta a los años de juventud de la banda dejando fuera las giras de reunión posteriores de 1996 o sus colaboraciones con Blondie, el balance global es soberbio. La producción esquiva la teatralidad del escándalo para entregar una de las crónicas sobre la autoría y la supervivencia más sofisticadas, honestas y ácidas de la temporada televisiva, demostrando que la revolución nunca fue una simple cuestión de ruido, sino una cuestión de ritmo.

La mirada aséptica del productor de «Lemmy»

El rigor formal que exhibe este documental se explica en gran medida por la incorporación del realizador y productor Andre Relis en la dirección del proyecto. Relis, ampliamente aplaudido en los círculos de la crítica musical por haber liderado el aclamado y respetuoso largometraje documental centrado en la figura de Lemmy Kilmister, el mítico líder de la banda Motörhead, traslada a esta nueva andadura idéntico compromiso con la autenticidad y el lenguaje directo. Su puesta en escena renuncia conscientemente a la pornografía del escándalo y al sentimentalismo cursi para concentrarse en la artesanía de las composiciones, dignificando el oficio de los músicos

 El estreno de este documental en Movistar Plus propone una ácida reparación histórica sobre la escena de los 70’s  

Subirse al tren de la nostalgia musical con la ingenua expectativa de encontrar otro recopilatorio biográfico cargado de los clichés habituales de destrucción, ruido y provocación barata es un error recurrente en el que los amantes del rock ya no deberían caer. La crónica contracultural de los años setenta ha dejado de ser un feudo exclusivo de los representantes astutos y los vocalistas teatrales para transformarse en un territorio donde los verdaderos artesanos de las canciones exigen, por fin, su legítimo lugar bajo los focos. Una de estas necesarias reparaciones históricas llegó a nuestras pantallas ayer, sábado 29 de agosto, gracias al estreno en Movistar Plus del documental «I was a teenage Sex Pistol», una lúcida y punzante producción de noventa y cinco minutos que prefiere triturar la mitología oficial para rescatar la verdadera columna vertebral melódica del movimiento punk.

El motor que pone en marcha este metraje, codirigido por Andre Relis y Nick Mead, funciona como una respuesta directa, rigurosa y en clave de no ficción frente a los relatos biográficos sobreactuados de los últimos años, apuntando de manera muy directa hacia las licencias históricas que se tomó la miniserie de ficción «Pistol», dirigida por Danny Boyle. Harto de figurar en el folclore musical como el chivo expiatorio educado que supuestamente fue expulsado por confesar que le gustaban los Beatles» —un infundio mediático groseramente manufacturado por el representante Malcolm McLaren—, el bajista fundador Glen Matlock salta a la palestra para ajustar cuentas con el pasado. El músico aclara sin rodeos que abandonó la formación por voluntad propia, sencillamente agotado de las trifulcas internas con el cantante John Lydon y de las manipulaciones corporativas que rodeaban al grupo en el Londres de la época.

La arrolladora fuerza de este testimonio descansa en datos inapelables que devuelven la dignidad al músico: Matlock fue el cerebro musical que coescribió diez de los doce himnos inmortales que dieron forma a un álbum de culto como «Never Mind the Bollocks», perfilando los memorables acordes de piezas fundamentales de la cultura pop como «Anarchy in the U.K.» o «God Save the Queen», esta última inspirada curiosamente en una melodía que escuchó de la banda ABBA. Su relato transita por una mezcla de ironía seca, nostalgia y una evidente catarsis personal, especialmente al abordar la culpa de superviviente que arrastró durante décadas respecto a su trágico sustituto, Sid Vicious, un joven elegido exclusivamente por su estética destructiva y su maleabilidad comercial que terminó devorado por el propio personaje.

La propuesta visual opera como una fascinante cápsula del tiempo gracias a una restauración exquisita de material de archivo y grabaciones de telediarios de la época, capturando la sórdida realidad social de la Inglaterra preindustrial que contrastaba con la vibrante energía de la tienda de ropa regentada por McLaren y Vivienne Westwood en King’s Road, considerada la auténtica cuna del movimiento punk. El guion esquiva de forma muy inteligente el peligro de caer en el bucle melancólico gracias a un desfile extraordinario de testimonios exclusivos. Ante la predecible ausencia de un John Lydon totalmente distanciado e irreconciliable con sus antiguos compañeros, el documental cede el micrófono al guitarrista Steve Jones y al batería Paul Cook, quienes validan sin reservas el genio compositivo de su antiguo compañero, arropados por las voces de coetáneos de la talla de Debbie Harry, Chris Stein o Billy Idol.

A pesar de que los espectadores más especializados detectarán que la narración muestra ciertos problemas de ritmo en su tramo central al centrarse en exceso en los antecedentes archiconocidos de la escena londinense, y aun cuando la cinta acote su foco de manera estricta a los años de juventud de la banda dejando fuera las giras de reunión posteriores de 1996 o sus colaboraciones con Blondie, el balance global es soberbio. La producción esquiva la teatralidad del escándalo para entregar una de las crónicas sobre la autoría y la supervivencia más sofisticadas, honestas y ácidas de la temporada televisiva, demostrando que la revolución nunca fue una simple cuestión de ruido, sino una cuestión de ritmo.

El rigor formal que exhibe este documental se explica en gran medida por la incorporación del realizador y productor Andre Relis en la dirección del proyecto. Relis, ampliamente aplaudido en los círculos de la crítica musical por haber liderado el aclamado y respetuoso largometraje documental centrado en la figura de Lemmy Kilmister, el mítico líder de la banda Motörhead, traslada a esta nueva andadura idéntico compromiso con la autenticidad y el lenguaje directo. Su puesta en escena renuncia conscientemente a la pornografía del escándalo y al sentimentalismo cursi para concentrarse en la artesanía de las composiciones, dignificando el oficio de los músicos

 Programación TV en La Razón

Más Noticias