El príncipe Haakon de Noruega, de 53 años, subirá al trono como Haakon VIII a la muerte de su padre, el rey Harald V, que ha fallecido este viernes a los 89 años. Nacido en el Hospital Universitario de Oslo en 1973, su nombre completo es Haakon Magnus: en recuerdo de su bisabuelo, el rey Haakon VII, y también por un santo y mártir de su país. En una encuesta publicada en marzo pasado por el diario Nettavisen, casi el 80% de sus compatriotas pensaba que desempeñaría bien o muy bien su tarea como soberano.
El hijo del fallecido rey Harald y de la reina Sonia encabeza una Casa Real con pocos miembros activos y el reto de modernizarla. Deberá hacer frente a la baja popularidad de su esposa, Mette-Marit, por el ‘caso Epstein’
El príncipe Haakon de Noruega, de 53 años, subirá al trono como Haakon VIII a la muerte de su padre, el rey Harald V, que ha fallecido este viernes a los 89 años. Nacido en el Hospital Universitario de Oslo en 1973, su nombre completo es Haakon Magnus: en recuerdo de su bisabuelo, el rey Haakon VII, y también por un santo y mártir de su país. En una encuesta publicada en marzo pasado por el diario Nettavisen, casi el 80% de sus compatriotas pensaba que desempeñaría bien o muy bien su tarea como soberano.
Harald reinó durante 35 años y era muy popular. Su hijo le sucederá en un momento de gran turbulencia familiar y con una Casa Real con pocos miembros a tiempo completo. La segunda línea de la Corona, formada por la princesa Ingrid Alexandra y su hermano, Sverre Magnus —los hijos de Haakon y su esposa, la princesa Mette-Marit, trasplantada de pulmón—, son veinteañeros y están estudiando. Y la reina viuda Sonia, aunque activa, tiene 89 años.
La monarquía ha mantenido niveles muy altos de aceptación en Noruega desde que, en 1905, y una vez disuelta la unión con Suecia, Carlos, un príncipe danés, aceptó la corona. Pasó a llamarse Haakon VII y puso como condición que hubiera antes un plebiscito que se inclinase por la institución. Así fue, con cerca de un 79% de los votos a favor, y desde entonces, los reyes noruegos han simbolizado la unidad nacional.
Haakon VIII juega en cierto modo con esa ventaja, pero las circunstancias son distintas: el sentimiento como nación no se discute hoy, y su país encabeza las democracias consideradas plenas, según el índice elaborado por el semanario británico The Economist.
Al cumplir 50 años, Haakon reveló que, de pequeño, “prefería ser uno más del grupo”, pero que con el tiempo había “abrazado su papel en lugar de dejarse llevar por una ruta ya marcada”. Lo dijo en un largo reportaje publicado por el rotativo Aftenposten, donde reconoció que alguna vez, en la adolescencia, pensó “si debía dejar que esto me pase o elegirlo yo mismo”. “Llegué a la conclusión de que lo mejor sería elegirlo”.
El mayor reto para Haakon como rey emana de su propia familia. La popularidad de la princesa Mette-Marit está en mínimos debido a sus contactos con Jeffrey Epstein, el pederasta estadounidense que murió en 2019 en la celda de una cárcel federal de Nueva York. Y Marius, el hijo que ella tuvo de soltera, ha sido condenado por violación. Por otro lado, la princesa Marta Luisa, hermana de Haakon, está apartada de las tareas de representación desde su matrimonio con Durek Verret, un autodenominado chamán estadounidense que ha afirmado ser la reencarnación de un faraón egipcio. Ha dicho incluso que los tratamientos de quimioterapia no funcionan ni curan y que solo se administran por dinero. La princesa, que tiene tres hijas de un matrimonio anterior, no puede usar su título con fines comerciales, algo que ha provocado roces con la Casa Real.

Tanto Marta Luisa como Haakon estudiaron en escuelas públicas. El nuevo rey es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de California en Berkeley (1999) y tiene un máster en Estudios sobre el Desarrollo por la London School of Economics and Political Science (2003). Se especializó en comercio internacional y África, según la web de la Casa Real noruega. Hizo prácticas en la Misión Permanente de Noruega ante las Naciones Unidas, y completó el programa para jóvenes profesionales del ministerio de Asuntos Exteriores de su país. Cumplió el servicio militar en la Armada, con entrenamiento en paracaidismo, y ostenta el rango de general de las Fuerzas Armadas, almirante en la Armada y general en la Fuerza Aérea. Practica esquí, un deporte que forma parte de la identidad cultural noruega, y surf.
En 2003, cuando tenía 30 años, Haakon fue nombrado embajador de buena voluntad del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), centrado en la lucha contra la pobreza, la protección de los océanos y la búsqueda de soluciones sostenibles para el planeta. En 2024 viajó a Jamaica para poner de relieve los retos de los pequeños Estados insulares ante el calentamiento global y la subida del nivel del mar. Y el año pasado participó en la tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, celebrada en Niza (Francia). La princesa heredera de Suecia, Victoria, también es embajadora de buena voluntad del PNUD.
Las principales críticas recibidas por Haakon durante su etapa como príncipe se remontan a su matrimonio con Mette-Marit Tjessem Hoiby, la joven hija de un periodista y una empleada bancaria que se divorciaron cuando ella tenía 11 años. El problema no era su origen plebeyo: la madre de Haakon, la reina Sonia, es hija de un empresario textil. El gran obstáculo era el pasado “salvaje” de Mette-Marit, como ella misma definió la época anterior a su regio matrimonio.
El padre de Marius, el hijo que tuvo de soltera, fue condenado por tráfico de drogas, y ella pidió perdón en público antes de casarse. Con todo, Haakon y Mette-Marit terminaron siendo una pareja popular hasta que estalló el caso Epstein, y los documentos del caso revelaron que el contacto mantenido por la princesa era más estrecho de lo que había admitido. En febrero de 2026, se tuvo que disculpar en una entrevista televisada, pero aseguró que el multimillonario pederasta estadounidense la había “engañado y manipulado”, y que ella cortó toda comunicación al darse cuenta “de que era un tipo malo”. Está de baja desde su trasplante de pulmón, efectuado por la fibrosis pulmonar que padece, y no se sabe cuándo ni cuánto podrá contribuir a las tareas representativas de la monarquía.
Ha habido alguna polémica más. En 2016, el entonces príncipe reconoció que “no tenía derecho” a poner en alquiler cinco viviendas, incluidas en la finca familiar donde se encuentra el palacio de Skaugum, la residencia donde vive con su familia. La prensa noruega destapó ese año que la renta así obtenida iba a parar a los bolsillos principescos, cuando el complejo había sido un regalo de bodas.
Ahora que ha cruzado el umbral y será rey, Haakon afronta el reto de mantener la visibilidad de la monarquía como una institución moderna y profesional —no solo histórica— con una reducida lista de miembros activos.
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