Frank E. Flowers no solo dirige una película de piratas; orquesta una venganza visceral que late con el ritmo de su propia herencia en las Islas Caimán. Tras el estreno de [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/television/engano-piratas-propia-historia_20260225699e8ff22f00a0468826b80a.html|||«El Engaño»]] en Prime Video, el cineasta se aleja de la postal caribeña para mostrar un realismo sucio donde la supervivencia se negocia con sangre. En esta charla íntima con LA RAZÓN, Flowers analiza cómo transformó un género agotado en un thriller de invasión doméstica y lo que esta producción ha significado para su trayectoria y crecimiento.
Frank, ¿cómo equilibra una violencia tan física y explícita con el instinto de protección de una madre?
Vengo de las Islas Caimán y allí las naciones fueron levantadas por mujeres fuertes mientras los hombres se iban al mar. A mí me crió una mujer así. Por eso, al crear la película con un equipo de mujeres potentes nos enfocamos en la perspectiva de la «mamá osa». La clave es que no se trata de lo potente que sea la acción, sino de por qué peleas. Cuando alguien invade tu casa y amenaza a tu hijo, la audiencia digiere mejor la violencia extrema. Si Ercell reventara una cara con un caracol marino en alta mar, dirías que es una psicópata; pero si lo hace en su salón para defender a los suyos, entiendes que debe llegar hasta el final. Al ser una invasión doméstica, ella debe pelear sucio porque es una mujer enfrentándose a tipos que le doblan el tamaño. El realismo surge de esa necesidad de supervivencia pura que no entiende de reglas.
¿De qué manera esta producción representa su propia evolución tras dos décadas en el cine?
Para mí ha sido un viaje queriendo contar historias del Caribe, ya fuera como guionista o director, como en https://www.youtube.com/embed/ba6NslzXkzs|||images/play_youtube.jpg
¿Cómo ayudó la visión personal de Priyanka a profundizar en el personaje?
Priyanka llevó al personaje a otro nivel. Ella profundiza tanto que hace preguntas sobre el pasado de Ercell que nunca saldrán en la película, pero que están en su ADN. Su instinto como madre y su ética de trabajo son increíbles. Queríamos evitar a la mujer mágica que hace saltos imposibles; buscábamos algo crudo y creíble. Ella y Karl crearon una historia compartida que le da a la película una capa de resentimiento y verdad que no estaba originalmente en el papel. Ella no solo actúa, produce desde la médula del relato, cuestionando cada motivación.
¿Quién cree que tiene el derecho de definir la historia y quién queda fuera?
La historia la escriben quienes la habitan, pero en esta película la historia se escribe con sangre. Al final ocurre un cruce de roles muy interesante: Connor, que es una entidad fría y calculadora, empieza a desmoronarse emocionalmente y a perder su táctica. Ercell, que es puro sentimiento defendiendo su hogar, recupera su frialdad táctica para sobrevivir. Es una batalla por sus almas. Ella hace las paces con su pasado y su presente para decidir su futuro. Connor buscaba la libertad, pero termina atrapado en una isla con ella. Queríamos un final inesperado que fuera fiel a ese mundo brutal donde el legado es lo único que queda cuando el humo se disipa.
¿Qué imagen desearía que quedara grabada a fuego en la memoria colectiva?
Me encanta el momento del asalto a la playa, cuando ves a Connor cubierto de sangre con ese viejo abrigo de la Compañía de las Indias Orientales. Ahí sientes el pavor de asesinos reales trabajando juntos. Pero también la imagen de Priyanka en la cueva, revisando su rifle con ese atuendo de cuero. Representa ese filo visceral y auténtico que queríamos darle al género y que se quedará grabado para siempre en la cabeza del espectador. Es la esencia de lo que somos y de cómo entendemos nuestra propia historia de supervivencia en las islas. Nuestra identidad caribeña esta definica por esa mezcla de peligro y belleza.
El cineasta, que comenzó su carrera como cámara en un telediario a los 16 años, ha estrenado «El Engaño» en Prime Video, una historia que va más allá de los piratas
Frank E. Flowers no solo dirige una película de piratas; orquesta una venganza visceral que late con el ritmo de su propia herencia en las Islas Caimán. Tras el estreno de «El Engaño» en Prime Video, el cineasta se aleja de la postal caribeña para mostrar un realismo sucio donde la supervivencia se negocia con sangre. En esta charla íntima con LA RAZÓN, Flowers analiza cómo transformó un género agotado en un thriller de invasión doméstica y lo que esta producción ha significado para su trayectoria y crecimiento.
Frank, ¿cómo equilibra una violencia tan física y explícita con el instinto de protección de una madre?
Vengo de las Islas Caimán y allí las naciones fueron levantadas por mujeres fuertes mientras los hombres se iban al mar. A mí me crió una mujer así. Por eso, al crear la película con un equipo de mujeres potentes nos enfocamos en la perspectiva de la «mamá osa». La clave es que no se trata de lo potente que sea la acción, sino de por qué peleas. Cuando alguien invade tu casa y amenaza a tu hijo, la audiencia digiere mejor la violencia extrema. Si Ercell reventara una cara con un caracol marino en alta mar, dirías que es una psicópata; pero si lo hace en su salón para defender a los suyos, entiendes que debe llegar hasta el final. Al ser una invasión doméstica, ella debe pelear sucio porque es una mujer enfrentándose a tipos que le doblan el tamaño. El realismo surge de esa necesidad de supervivencia pura que no entiende de reglas.
¿De qué manera esta producción representa su propia evolución tras dos décadas en el cine?
Para mí ha sido un viaje queriendo contar historias del Caribe, ya fuera como guionista o director, como en «Bob Marley: One Love» o en mi primera película, «Haven». Intento traer nuestras historias al mundo, pero también darle al público lo que merece: una película divertida, visceral, que rinda al más alto nivel de acción. En las Caimán celebramos la «Semana Pirata» y de niño, sentado en los hombros de mi padre, sentía ese miedo real de si estaríamos a salvo cuando los barcos atacaban. Quería que el público sintiera eso mismo: lo visceral y lo táctico de los piratas, antes de recibir el caramelo de la aventura. Es el resultado de años buscando el equipo que entendiera que la autenticidad cultural no está reñida con la espectacularidad técnica del cine de acción moderno. No es solo técnica; es la suma de toda mi vida y mis raíces puestas al servicio de una narrativa que nos pertenece.
¿Cómo ayudó la visión personal de Priyanka a profundizar en el personaje?
Priyanka llevó al personaje a otro nivel. Ella profundiza tanto que hace preguntas sobre el pasado de Ercell que nunca saldrán en la película, pero que están en su ADN. Su instinto como madre y su ética de trabajo son increíbles. Queríamos evitar a la mujer mágica que hace saltos imposibles; buscábamos algo crudo y creíble. Ella y Karl crearon una historia compartida que le da a la película una capa de resentimiento y verdad que no estaba originalmente en el papel. Ella no solo actúa, produce desde la médula del relato, cuestionando cada motivación.
¿Quién cree que tiene el derecho de definir la historia y quién queda fuera?
La historia la escriben quienes la habitan, pero en esta película la historia se escribe con sangre. Al final ocurre un cruce de roles muy interesante: Connor, que es una entidad fría y calculadora, empieza a desmoronarse emocionalmente y a perder su táctica. Ercell, que es puro sentimiento defendiendo su hogar, recupera su frialdad táctica para sobrevivir. Es una batalla por sus almas. Ella hace las paces con su pasado y su presente para decidir su futuro. Connor buscaba la libertad, pero termina atrapado en una isla con ella. Queríamos un final inesperado que fuera fiel a ese mundo brutal donde el legado es lo único que queda cuando el humo se disipa.
¿Qué imagen desearía que quedara grabada a fuego en la memoria colectiva?
Me encanta el momento del asalto a la playa, cuando ves a Connor cubierto de sangre con ese viejo abrigo de la Compañía de las Indias Orientales. Ahí sientes el pavor de asesinos reales trabajando juntos. Pero también la imagen de Priyanka en la cueva, revisando su rifle con ese atuendo de cuero. Representa ese filo visceral y auténtico que queríamos darle al género y que se quedará grabado para siempre en la cabeza del espectador. Es la esencia de lo que somos y de cómo entendemos nuestra propia historia de supervivencia en las islas. Nuestra identidad caribeña esta definica por esa mezcla de peligro y belleza.
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