Hace algo más de cuatro años, cuando Rusia todavía no había invadido Ucrania pero daba señales de querer hacerlo, el presidente francés, Emmanuel Macron, visitó al ruso Vladímir Putin en el Kremlin para tratar de frenar sus ansias imperialistas. El autócrata sentó a aquel resuelto Júpiter en el extremo contrario de una gigantesca mesa blanca, en una conversación que resultó inútil para disuadir al ruso. Esa mesa fue, y sigue siendo, un símbolo de la enorme distancia entre Rusia y Occidente, que congeló sus vínculos con Moscú poco después del inicio de la contienda.
Europa se plantea abrir conversaciones con Moscú, pero Berlín y Londres creen que no es el momento. La Unión reclama su sitio en la mesa de diálogo sobre Ucrania y trata de elevar la presión sobre el Kremlin
Hace algo más de cuatro años, cuando Rusia todavía no había invadido Ucrania pero daba señales de querer hacerlo, el presidente francés, Emmanuel Macron, visitó al ruso Vladímir Putin en el Kremlin para tratar de frenar sus ansias imperialistas. El autócrata sentó a aquel resuelto Júpiter en el extremo contrario de una gigantesca mesa blanca, en una conversación que resultó inútil para disuadir al ruso. Esa mesa fue, y sigue siendo, un símbolo de la enorme distancia entre Rusia y Occidente, que congeló sus vínculos con Moscú poco después del inicio de la contienda.
Hoy, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha impulsado sus relaciones con Putin y ha establecido una mesa de diálogo entre Moscú y Kiev para alcanzar un alto el fuego —y, de paso, hacer jugosos negocios—. Pero en esa mesa no se sientan los europeos, lo que insufla aire al debate sobre la conveniencia de reiniciar el diálogo directo con Rusia. Francia e Italia defienden la necesidad de volver a hablar con Putin para no quedar marginados en un diálogo que maneja enteramente Estados Unidos y del que dependerá la arquitectura de seguridad de Europa, el principal donante de Ucrania. Alemania y el Reino Unido, al contrario, creen que no es el momento de conversar con un Putin que no solo no ha dado señales de estar dispuesto a cesar sus ataques a Kiev, sino que ha iniciado una durísima campaña contra la infraestructura energética y civil ucrania para tratar de quebrar la resistencia de los ciudadanos del país invadido en uno de los inviernos más duros que recuerdan.
En paralelo, ambas corrientes coinciden en que se necesita aumentar la presión sobre Rusia para debilitarla y mejorar la posición de Kiev de cara a las negociaciones. Y para demostrar que la UE tiene palancas de presión a su alcance y no se trata de un mero observador que se limita a acatar los dictámenes de Washington.
Desde la llegada a la Casa Blanca de Trump —que muestra una gran sintonía con Putin— y su política aislacionista, Europa ha evidenciado que está sola en el sostén de Kiev. Para Estados Unidos, esta guerra ocupa un lugar muy secundario en sus prioridades, como han vuelto a dejar claro sus representantes este fin de semana en la Conferencia de Seguridad de Múnich, que solía ser un símbolo de la Europa más atlantista. El secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, solo mencionó de pasada a Ucrania en su discurso. Y fue para señalar, en tono acusatorio, que es uno de los muchos conflictos que la ONU no ha logrado resolver.
De la capital bávara, Rubio voló a Eslovaquia y este lunes visitará Hungría, los dos países de la UE más cercanos a Putin y críticos con la ayuda a Kiev. El húngaro Viktor Orbán es, además, el líder europeo más ligado al movimiento trumpista. Sin embargo, el jefe de la diplomacia estadounidense ni siquiera participó en la reunión en Múnich de los aliados europeos con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski.
Las incontables evidencias de que Washington margina a Europa en un asunto clave para su seguridad alimentan estos días el debate en los corredores diplomáticos sobre reiniciar las conversaciones directas con Rusia. Este es un debate cada vez más público, además, tras las declaraciones de Macron a favor de hablar con Rusia y no depender de EE UU. “Mi reflexión es muy sencilla. ¿Queremos delegar esta discusión en otros? Nuestra geografía no va a cambiar. Nos guste o no, Rusia mañana seguirá estando ahí. Y resulta que está a nuestras puertas”, dijo hace unos días en una entrevista con EL PAIS y otros diarios europeos. “Es importante estructurar la reanudación de un debate europeo con ellos. Sin ingenuidad, sin presionar a los ucranios, pero no depender de un tercero en este debate”, añadió el presidente francés, que conversó con Putin por última vez (por teléfono) en julio de 2025.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ya había mostrado una opinión similar. “Creo que ha llegado el momento de que Europa también hable con Rusia”, dijo en enero. “Si Europa solo habla con uno de los dos equipos en el campo, me temo que su contribución será limitada”, añadió la líder ultraconservadora, que habló de consensuar con el resto de países europeos un “enfoque coordinado”. Pero su visión, que respaldan, entre otros, Austria, Luxemburgo y República Checa, choca con Berlín y Londres. “No vemos la necesidad de abrir canales de comunicaciones adicionales”, dijo hace unos días el alemán Friedrich Merz.
París ha reconstruido ya algunos canales de diálogo con Moscú a nivel técnico. Macron envió a su principal consejero diplomático, Emmanuel Bonne, a Rusia hace solo unos días. La visita, no obstante, no fue demasiado fructífera, según fuentes diplomáticas.
Además, la división entre París y Londres (y Berlín), los países que lideran la coalición de voluntarios que prepara una arquitectura para garantizar la seguridad de Ucrania tras el fin de la guerra (incluido el envío de tropas), está generando cierta tensión, apunta una alta fuente comunitaria. “Está cada vez más claro que hay que hablar con Rusia, la cuestión es no solo cuándo, sino cómo”, remarca la misma fuente, veterana en las relaciones entre la UE y Moscú.
“Últimamente, escuchamos con frecuencia que Europa debería dialogar por separado con Rusia. Creo que hoy Rusia solo usaría eso para humillar a Europa”, comentó Zelenski esta semana. En Múnich, donde intentó recabar apoyo para su país, el líder ucranio volvió a hablar del desequilibrio en las negociaciones de paz. “Europa prácticamente no está en la mesa”, dijo. “Un gran error, a mi entender”, añadió.

Enviado especial para Rusia
Algunas voces reclaman que el club comunitario nombre a un enviado especial para el diálogo con Rusia. Y suenan para ello varios nombres: el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el expresidente de ese país Sauli Niinisto, que cuando estuvo en el poder mantuvo una fluida relación con Putin. Los defensores de esa figura argumentan que Moscú nunca se avendrá a conversar con la alta representante para Política Exterior y Seguridad de la UE, la estonia Kaja Kallas, una de las voces más críticas en Europa hacia el imperialismo ruso. Otros creen que un enviado especial sería útil, pero solo para participar en el diálogo que ya ha lanzado EE UU y no para conversar directamente con Moscú.
Rusia, siempre dispuesta a entrar en los debates que dividen a los europeos, considera que restaurar el diálogo sería un “paso positivo”. “Coincide perfectamente con nuestra visión”, aseguró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. A la vez, Moscú ha intensificado su guerra híbrida contra Europa —con sabotajes, ciberataques, incursiones con drones y campañas de propaganda e injerencia política— y está trabajando a fondo para reconstituir sus redes de espionaje, seriamente dañadas tras las expulsiones y sanciones que sucedieron a la invasión a gran escala.
“El inicio de un diálogo en este momento sería visto por los rusos como una señal de debilidad y animaría al Kremlin a ceñirse a sus exigencias maximalistas”, analiza Kristi Raik, directora del estonio International Centre for Defence and Security. “Los europeos deberían haber aprendido de los acontecimientos previos a 2022 que dialogar con los rusos no es una solución mágica para garantizar la paz; por el contrario, un diálogo sin el respaldo de un poder duro creíble es contraproducente frente a una potencia agresiva y revisionista como Rusia”, añade Raik.

Ese poder duro supone que Europa debe mostrar que es un actor geopolítico fuerte, dicen varias fuentes diplomáticas. Y eso pasa por elevar al máximo la presión sobre Rusia y emplear todas las palancas a su alcance. “Putin solo entiende y solo responde a una posición de fuerza”, dice una veterana fuente de Bruselas. “Tanto Moscú como Washington solo tomarán en serio a Europa si no muestra debilidad”, sigue la misma fuente, que recuerda que la estrategia tradicional del Kremlin es conversar con cada país de la UE por separado para tratar de dividir e impedir la fuerza de que los 27 Estados miembros hablen al unísono.
Más presión sobre Putin
“Esta guerra solo terminará cuando Rusia esté exhausta, al menos económicamente, y potencialmente también en lo militar”, dijo Merz en Múnich. “Debemos hacer todo lo posible para que lleguen al punto en el que ya no suponga ninguna ventaja para ellos seguir con esta guerra horrible”.
“No hay que ceder ante Rusia, sino aumentar la presión”, coincidió Macron. ¿Cómo? En los discursos y debates de Múnich afloraron los distintos posibles vectores para incrementar la presión sobre Rusia: el apoyo militar y financiero a Ucrania; el endurecimiento de las sanciones para golpear la economía rusa, especialmente en el sector energético que sigue reportando ingentes recursos a las arcas del Kremlin; la acción para conseguir que EE UU no ahonde en una trayectoria que debilita a Kiev y favorece a Moscú. En otro apartado se halla la capacidad que tendría China para frenar a Rusia -dada la fuerte dependencia-, pero actualmente parece inconcebible que Pekín se decida a dar ese paso.
Zelenski anunció este domingo a través de X que los aliados han decidido entregar a Ucrania un nuevo paquete de ayuda militar y energético ante el cuarto aniversario del inicio de la invasión a gran escala, el próximo 24 de febrero.
Prueba a la fortaleza europea
La respuesta de fondo de los europeos al desafío de sostener Ucrania y presionar a Rusia pondrá a prueba, en la práctica, las proclamas en favor de una Europa más fuerte y autónoma respecto a EE UU que se escucharon en Múnich.
“Ucrania es el yunque sobre el que se está forjando la seguridad europea”, comenta en la capital bávara el teniente general retirado Ben Hodges, excomandante general en Europa del Ejército de Tierra de EE UU. “Europa va a determinar su seguridad en función de cómo ayude a Ucrania a derrotar a Rusia en Ucrania”, añade el veterano militar. “Si no puede hacerlo, entonces Europa nunca va a estar realmente segura”.
Hodges cree que Europa dispone de los medios para derrotar a Rusia sin Washington. “Ucrania no recibe prácticamente nada de Estados Unidos, aparte de lo que los países europeos compran. Pero si sumamos todas las economías, las poblaciones, la tecnología, la riqueza y la industria de toda la UE más Noruega, el Reino Unido y Canadá… estas eclipsan a Rusia”, dice. Y añade: “Si Ucrania es capaz de detener a Rusia sin mucha ayuda por nuestra parte, imagínese si toda Europa se lo tomara en serio. A Putin no le importan las víctimas. Solo se detendrá cuando su economía esté completamente destrozada porque ya no pueda vender petróleo y gas, y cuando vea que toda Europa está unida, ayudando a Ucrania”.
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