La denominada «cuesta de septiembre» vuelve a poner a prueba a las familias españolas. Tras las vacaciones llega el regreso a la rutina laboral, los horarios habituales y, en muchos sectores, el final de las jornadas reducidas que han marcado los meses de verano. Es un momento que puede pesar en lo anímico, pero también en lo económico, especialmente cuando los gastos acumulados durante el verano se encuentran con las facturas habituales y el presupuesto familiar tiene que recuperar su ritmo.
Este año, además, el regreso a la normalidad llega acompañado de varios frentes económicos que añaden presión al bolsillo. La vivienda continúa siendo uno de los principales quebraderos de cabeza, con precios que se encuentran en máximos históricos tanto en las operaciones de compraventa como en el mercado del alquiler, un problema que se arrastra desde hace meses y que en algunas localidades lleva años condicionando las decisiones de los hogares. A esta situación se suma el encarecimiento de los carburantes pese a los descuentos gubernamentales de 5 céntimos por litro para la gasolina y de 20 céntimos para el diésel.
Las tensiones geopolíticas en puntos estratégicos y los problemas de infraestructuras y existencias derivados de ellas están contribuyendo a mantener la presión sobre el mercado energético. A comienzos de la semana del 21 de septiembre, la gasolina alcanzó los 1,922 euros por litro y, entre el 30 de junio y el 21 de septiembre de 2026, la gasolina 95 se encareció alrededor de 0,48 euros por litro, cerca de un 33%. Con este escenario, el bolsillo de los españoles afronta cada vez más gastos que dejan menos margen para llegar a final de mes.
La presión no se limita a la vivienda o al depósito del coche y ahora también se deja notar en la cesta de la compra. Cabe destacar que la inflación de la eurozona repuntó hasta el 3,3% en agosto, mientras que los precios de la energía se dispararon un 14,3%. En España, los alimentos y las bebidas no alcohólicas registraron una tasa anual del 2,3%, siete décimas más que en julio. Detrás de esta cifra hay una realidad mucho más desigual, ya que determinados productos han experimentado incrementos muy superiores a la media.
Hasta un incremento interanual del 35,7% para este alimento
Entre los alimentos que más han subido en el último año destacan las bayas frescas, cuyos precios aumentaron un 35,7% en agosto respecto al mismo mes de 2025. El dato las sitúa como el producto con mayor incremento dentro de los alimentos señalados en la evolución del IPC. Tras ellas aparecen los cítricos frescos, con una subida del 17,1%, y las legumbres verdes, frescas o refrigeradas, que se encarecieron un 15,9%. Los huevos también superaron la barrera de los dos dígitos, con un incremento del 12,5%. La diferencia respecto al 2,3% registrado de media por el conjunto de alimentos muestra hasta qué punto la evolución de los precios puede variar de un producto a otro.
La carne y el pescado suben entre un 7 y un 9%
La presión también se extiende a otros alimentos habituales en los hogares. La carne de vacuno registró una subida del 9,4% durante el último año, mientras que el pescado fresco y congelado aumentó un 7,8%. Aunque estas cifras quedan por debajo de los productos que superan el 10%, su impacto puede ser relevante para las familias debido al peso que tienen estos alimentos en la cesta de la compra. El dato general del 2,3% tampoco significa que todos los productos hayan subido en esa proporción. El índice combina alimentos que se encarecen con otros que bajan de precio o experimentan variaciones más moderadas, por lo que el impacto real sobre cada hogar depende de sus hábitos de consumo.
El motivo por el que la inflación sube aunque bajen los precios de un producto
Hay además un matiz que ayuda a explicar el repunte registrado en agosto. La subida de los alimentos no responde únicamente a grandes aumentos mensuales, ya que la comparación interanual también desempeña un papel importante. En el caso de las frutas y los frutos de cáscara, el principal motivo señalado para el incremento de la tasa alimentaria fue que sus precios bajaron menos que en agosto de 2025. Esto significa que la inflación puede aumentar incluso cuando un determinado producto reduce su precio, siempre que la caída sea inferior a la registrada un año antes. En un contexto marcado por el encarecimiento de la vivienda, los carburantes y la energía, la evolución de la cesta de la compra introduce así otra fuente de presión para los hogares.
Según los datos del INE, la tasa de variación anual del IPC del mes de agosto se situó en el 4,3%, es decir, siete décimas por encima de la registrada en julio
La denominada «cuesta de septiembre» vuelve a poner a prueba a las familias españolas. Tras las vacaciones llega el regreso a la rutina laboral, los horarios habituales y, en muchos sectores, el final de las jornadas reducidas que han marcado los meses de verano. Es un momento que puede pesar en lo anímico, pero también en lo económico, especialmente cuando los gastos acumulados durante el verano se encuentran con las facturas habituales y el presupuesto familiar tiene que recuperar su ritmo.
Este año, además, el regreso a la normalidad llega acompañado de varios frentes económicos que añaden presión al bolsillo. La vivienda continúa siendo uno de los principales quebraderos de cabeza, con precios que se encuentran en máximos históricos tanto en las operaciones de compraventa como en el mercado del alquiler, un problema que se arrastra desde hace meses y que en algunas localidades lleva años condicionando las decisiones de los hogares. A esta situación se suma el encarecimiento de los carburantes pese a los descuentos gubernamentales de 5 céntimos por litro para la gasolina y de 20 céntimos para el diésel.
Las tensiones geopolíticas en puntos estratégicos y los problemas de infraestructuras y existencias derivados de ellas están contribuyendo a mantener la presión sobre el mercado energético. A comienzos de la semana del 21 de septiembre, la gasolina alcanzó los 1,922 euros por litro y, entre el 30 de junio y el 21 de septiembre de 2026, la gasolina 95 se encareció alrededor de 0,48 euros por litro, cerca de un 33%. Con este escenario, el bolsillo de los españoles afronta cada vez más gastos que dejan menos margen para llegar a final de mes.
La presión no se limita a la vivienda o al depósito del coche y ahora también se deja notar en la cesta de la compra. Cabe destacar que la inflación de la eurozona repuntó hasta el 3,3% en agosto, mientras que los precios de la energía se dispararon un 14,3%. En España, los alimentos y las bebidas no alcohólicas registraron una tasa anual del 2,3%, siete décimas más que en julio. Detrás de esta cifra hay una realidad mucho más desigual, ya que determinados productos han experimentado incrementos muy superiores a la media.
Hasta un incremento interanual del 35,7% para este alimento
Entre los alimentos que más han subido en el último año destacan las bayas frescas, cuyos precios aumentaron un 35,7% en agosto respecto al mismo mes de 2025. El dato las sitúa como el producto con mayor incremento dentro de los alimentos señalados en la evolución del IPC. Tras ellas aparecen los cítricos frescos, con una subida del 17,1%, y las legumbres verdes, frescas o refrigeradas, que se encarecieron un 15,9%. Los huevos también superaron la barrera de los dos dígitos, con un incremento del 12,5%. La diferencia respecto al 2,3% registrado de media por el conjunto de alimentos muestra hasta qué punto la evolución de los precios puede variar de un producto a otro.
La carne y el pescado suben entre un 7 y un 9%
La presión también se extiende a otros alimentos habituales en los hogares. La carne de vacuno registró una subida del 9,4% durante el último año, mientras que el pescado fresco y congelado aumentó un 7,8%. Aunque estas cifras quedan por debajo de los productos que superan el 10%, su impacto puede ser relevante para las familias debido al peso que tienen estos alimentos en la cesta de la compra. El dato general del 2,3% tampoco significa que todos los productos hayan subido en esa proporción. El índice combina alimentos que se encarecen con otros que bajan de precio o experimentan variaciones más moderadas, por lo que el impacto real sobre cada hogar depende de sus hábitos de consumo.
El motivo por el que la inflación sube aunque bajen los precios de un producto
Hay además un matiz que ayuda a explicar el repunte registrado en agosto. La subida de los alimentos no responde únicamente a grandes aumentos mensuales, ya que la comparación interanual también desempeña un papel importante. En el caso de las frutas y los frutos de cáscara, el principal motivo señalado para el incremento de la tasa alimentaria fue que sus precios bajaron menos que en agosto de 2025. Esto significa que la inflación puede aumentar incluso cuando un determinado producto reduce su precio, siempre que la caída sea inferior a la registrada un año antes. En un contexto marcado por el encarecimiento de la vivienda, los carburantes y la energía, la evolución de la cesta de la compra introduce así otra fuente de presión para los hogares.
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