Ennio Tasciotti, experto en medicina de la longevidad: «El descanso y el ejercicio son nuestras mejores armas contra el envejecimiento»

El director del Programa de Longevidad Humana del instituto San Raffaele de Roma afirma que «calcular la edad biológica todavía no es una ciencia exacta» Leer El director del Programa de Longevidad Humana del instituto San Raffaele de Roma afirma que «calcular la edad biológica todavía no es una ciencia exacta» Leer  

El biohacking se ha convertido en la palabra de moda cuando hablamos de vivir más y mejor, pero ¿dónde termina la ciencia y dónde empieza el marketing? Hablamos con el profesor Ennio Tasciotti, director del Programa de Longevidad Humana del IRCCS San Raffaele de Roma, quien nos explica por qué no hace falta gastar fortunas en cámaras hiperbáricas ni crioterapia para frenar el envejecimiento. Según el experto, las herramientas más potentes para hackear nuestro cuerpo son gratis y están al alcance de todos: el sueño, la respiración y el movimiento.

¿Qué es el biohacking?
Este término se puede entender de dos maneras: existe el biohacking para el antienvejecimiento (anti-aging) y el de rendimiento. El primero, al alcance de todos, tiene como objetivo aumentar la resiliencia biológica del organismo frente a los estresores que aceleran el envejecimiento. El segundo es el que practican algunos atletas y consiste en técnicas dirigidas a aspectos metabólicos específicos.
¿Nos podría dar un ejemplo de biohacking de rendimiento?
La crioterapia (la exposición del cuerpo a temperaturas muy bajas durante unos pocos minutos) cuenta con pruebas sólidas en la recuperación deportiva, pero también en la inflamación: además de para los atletas, puede ser útil para quienes sufren de fibromialgia o artritis. Sin embargo, en alguien que no es atleta y no padece estas enfermedades, la crioterapia no aporta beneficios demostrados para la longevidad. Muchas de las prácticas de biohacking nacen para tratar condiciones específicas, por lo que sus resultados no son trasladables a personas sanas. Pensemos en las rutinas de biohacking de un culturista, de esas que se muestran en redes sociales; desde luego, no las puede replicar una persona sedentaria de 60 años.
LeBron James también utiliza la cámara hiperbárica.
Es una tecnología que nació con fines médicos, pero que sin duda no hace daño: consiste en respirar oxígeno a alta concentración en un entorno presurizado, lo que aumenta la cantidad de oxígeno disuelto en la sangre y disponible para los tejidos. En el ámbito clínico, puede favorecer los procesos de reparación celular y modular ciertos mecanismos inflamatorios.
Hace falta mucho dinero para hacer cosas así…
En realidad, no es necesario seguir el ejemplo de atletas con posibilidades económicas casi infinitas. Bastaría con aprender a respirar de manera correcta y profunda, a ser posible en lugares sin contaminación. Los efectos serían incluso más potentes, porque las técnicas de respiración controlada actúan regulando de forma natural el intercambio de gases, el sistema nervioso autónomo y la respuesta al estrés. Si nos enfocamos en la longevidad, hoy disponemos de evidencias más sólidas sobre los efectos del breathwork (trabajo de respiración) en la presión arterial, la calidad del sueño, la variabilidad de la frecuencia cardíaca y la reducción del estrés crónico; todos ellos factores estrechamente relacionados con el envejecimiento biológico.
¿Tiene sentido medir la edad biológica?
Calcular la edad biológica todavía no es una ciencia exacta. Es útil si lo hace la misma persona, siempre con el mismo tipo de test, para evaluar la eficacia del proceso que está siguiendo: si la edad biológica disminuye, la estrategia funciona. Hoy en día se piensa más en un concepto funcional que cronológico: tener una buena edad biológica no significa necesariamente vivir más años, sino retrasar el momento en que aparecerán las enfermedades y los problemas típicos del envejecimiento.
¿Cuáles son, en cambio, los principios del biohacking antienvejecimiento?
En primer lugar está el ejercicio físico, que debe incluir entrenamiento aeróbico y de fuerza. Nuestro cuerpo está diseñado para responder al estrés (el esfuerzo físico, el ayuno, la exposición al calor o al frío); se trata de incomodidades temporales que nos hacen más fuertes. Algo muy distinto es el estrés crónico que, por el contrario, acelera el proceso de envejecimiento. No se trata de convertirse en superhumanos, sino de trabajar en nuestra capacidad de respuesta a estresores de diversa índole (metabólico, oxidativo, mecánico, psicológico) que, si se descuidan, nos quitan años de salud. La fuente de la eterna juventud no existe para nadie; cada día debemos hacer algo para construir nuestro futuro en función de nuestro tiempo y recursos económicos. Empecemos por la calidad del sueño que, cuando es suficiente y reparador, además de mitigar el estrés y la ansiedad, reduce la inflamación crónica y mejora la función inmunitaria y el metabolismo. ¡A veces basta con comprar una buena almohada para mejorar la calidad de vida! Y no olvidemos la dieta: si mantenemos niveles altos de polifenoles y antioxidantes a través de la alimentación (presentes en frutas y verduras), no hacen falta las infusiones intravenosas de glutatión; nuestro propio organismo ya es capaz de sintetizarlo y regular sus niveles de forma precisa
¿Cuáles son los estudios más prometedores respecto al biohacking?
El campo de investigación de los péptidos podría dar grandes resultados, porque existen péptidos que aceleran la recuperación tras daños musculares, aumentan la masa magra disminuyendo la grasa, ayudan a dormir mejor o estimulan el sistema inmunitario. Es un ámbito donde hay plausibilidad biológica, una gran base científica y sólidas evidencias experimentales preclínicas, pero aún faltan las pruebas definitivas que aportan los estudios clínicos controlados a gran escala en población sana. Sin embargo, pensemos en su potencial de aplicación cuando se desarrollan bajo criterios farmacológicos. El ejemplo claro son los medicamentos contra la obesidad, que son péptidos agonistas de un receptor celular (GLP-1), estudiados y desarrollados como verdaderos fármacos. Otro campo de investigación muy interesante es el de la microbiota: se ha visto que los atletas y los centenarios tienen una microbiota más diversa y rica en comparación con poblaciones que presentan un envejecimiento acelerado o patologías crónicas. Esta mayor biodiversidad se asocia con una mejor regulación de la inflamación sistémica, un metabolismo más eficiente y una mayor resiliencia biológica. En concreto, los estudios en grupos de centenarios muestran una abundancia de especies bacterianas productoras de metabolitos beneficiosos, como los ácidos grasos de cadena corta, mientras que en sujetos con un envejecimiento patológico se observa a menudo una reducción de la diversidad microbiana y un predominio de perfiles proinflamatorios.
¿Qué le diría a una persona que quiere empezar un proceso de biohacking?
Que todas estas prácticas deben realizarse bajo una estricta supervisión médica, incluso si no se padece ninguna enfermedad. Esto se llama medicina de la longevidad y requiere conocimientos y una preparación multidisciplinar. No todas las prácticas son buenas para todo el mundo y algunos tratamientos pueden estar contraindicados para quienes tienen patologías cardiovasculares u oncológicas.
¿En qué trabaja usted actualmente?
En algoritmos predictivos de salud y riesgo de enfermedad, que buscan identificar con antelación los puntos de fragilidad y de resiliencia de una persona. El objetivo es intervenir de forma dirigida con pequeños ajustes en el estilo de vida que tal vez no resulten obvios, pero que tienen una eficacia demostrada. Por ejemplo, para mejorar la calidad del sueño, podría ser necesario realinear los ritmos circadianos. Para lograrlo no hacen falta intervenciones complejas: a menudo basta con ajustar el reloj biológico con gestos sencillos, como exponerse a la luz natural por la mañana, aunque sea caminando media hora para ir al trabajo. Esto sincroniza el sistema y reduce la carga de estrés fisiológico. A veces, la «terapia» más potente es, simplemente, volver a ponerse en fase con la luz del día.

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