
La liberalización del ferrocarril y la guerra por los billetes baratos en la alta velocidad han hecho más atractivos los trenes frente a otros medios de transporte mucho más contaminantes. Según los datos de Renfe, esto ha supuesto que el tren se coma al avión en siete grandes rutas por España —el 82% de viajeros lo prefiere frente a los vuelos—, lo que tiene una consecuencia ambiental positiva: el ahorro anual de emisiones en estos corredores asciende a 512.926 toneladas de CO₂, una cifra similar a 250.000 coches de combustión circulando durante todo el año, más o menos como todos los que hay registrados en Murcia.
El 82% de los viajeros prefiere el ferrocarril frente a los aeropuertos en los grandes corredores
La liberalización del ferrocarril y la guerra por los billetes baratos en la alta velocidad han hecho más atractivos los trenes frente a otros medios de transporte mucho más contaminantes. Según los datos de Renfe, esto ha supuesto que el tren se coma al avión en siete grandes rutas por España —el 82% de viajeros lo prefiere frente a los vuelos—, lo que tiene una consecuencia ambiental positiva: el ahorro anual de emisiones en estos corredores asciende a 512.926 toneladas de CO₂, una cifra similar a 250.000 coches de combustión circulando durante todo el año, más o menos como todos los que hay registrados en Murcia.

Las cifras que maneja la empresa pública —a las que ha tenido acceso EL PAÍS— muestran que, en los periodos de septiembre a agosto de los últimos tres años, el número de viajeros en alta velocidad no ha dejado de crecer: en Madrid-Barcelona, de 7,5 a 8,9 millones; en Madrid-Valencia, de 4,4 a 5,3; en Madrid-Málaga, de 2,1 a 3,5. En esos guarismos están incluidos también los usuarios de Ouigo e Iryo.
“En cuanto el tren ofrece un tiempo de viaje competitivo por debajo de las tres horas, la demanda se vuelca masivamente en el ferrocarril frente al avión. Cuando el trayecto Madrid-Barcelona tardaba siete horas, solo lo preferían el 15% de viajeros, mientras que ahora es el 83%”, explica Adrián Fernández, director de Sostenibilidad y Eficiencia Energética en Renfe.
Y continúa: “La liberalización ha sido un revulsivo, porque ha habido más oferta, muy por encima de la que había antes de la pandemia. Además, una vez que los trasvases entre operadores se han estabilizado, Renfe sigue moviendo más viajeros que los que movía antes del covid. Estamos viviendo una estabilización en el reparto de la cuota de mercado, y Renfe es el operador que llega a todo el territorio y sigue registrando las cifras récord en el transporte de viajeros en larga distancia”.

Para desentrañar el ahorro de emisiones que supone este cambio, la empresa pública trabaja con la hipótesis de la Unión Internacional de Ferrocarriles (UIC), que calcula que el 50% de los viajeros de la alta velocidad procede del avión, un 20% del coche, mientras que el restante 30% son viajes inducidos, es decir, que no se realizaban antes de contar con la ruta de AVE (porque ahora son más rápidos, más baratos o más convenientes). Además, Renfe cuenta con energía certificada 100% renovable.
Dado que tanto el avión como el coche son más contaminantes, se puede estimar el ahorro de emisiones de esos viajeros cuando se pasan al ferrocarril a partir de un método desarrollado por la Comisión Europea. Los cálculos de Renfe apuntan a que en el periodo de septiembre a agosto de 2025 la ruta Madrid-Barcelona ha ahorrado 185.856 toneladas de CO₂; la de Madrid-Sevilla, 76.874; y la que enlaza la capital con Málaga, 72.121. Si se añaden los corredores que unen Madrid con Galicia, Valencia, Alicante y Asturias, el ahorro total en ese año es de 512.944 toneladas de CO₂.
El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), dependiente de Transición Ecológica, estima que cada viajero en coche emite 121 gramos de CO₂ por kilómetro. Dado que cada coche realiza unos 11.200 kilómetros al año en España (según la DGT) y que, de media, viajan en él 1,5 personas, el resultado de dividir ese medio millón de toneladas entre las emisiones de cada coche da como resultado unos 252.325 vehículos circulando todo el año. Casi tantos como hay registrados en la ciudad de Murcia, séptima urbe de España por población.
Cristina Arjona, portavoz de movilidad de Greenpeace, señala: “Cuando existen trenes suficientes, horarios competitivos, el servicio funciona bien y la red es útil, la comodidad del tren es incomparable. Si unes el tiempo de desplazamientos, salida, llegada, controles de desplazamientos, el tren es más competitivo, pero incluso con ese pequeño desfase de tiempo que puede existir en algunas rutas, la ciudadanía prefiere el tren por la comodidad y por el factor ambiental que tiene”.
Factores psicológicos
Por otro lado, David Lois, profesor de Psicología Social en la UNED e investigador en Transyt-UPM, apunta a los factores psicológicos que benefician al ferrocarril: “La penalización en tiempo del tren es menor: tiene mejor acceso a las estaciones, que suelen estar en el centro, y menos controles, y eso facilita que se opte por él. Otra cosa que influye en la decisión es que en torno al 20% de la población experimenta ansiedad anticipatoria antes de coger un vuelo, con lo que hay un elemento aversivo al uso de este modo de transporte aéreo, que con una alternativa ferroviaria se evita”.
May López, portavoz de Empresas por la Movilidad Sostenible, tercia: “El tren es el modo de transporte más ecológico, porque evita emisiones de CO₂ y partículas en suspensión. Es al menos ocho veces menos contaminante que el transporte aéreo. Un vuelo de 600 kilómetros genera unos 165 kilos de CO₂. Cada vez que quitamos esos vuelos reducimos el CO₂”.
Respecto al factor de los precios, Arjona añade: “La mayoría de la población es consciente de que el tren es mucho más sostenible, pero para impulsar que se use todavía más también debe ser el más competitivo en precio, ya que a veces sigue siendo más caro que el avión”. En este sentido, Lois apunta: “El avión no tiene internalizados los costes externos que genera: no paga impuestos al combustible, solo se aplica el IVA a vuelos internos, y no existe un impuesto a los billetes de avión, con lo que esas emisiones de los vuelos no pagan por contaminar, como sí hacen otros medios de transportes. Si se ajustara ese elemento, la competitividad del tren sería todavía mucho mayor».
Fernández resume: “El tren de alta velocidad eléctrico alimentado con energías renovables no solo contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que además reduce la congestión de las carreteras, la accidentalidad, y los impactos ambientales de otros modos como el coche y el avión. Según la alta velocidad llega a nuevos corredores, en cuanto los tiempos son competitivos, la gente decide usar masivamente el tren, con cuotas del 80% y 90%, lo que demuestra que hay un gran potencial para que la gente pueda seguir desplazándose por la Península sin perjudicar al medio ambiente”.
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