En su primer mensaje de Pascua, la celebración más importante para los cristianos, el papa León XIV ha pedido este domingo paz y “dejar a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder” en un “mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia”, que hacen sentir impotencia “ante el mal”. El primer pontífice estadounidense de la historia, en un tiempo particularmente convulso, marcado por las guerras y tensiones internacionales, ha reclamado “que quienes tienen armas en sus manos las abandonen” y “que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz”. Y ha puntualizado: “No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo”.
El Pontífice cambia la tradición y no menciona países ni conflictos concretos, como solían hacer sus predecesores
En su primer mensaje de Pascua, la celebración más importante para los cristianos, el papa León XIV ha pedido este domingo paz y “dejar a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder” en un “mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia”, que hacen sentir impotencia “ante el mal”. El primer pontífice estadounidense de la historia, en un tiempo particularmente convulso, marcado por las guerras y tensiones internacionales, ha reclamado “que quienes tienen armas en sus manos las abandonen” y “que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz”. Y ha puntualizado: “No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo”.
Sin embargo, el Papa ha cambiado la tradición reciente del Domingo de Resurrección y en su mensaje Urbi et Orbi, en el que da su bendición “a la ciudad y al mundo”, no ha mencionado ningún país específico ni situación o conflicto concreto, como hacían sus predecesores. Desde Juan Pablo II, los papas dedicaban el día de Navidad y de Pascua, las festividades más destacadas para el cristianismo, a pronunciarse sobre las guerras abiertas y los conflictos que afligen al mundo en un tono particularmente crítico. El propio León XIV siguió esta costumbre en el pasado mensaje de Navidad, cuando recordó numerosas crisis abiertas en todos los continentes y reivindicó que cesara “el estruendo de las armas”.
Este día de Pascua, el Pontífice ha optado por seguir sacudiendo conciencias, pero renovando la tradición y ha pronunciado un mensaje genérico, con una marcada crítica al recurso a la violencia, pero sin admoniciones puntuales para casos específicos. El Papa ha denunciado que el mundo se está “acostumbrando a la violencia” y ha especificado: “Nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos”.
También ha recurrido a un mensaje de retomado su predecesor, el papa Francisco, que precisamente el Domingo de Resurrección del año pasado realizó su última aparición pública un día antes de fallecer. “Existe una ‘globalización de la indiferencia’ cada vez más marcada, por retomar una expresión muy querida por el papa Francisco, quien hace justo un año, desde esta logia, dirigió al mundo sus últimas palabras, recordándonos: ‘Cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo”, ha dicho León XIV. Y ha reclamado: “¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal!”.

El pontífice, que se presentó al mundo pocos minutos después de ser elegido Papa reclamando “una paz desarmada y desarmante”, ha lanzado numerosos llamamientos contundentes por la paz y por el desarme, en favor del diálogo y la reconciliación en lo que lleva de pontificado, que el próximo mayo cumplirá un año. Pero lo ha hecho de forma sutil, evitando mencionar, en la mayoría de ocasiones, realidades concretas, aunque no es complicado descifrar a qué o quién se refiere. Por el momento ha optado por mantener un perfil bajo, basado en la discreción, la moderación y el soft power (poder blando), con un estilo muy comedido y estudiado.
Como él mismo ha anunciado este domingo, el próximo sábado 11 de abril se celebrará en la basílica de San Pedro una vigilia de oración por la paz, a la que ha invitado a todos los cristianos a participar. “La paz que Jesús nos entrega no es aquella que se limita a silenciar las armas, sino la que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros. ¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón!”, ha señalado.
En la misa del Domingo de Resurrección, celebrada antes de pronunciar el mensaje pascual, el pontífice ha advertido de que “la muerte siempre acecha”. Y ha detallado: “La vemos presente en las injusticias, en los egoísmos partidistas, en la opresión de los pobres, en la escasa atención hacia los más frágiles. La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye”.
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