El Mallorca busca su identidad

La sensación que dejó el Mallorca tras perder ante el Granada en el Nuevo Los Cármenes fue extraña. Sí que hubo un consenso mayoritario en que no hizo un buen partido en líneas generales y en que fue claramente perjudicado por el árbitro Ais Reig en el segundo tanto de los locales. La derrota fue justa porque el Granada fue mejor en su plan de partido y los bermellones peores en el suyo. Hasta ahí todo el mundo puede coincidir en el diagnóstico. Pero también hay consenso en que los de Luis García no acaban de ser claros con su propia idea de juego, algo que se vio ante el Valladolid y que se agravó el lunes. La sensación que dejó el Mallorca tras perder ante el Granada en el Nuevo Los Cármenes fue extraña. Sí que hubo un consenso mayoritario en que no hizo un buen partido en líneas generales y en que fue claramente perjudicado por el árbitro Ais Reig en el segundo tanto de los locales. La derrota fue justa porque el Granada fue mejor en su plan de partido y los bermellones peores en el suyo. Hasta ahí todo el mundo puede coincidir en el diagnóstico. Pero también hay consenso en que los de Luis García no acaban de ser claros con su propia idea de juego, algo que se vio ante el Valladolid y que se agravó el lunes.  

La sensación que dejó el Mallorca tras perder ante el Granada en el Nuevo Los Cármenes fue extraña. Sí que hubo un consenso mayoritario en que no hizo un buen partido en líneas generales y en que fue claramente perjudicado por el árbitro Ais Reig en el segundo tanto de los locales. La derrota fue justa porque el Granada fue mejor en su plan de partido y los bermellones peores en el suyo. Hasta ahí todo el mundo puede coincidir en el diagnóstico. Pero también hay consenso en que los de Luis García no acaban de ser claros con su propia idea de juego, algo que se vio ante el Valladolid y que se agravó el lunes.

Once fichajes y otras muchas salidas obligan prácticamente a un reinicio por parte de todos. Conjuntar a muchos jugadores nuevos con ideas distintas es complicado y este Mallorca se encuentra en ello. Debutaron futbolistas como Cerdà o Buksa; Liso o Puigmal siguen aclimatándose al equipo y quedan expedientes por cerrar en la plantilla como la situación de Mateu Jaume, a quien espera el Girona.

Todo ello provocó que el Mallorca, especialmente este lunes ante el Granada, no diera la sensación de equipo y sí de amalgama de jugadores en busca de su sitio. Es entendible a estas alturas de agosto e incluso esperable por el baile de caras, pero la etiqueta de favorito no permite tropiezos. Ni el más mínimo a pesar de que llegarán más.

Si Adrián Fuentes, quien continúa negado de cara a gol, hubiese estado más acertado en el minuto 2 se habría dado otro partido, sin ninguna duda. Pero no ocurrió. Y el Mallorca pecó en muchas zonas del campo, reiterando en errores que ya cometió en la primera jornada y que siguen sin poder resolver.

En área propia, sigue sin ser contundente. El Valladolid no le creó por la limitación técnica de los vallisoletanos, pero el lunes los de Pacheta, con un par de envíos en largo y dos centros al área causaron estragos. Existió descoordinación entre los cuatro de atrás y los extremos, provocando enormes agujeros a la espalda de los laterales que tanto Arnaiz como Rodelas aprovecharon a la perfección.

En el centro del campo, puede que por la ausencia de Darder –siempre en el centro de la diana–, faltó tranquilidad con la pelota. Morlanes fue de más a menos, mientras que tanto Pablo Torre –sigue con su falta de fondo físico– ni Sala estuvieron finos. Hubo demasiada aceleración y poca claridad con el balón en los pies. Tampoco ayudó el excesivo individualismo de Luvumbo, a la vez que errático, o de Roca, más voluntarioso que acertado. El saldo de disparos a favor fue ínfimo para el control que tuvo el Mallorca del choque, no así del partido.

Sobra obviar que tan solo se han disputado dos jornadas y que queda toda la Liga por delante. Pero este Mallorca está obligado a mostrar mucho más.

 Diario de Mallorca – Deportes

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