A Donald Trump le cuesta asumir las responsabilidades cuando las cosas no salen bien. Acostumbra a señalar a otros cada vez que está bajo el foco. Los acusa y amenaza hasta que pasa la tormenta. Así lo ha hecho con la inflación o con el fracaso de la piscina reflectante de Washington. Hace un par de semanas también culpó a las grandes petroleras del alto precio de los carburantes, por encima de los cuatro dólares por galón. Las reprendió por estar “ganando demasiado dinero”, y exigió la devolución de parte de sus beneficios. “Cuando ves una empresa que ganó doce veces más que el año anterior, debería devolver parte de esas ganancias al público”, señaló desde la Casa Blanca ante la preocupación porque el precio de los carburantes está afectando al bolsillo de las familias. “Más les vale bajar el precio de venta al público, el precio para el consumidor”.
El sector fósil estadounidense, gran donante del republicano, multiplica sus beneficios con el cierre de Ormuz y la crisis global de refino
A Donald Trump le cuesta asumir las responsabilidades cuando las cosas no salen bien. Acostumbra a señalar a otros cada vez que está bajo el foco. Los acusa y amenaza hasta que pasa la tormenta. Así lo ha hecho con la inflación o con el fracaso de la piscina reflectante de Washington. Hace un par de semanas también culpó a las grandes petroleras del alto precio de los carburantes, por encima de los cuatro dólares por galón. Las reprendió por estar “ganando demasiado dinero”, y exigió la devolución de parte de sus beneficios. “Cuando ves una empresa que ganó doce veces más que el año anterior, debería devolver parte de esas ganancias al público”, señaló desde la Casa Blanca ante la preocupación porque el precio de los carburantes está afectando al bolsillo de las familias. “Más les vale bajar el precio de venta al público, el precio para el consumidor”.
Esas palabras gruesas, como acostumbra Trump, tienen sin embargo mucho de movimiento cara a la galería, de brindis al sol para apaciguar a sus votantes de cara a unas elecciones de mitad de mandato en las que pintan bastos para los republicanos. De fondo, en cambio, lo que subyace es algo bien distinto: si un sector ha recibido un especial trato de favor del mandatario, ese es el del petróleo. Solo las tecnológicas y los amos de las criptomonedas pueden preciarse de compartir el podio de preferencias presidenciales.
Su guerra contra Irán está siendo, en fin, una inagotable fuente de milmillonarios beneficios caídos del cielo para la industria fósil estadounidense, donante clave de Trump en la campaña de 2024. Aquellas elecciones acabaron con el magnate de nuevo en el poder y, meses después, con uno de los suyos, Chris Wright, ejecutivo petrolero de larga data y negacionista irredento, al frente de la poderosa Secretaría de Energía. Quién mejor que él para asegurarse de que el presidente no se desvíe ni un milímetro del tantas y tantas veces repetido “drill, baby, drill”(“perfora, cariño, perfora”).
Los números no mienten: las grandes compañías petroleras están haciendo el agosto en los últimos meses. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha reducido la oferta mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL, el que se mueve por barco), disparando su cotización y, también, los de por sí jugosos márgenes de los colosos energéticos. Los cinco mayores nombres del sector en EE UU obtuvieron un beneficio de 65.500 millones de dólares (56.000 millones de euros) en el primer semestre del año, un 65% más que en el mismo período de 2025. La segunda mayor de ellas, Chevron, casi cuadruplicó sus ganancias.
La propia Chevron, Exxon y ConocoPhillips, los tres pesos pesados del crudo y el gas en EE UU, han vendido más que nunca. Tanto dentro como fuera del país norteamericano. Y lo han hecho a precios que no se veían desde la invasión rusa de Ucrania. En un plano algo más discreto, compañías menos conocidas para el gran público, como Marathon Petroleum, Valero o Phillips 66 también están cosechando resultados récord, solo superados por 2022, cuando la guerra de Ucrania desimantó todas las brújulas del mercado.
La venta de materia prima a precio de oro solo es, sin embargo, una parte de la historia de sus ganancias extraordinarias. Sus directivos, que están entre los mejor pagados del mundo, reconocen que el problema del mercado no es solo la caída del flujo desde el golfo Pérsico, sino, sobre todo la falta de capacidad de refino, toda vez que decenas de instalaciones de conversión de petróleo en carburantes han quedado fuera de juego en Oriente Próximo.
“La capacidad disponible de refino es la más baja que hemos visto nunca. Esto ha dado como resultado márgenes de refinación récord”, aseguraba hace un par de semanas el director financiero de Exxon, Neil Hansen, en una llamada con analistas. Horas antes, su empresa acababa de anunciar un beneficio de 14.525 millones de dólares en solo tres meses, el doble que entre abril y junio del año anterior.

Pese a las recientes críticas de Trump en público, en Washington son muchos quienes sostienen —y razones no les faltan— que las petroleras están cobrándose ahora, en dinero contante y sonante, los favores que hicieron al republicano hace un par de años, en la carrera presidencial.
“Los intereses de la industria de los combustibles fósiles donaron generosamente a la campaña de reelección del presidente Trump en 2024. Incluso después de su victoria, los magnates del petróleo y el gas han seguido inyectando dinero en sus arcas políticas”, recuerda Owen Bacskai, investigador del Brennan Center for Justice. “Ahora, tal como prometió durante la campaña, la Administración está adoptando su agenda política y gobernando de una manera que genera miles de millones de dólares para esa industria”. El republicano ni siquiera se ha esmerado por aparentar una mínima distancia con el mundo del petróleo: sabe que, como tantas otras cosas, es algo que su electorado más fiel, su mundo MAGA, pasará por alto.
En la misma dirección señalan varios investigadores del Centro para el Progreso de América (CAP, en sus siglas en inglés): “Estas ganancias no son una mera coincidencia: enriquecer a la industria es una parte fundamental de la agenda de Trump. Durante su campaña electoral, aceptó millones de dólares en donaciones de la industria del petróleo y el gas. Y desde que asumió el cargo, su Administración ha otorgado numerosas ayudas a la industria”.
La hemeroteca está llena de elogios y palabras edulcoradas hacia los principales protagonistas de un negocio, el fósil, que es consciente de que tiene fecha de caducidad y de que tiene que aprovechar al máximo todas las oportunidades que se le presenten para exprimir sus activos. La relación de Trump con la mayoría de ejecutivos de la industria, como Darren Woods (Exxon), Mike Wirth (Chevron) o Andy O’Brian (ConocoPhillips) es más que fluida: pese a los exabruptos recientes por el alto precio de la gasolina, todos ellos saben que tienen abiertas de par en par las puertas de la Casa Blanca. Y que el presidente, pese a las especulaciones y sugerencias de su entorno, no osará prohibir las exportaciones de crudo y sus derivados para hacer bajar los precios internos.
De entre todos ellos, sin embargo, si por alguien siente devoción el republicano ese es Harold Hamm, fundador y presidente de Continental Resources, magnate como Trump y de su misma quinta: también tiene 80 años. “Hay una historia sobre él que dice que puede mirar un terreno, meter una pajita y el petróleo brota a borbotones”, le ha alabado Trump. “Es un gran tipo, me ha apoyado mucho durante mucho tiempo”. Hamm también comparte con Trump su visión sobre Oriente Próximo: férreo defensor de Israel, lleva años reclamando una dosis mayor de agresividad con Irán.

Para el recuerdo queda, también, la cumbre de principios de enero en la Casa Blanca con la plana mayor de las petroleras ya no solo estadounidenses sino occidentales —que también están haciendo dinero a manos llenas— para repartirse el gran botín venezolano. No había pasado ni una semana desde la captura y posterior trasladado a EE UU de Nicolás Maduro.
En aquella cita, Trump se deshizo en halagos a las energéticas que tanto le habían ayudado en campaña. “Son las personas más importantes del mundo, los empresarios más importantes, las empresas más grandes del planeta y sus directivos son personas muy inteligentes, no solo en el sector petrolero, sino en el mundo de los negocios”, dijo el mandatario republicano buscando el apoyo de un sector que conoce bien. “Vamos a ayudarlos. Vamos a ponérselo muy fácil. Vamos a estar ahí juntos por mucho, mucho tiempo. Van a llevarse el petróleo. Van a ganar mucho dinero con esto”. Hablaba de Venezuela. Mes y medio después, las primeras bombas estadounidenses e israelíes caían sobre Teherán, que respondía cerrando el estrecho de Ormuz. Dicho y hecho.
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