Casablanca ya levanta su gran sueño mundialista. A las afueras de la ciudad, entre grúas, acero, polvo y una actividad que no se detiene ni de día ni de noche, Marruecos construye el futuro estadio Hassan II, llamado a convertirse en el más grande del mundo cuando esté terminado. Tendrá capacidad para 115.000 espectadores y nace con una ambición que va mucho más allá del fútbol: ser un símbolo de país, de cultura y de hospitalidad en el Mundial 2030. El gran sueño de esta cosntrucción es acabar siendo la sede de la final del Mundial, haciendo frente a las opciones españolas como el Bernabéu o el Camp Nou. Casablanca ya levanta su gran sueño mundialista. A las afueras de la ciudad, entre grúas, acero, polvo y una actividad que no se detiene ni de día ni de noche, Marruecos construye el futuro estadio Hassan II, llamado a convertirse en el más grande del mundo cuando esté terminado. Tendrá capacidad para 115.000 espectadores y nace con una ambición que va mucho más allá del fútbol: ser un símbolo de país, de cultura y de hospitalidad en el Mundial 2030. El gran sueño de esta cosntrucción es acabar siendo la sede de la final del Mundial, haciendo frente a las opciones españolas como el Bernabéu o el Camp Nou.
Casablanca ya levanta su gran sueño mundialista. A las afueras de la ciudad, entre grúas, acero, polvo y una actividad que no se detiene ni de día ni de noche, Marruecos construye el futuro estadio Hassan II, llamado a convertirse en el más grande del mundo cuando esté terminado. Tendrá capacidad para 115.000 espectadores y nace con una ambición que va mucho más allá del fútbol: ser un símbolo de país, de cultura y de hospitalidad en el Mundial 2030. El gran sueño de esta cosntrucción es acabar siendo la sede de la final del Mundial, haciendo frente a las opciones españolas como el Bernabéu o el Camp Nou.
La visita a las obras, efectuada por SPORT, permite tomar dimensión de un proyecto que impresiona incluso antes de que el estadio empiece a dibujarse por completo. Actualmente trabajan unos 5.000 obreros, aunque la previsión es alcanzar los 10.000 en los próximos meses. La construcción avanza en tres turnos de ocho horas, con actividad permanente las 24 horas del día. Marruecos pisa el acelerador con un objetivo claro: tener el estadio terminado en diciembre de 2027, ocho meses antes de lo previsto, y reforzar así su credibilidad como una de las grandes sedes del torneo.

El arquitecto principal del proyecto, Tarik Oualalou, explicó a los medios que la obra no debe entenderse únicamente como un gran recinto deportivo. “Queremos que sea el centro de la hospitalidad de este Mundial”, señaló durante la visita. La idea es que el Hassan II sea «un espacio de unión, un lugar donde todas las comunidades puedan encontrarse, convivir y disfrutar del evento en armonía».
Esa filosofía se traslada a una arquitectura profundamente conectada con Marruecos. Antes de llegar al estadio, el visitante atravesará una gran estructura inspirada en las tiendas tradicionales, un elemento muy marroquí. Bajo esa cubierta, el recorrido hacia el campo se convertirá en una experiencia sensorial. Oualalou explicó que el estadio quiere reflejar también una nueva manera de entender la climatología, con espacios que evoquen distintos paisajes del país: el mar, el bosque o el desierto. “Queremos hacer un estadio que respire, que lo puedas sentir a medida que te acercas al campo”, resumió.

La magnitud técnica del proyecto es enorme. La estructura será la más grande jamás construida en un estadio de estas características. El recinto deportivo será independiente de la gran cubierta de tiendas, que se elevará hasta los 550 metros. Los asientos quedarán cubiertos e integrados en ese concepto arquitectónico, mientras que en el interior se instalará una pantalla suspendida en el techo de unos 700 metros cuadrados que rodeará el estadio. «Es un estadio que desafía los límites», asegura el arquitecto.
La distribución de las gradas se organizará en tres niveles, con sectores de 22.000, 14.000 y 62.000 espectadores. De la capacidad total, unas 100.000 localidades estarán destinadas al público general, mientras que habrá 3.000 asientos para prensa y 9.000 plazas VIP. La hospitalidad, uno de los ejes del proyecto, estará presente en todas las plantas para que la experiencia se extienda antes, durante y después de los partidos.

El Hassan II también será un estadio de alta tecnología. Está prevista la instalación de unas 3.000 cámaras distribuidas por todo el recinto y el uso de 200 drones para el seguimiento aéreo. Todo el diseño se ha proyectado de acuerdo con las necesidades de la FIFA, pero con la voluntad de que el estadio tenga vida más allá del Mundial. El modelo será flexible, adaptable a futuras competiciones y a diferentes usos deportivos y sociales.
El proyecto, con un coste aproximado de 1.000 millones de dólares, ha causado una gran impresión en la FIFA. Marruecos no oculta su gran aspiración: que Casablanca pueda acoger la final del Mundial 2030. Para ello, el estadio no será una pieza aislada, sino el centro de una nueva área metropolitana. Tendrá conexión rápida con autopistas, una futura estación de vía rápida, accesos de todo tipo y parkings subterráneos, una solución pensada también para preservar los bosques cercanos y reforzar la seguridad.
En apenas diez meses de trabajos, con un 40% de los asientos ya finalizados y unas 9.000 toneladas de acero previstas en la construcción, el Hassan II empieza a tomar forma como una obra destinada a desafiar los límites. Alrededor del estadio también se levantará una zona deportiva con pistas de baloncesto, piscina y un complejo pensado para la práctica de otros deportes.
Marruecos quiere que el mundo no solo vea un estadio gigantesco. Quiere que sienta una cultura, una manera de recibir y una declaración de ambición. Casablanca construye un coloso, sí, pero también un mensaje: el Mundial 2030 ya empieza a jugarse sobre el terreno.

Diario de Mallorca – Deportes
