El césped del Metropolitano, el fichaje de Alemany, el VAR… y el mejor Atlético de la era Simeone

El mejor Atlético que se recuerda en la era Simeone, un huracán ofensivo en los primeros 45 minutos, desarboló al Barcelona más indolente que se recuerda con Flick en el banquillo. Las ausencias de Pedri y, sobre todo, de Raphinha provocaron que Cholo afilase aún más el colmillo del Atlético alineando a sus puñales en ataque con Giuliano, Lookman y Julián Álvarez dirigidos por un Griezmann majestuoso. En la primera mitad llovieron las ocasiones locales. Cada llegada olía a gol, cada estampida, a navajazo. Y a eso se sumaron además los intangibles: la hierba, el VAR, la fortuna… La grada colchonera se frotaba los ojos cuando Martínez Munuera indicó el descanso. El mejor Atlético que se recuerda en la era Simeone, un huracán ofensivo en los primeros 45 minutos, desarboló al Barcelona más indolente que se recuerda con Flick en el banquillo. Las ausencias de Pedri y, sobre todo, de Raphinha provocaron que Cholo afilase aún más el colmillo del Atlético alineando a sus puñales en ataque con Giuliano, Lookman y Julián Álvarez dirigidos por un Griezmann majestuoso. En la primera mitad llovieron las ocasiones locales. Cada llegada olía a gol, cada estampida, a navajazo. Y a eso se sumaron además los intangibles: la hierba, el VAR, la fortuna… La grada colchonera se frotaba los ojos cuando Martínez Munuera indicó el descanso.  

El mejor Atlético que se recuerda en la era Simeone, un huracán ofensivo en los primeros 45 minutos, desarboló al Barcelona más indolente que se recuerda con Flick en el banquillo. Las ausencias de Pedri y, sobre todo, de Raphinha provocaron que Cholo afilase aún más el colmillo del Atlético alineando a sus puñales en ataque con Giuliano, Lookman y Julián Álvarez dirigidos por un Griezmann majestuoso. En la primera mitad llovieron las ocasiones locales. Cada llegada olía a gol, cada estampida, a navajazo. Y a eso se sumaron además los intangibles: la hierba, el VAR, la fortuna… La grada colchonera se frotaba los ojos cuando Martínez Munuera indicó el descanso.

La previa de este partido arrancó en la orilla colchonera con lamentos por el estado del césped del Metropolitano. Y quiso el destino que la hierba se aliase con los de Simeone hasta el punto de ser protagonista decisiva en el primer gol. En un pase inocente de Eric a su portero, incumpliendo esa máxima del fútbol que advierte que nunca se cede el balón entre palos, la pelota llegó a Joan García botando como si fuera un conejo y se escurrió bajo el pie del portero cruzando la raya de gol visitante. Aún digerían el shock los de Flick cuando Musso puso a correr a Lookman en un saque largo. El nigeriano entendió que iba muy solo y tocó atrás para que Julián Álvarez descargarse sobre la derecha, donde Nahuel sirvió a Griezmann. Y el francés, otro ex azulgrana, frotó la lámpara y remató al palo largo tirando un túnel a Koundé que Joan García saludó al pasar.

El encuentro, además, era un derbi para Mateo Alemany. El ex dirigente azulgrana, hoy hombre fuerte del Atlético en los despachos, se dice que ha llegado al Metropolitano para cerrar la etapa de Simeone y abrir una nueva donde apuntan a Andoni Iraola como técnico fetiche del balear. Antes de despejar esa incógnita Alemany ha cerrado su primer mercado atlético con la llegada de Lookman, Mendoza y el mexicano Obed Vargas. Refuerzos heterodoxos y poco seductores, aunque el nigeriano ha caído de pie. Se vio en el tercer gol, donde brilló toda la línea de ataque rojiblanco. Griezmann convirtió un balón complicado en un pase a Giuliano, que habilitó al medio para Julián, quien de primeras asistió a Lookman, que cruzó de primeras a la red. Un gol que corre por cuenta de Alemany.

El cuarto fue la guinda. Lookman, autor del tercero, devolvió la asistencia en el cuarto al poner el balón al balcón del área, donde apareció Julián Álvarez para sacar un obús cargado de rabia que Joan García volvió a ver pasar. A la mejor primera parte de la historia de Simeone en el Atlético se sumaba el empuje del Metropolitano, la complicidad del césped y el buen tino de Alemany ante el devastado equipo de Flick.

Imagen del VAR que anula el gol de Cubarsí
Imagen del VAR que anula el gol de Cubarsí / Movistar +

Hasta el VAR sonrió a los de Simeone, que en el minuto 51 vio cómo el sometimiento con el que arrancó la segunda mitad terminaba con un gol de Cubarsí que el videoarbitraje anulaba después de seis minutos de análisis. El Metropolitano y Simeone celebraron la anulación como el quinto gol. Y al Barça le sentó como una ducha de agua fría. Se atrincheró la horda de Simeone consciente de que en la segunda parte se jugaba la clasificación para la final de Copa. Necesitaban los rojiblancos sujetar el marcador minimizando el dominio azulgrana. El 4-0 era una renta sobresaliente, un gol culé la hacía notable. Todo lo demás dejaba en el alambre de la vuelta el billete para La Cartuja.

Y los de Simeone lograron enfriar las urgencias azulgranas, ayudados también por la cortina de agua que se animó a caer durante algunas fases de la segunda mitad. El colofón fue la expulsión de Eric García en el minuto 84, revisada por el VAR después de que Martínez Munuera hubiese mostrado solo la amarilla. La frustración culé terminó por embarrar un partido con diez minutos de descuento, algo que no convenía a los de Flick, que regresan a Barcelona con una tarea homérica: remontar cuatro goles. Allí no jugará el césped del Metropolitano.

 Diario de Mallorca – Deportes

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