Nunca la dejaba sola. Alberto S. M., conocido como El Coleta, no salía de la casa de huerta en la pedanía murciana de San José de la Vega en la que tuvo retenida a quien fue su pareja durante 22 meses. Ni siquiera pisaba la calle para hacer la compra y, cuando se iba a dormir, normalmente después de golpearla o de violarla, la dejaba maniatada y encerrada en el baño. Este es el durísimo testimonio que Salma, de 38 años y origen marroquí, se disponía a relatar este viernes en el juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Murcia. Alberto S. M. ha ingresado en prisión provisional por su implicación en estos hechos, según fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Murcia.
EL PAÍS reconstruye, con testigos y personas conocedoras de la investigación, los 22 meses de secuestro de la mujer, desde que fue retenida por Alberto S. M. hasta que logró escapar
Nunca la dejaba sola. Alberto S. M., conocido como El Coleta, no salía de la casa de huerta en la pedanía murciana de San José de la Vega en la que tuvo retenida a quien fue su pareja durante 22 meses. Ni siquiera pisaba la calle para hacer la compra y, cuando se iba a dormir, normalmente después de golpearla o de violarla, la dejaba maniatada y encerrada en el baño. Este es el durísimo testimonio que Salma, de 38 años y origen marroquí, se disponía a relatar este viernes en el juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Murcia. Alberto S. M. ha ingresado en prisión provisional por su implicación en estos hechos, según fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Murcia.
Magullada y todavía en estado de shock por el calvario que ha vivido, Salma tiene claro que continuará adelante con su denuncia contra quien fue su pareja. Dos personas que han escuchado el relato de Salma, y cuya identidad no se difunde por su protección, han relatado a EL PAÍS el infierno que sufrió la mujer. Sus testimonios coinciden con los aportados por fuentes conocedoras de la investigación aportados a este periódico. Con todos ellos, se ha reconstruido el testimonio que recoge este artículo.
La pesadilla de Salma comenzó de forma casi inmediata, desde el momento en el que decidió trasladarse de Barcelona, donde vivía con su hermano, a la huerta de Murcia. Comenzaba abril de 2024 y pensaba que Alberto S. M, el hombre del que estaba enamorada, era “buena persona y buen padre”. Las palizas, a veces con los puños, a veces con palos o barras metálicas, comenzaron casi desde el primer día.

Alberto, conocido popularmente en la pedanía como El Indio y El Coleta, le quitó el teléfono móvil nada más llegar a la vivienda. Al no poder contactar con ella, su familia denunció su desaparición e incluso pensaron que se había marchado por voluntad propia con el que era su pareja. Ella sentía que no podía hacer nada para denunciar esos malos tratos. Las palizas que le propinaba eran tan brutales que le dejaban exhausto, ha relatado la mujer. Ese cansancio fue el que permitió que el pasado martes, 10 de febrero, bajara la guardia. Tras agredirla y golpearla, se fue a dormir sin llegar a atarla. La dejó en el baño, como hacía siempre que no estaba vigilándola, pero en esa ocasión no cerró la puerta.
Trapicheos con droga
El celo del agresor era extremo hasta el punto de que él mismo no abandonaba el domicilio. Tenía una especie de “chico de los recados” que iba a hacer la compra y se la llevaba a la casa. También se encargaba de distribuir la droga que vendía El Coleta, un negocio ilícito conocido en el pueblo. En la calle y en los bares de San José de la Vega todos hablaban este viernes de la historia de Salma.
Media docena de residentes en la zona coinciden en que el trasiego de personas y vehículos en la casa de los horrores era continuo, y también la presencia de policías, alertados por los vecinos, que denunciaban constantemente la situación. Una de esas vecinas, que prefiere no dar su nombre, explica que desde hace unos meses el trasiego de vehículos se había reducido y era el “recadero” del detenido quien iba y venía por la vereda de huerta donde se ubica el domicilio.
“En los 10 o 12 años que lleva viviendo aquí, me he cruzado con él cuatro veces”, señala esta mujer. En el bar del centro social de mayores del pueblo, de unos 5.000 habitantes, aseguran que la última vez que lo vieron por allí tomando algo fue hace al menos un año.
Pero en la casa en la que vivía encerrada Salma sí entraba gente. La mujer asegura que su captor recibía habitualmente la visita de su hermana y de su hija. Cuando veían las marcas de golpes y moratones de la víctima “apartaban la mirada”. Salma nunca se atrevió a pedirles ayuda ni a ellas, ni al hombre que hacía de correo para su captor. “Estaba muerta de miedo. ¿Cómo iba a decir nada a personas de la confianza de quien la estaba torturando? Él había llegado a dispararle con pistolas de fogueo y le había dicho incluso el lugar donde pensaba enterrarla cuando la matara”, apunta una de las testigos de su relato.
La hija y el hombre que le hacía los recados también fueron arrestados en el marco de esta investigación, aunque después quedaron en libertad. La jueza ha decretado para Alberto S. M. prisión provisional comunicada y sin fianza “por la gravedad de los hechos y tras apreciar riesgo de reiteración delictiva, fuga y destrucción de pruebas”, según han confirmado fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Murcia. También se le ha impuesto la prohibición de acercarse y comunicarse con la víctima. En cuanto a la mujer acusada de encubrimiento, ha quedado en libertad provisional y se le ha impuesto una orden de alejamiento de ella.
Una de las pocas ocasiones en las que Salma pudo salir de la casa fue después de una de las brutales palizas que le propinó su agresor y por la que perdió la visión en un ojo. Lo hizo acompañada por la mujer a la que se considera encubridora, y que la acompañó para que no pudiera denunciar a nadie la situación que estaba viviendo. En aquel momento no se abrió ninguna investigación.
La siguiente vez que pisó la calle fue el martes, cuando escapó usando una escalera. Recorrió varios kilómetros a pie hasta llegar a casa de un antiguo amigo, al que considera “su ángel”. Él fue quien la llevó al centro de salud, donde contó su historia a los sanitarios que, a su vez, alertaron a la Policía. Tras dos años de infierno, la vida de Salma comienza de nuevo.
El teléfono 016 atiende a las víctimas de violencia machista, a sus familias y a su entorno las 24 horas del día, todos los días del año, en 53 idiomas diferentes. El número no queda registrado en la factura telefónica, pero hay que borrar la llamada del dispositivo. También se puede contactar a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.esy por WhatsApp en el número 600 000 016. Los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. Si es una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). Y en caso de no poder llamar, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.
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